Política

Duro diagnóstico para ese enfermo llamado Argentina

Duro diagnóstico para ese enfermo llamado Argentina

Un economista sugiere más coordinación entre el Banco Central y el Ministerio de Economía.

20 Sep 2019 Por Álvaro José Aurane

Si las crisis por endeudamiento externo son una dolencia argentina, puede decirse que el gobernador Juan Manzur asistió durante la mañana de ayer a una consulta con un especialista, durante la primera actividad que llevó adelante la misión oficial del Zicosur en Nueva York.

Martín Guzmán, economista argentino oriundo de La Plata, investigador de la Universidad de Columbia y colaborador del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, exhibió una radiografía de situación del país (al cual el llamó “nuestro país” en varios tramos de su ponencia). Y lo que señaló, siguiendo la metáfora médica, es que hay que dejar de implorar milagros para la Argentina. El “paciente” se encuentra inmovilizado y no estará corriendo en cuestión de meses. Primero debe ponerse de pie, luego debe estar estabilizado y, después de esos primeros pasos, podrá caminar de manera sustentable. Todo lo cual demandará, probablemente, todo el próximo período presidencial.

El problema

Guzmán comienza por identificar un problema estructural: “la producción de lo que Argentina le vende al mundo está estancada desde 2011. Y eso limita cualquier proceso de desarrollo. Cuando un país crece, crece también la demanda de lo que producen ese país y el mundo. Si no crece la cantidad de lo que exportamos, queda limitado el crecimiento de la demanda”. El especialista advierte que, en los últimos ocho años, eso se ha venido disimulando de distintas maneras. Hasta 2015, usando las reservas del Banco Central para lidiar con la restricción externa de dólares. Desde fines de 2015, con endeudamiento. “Pero ya está claro de que no hay posibilidad de seguir por ese camino”, ratifica. “Este es el punto central de todo el esquema macroeconómico: entender cuál es la limitación en materia de generación de dólares, para tratar de vencerla. En 2020, esa limitación seguirá existiendo. Y a la hora de trazar políticas macroeconómicas, no sería sensato pensar en llevar adelante políticas ‘como si’ el país fuese a generar un montón de dólares”, puntualiza.

Los agravantes

El cuadro de la Argentina, en la mirada de Guzmán, se completa con otros tres agravantes. En primer término, el endeudamiento externo creciente. “Como se estancó la generación de dólares, el resultado es que la torta para distribuir no crece, lo que se lleva el resto del mundo va en aumento, y lo que queda para nosotros es cada vez menos. La economía se contrae más y más. Y el problema es que los dólares también se necesitan para producir, porque buena parte de la producción interna necesita de insumos importados”, ejemplifica.

En segundo lugar, el esquema es fiscal. “Cuando uno tiene deuda en moneda extranjera, el problema fiscal también es un problema externo, porque es el sector público el que necesita obtener los dólares para pagar la deuda”, resignifica.

En tercera instancia, la inflación.

“Cuando se pone todo esto en el mapa de la macroeconomía, comienza a ver a qué velocidad pueden ir resolviéndose todos estos desequilibrios. Y no se pueden resolver de la noche a la mañana”, alertó Guzmán.

“Me pareció bien que Alberto Fernández declarase que iba a estar satisfecho si al final de su primer mandato la inflación está en un dígito. Esto es sensato porque cuando se quiere resolver un solo problema de golpe, entonces se agravan los otros problemas”, asvera. “Cuando uno mira al pasado reciente para aprender, advierte que si se quiere bajar la inflación de golpe cuando aún se tiene déficit fiscal, de lo que se emite para financiar esa diferencia, una parte va a ir a la compra de divisa extranjera, lo que genera inflación”, rememora. Por lo mismo, sostiene que no se puede pasar del déficit primario a un superávit primario de un día para otro. “¿Dónde se va a hacer ese ajuste? Dicho de otro modo, si se pudiera hacer, sería autodestructivo”, avisa.

Las consecuencias

Guzmán traslada todo este diagnóstico a la estructura productiva de la Argentina y advierte que el país, actualmente, carece de una infraestructura para la producción capaz de satisfacer lo que él define como un conjunto de condiciones “necesarias” para el desarrollo.

· No satisface la condición de generar trabajo en todos los sectores de la estructura demográfica-educativa. Es decir, la infraestructura productiva no es inclusiva y mucha gente se queda fuera del mercado formal.

· No genera dinamismo. La producción no crece y eso provoca la brecha de dólares.

· No está asociada con la estabilidad. El país recae en crisis recurrentes.

· La Argentina, además, ha sacrificado parte de su soberanía y no puede definir su política económica de manera totalmente libre.

· No hay una estrategia federal. Esto no sólo refiere a cómo se usan los instrumentos del fisco, sino que también se refiere a la carencia de un federalismo monetario.

El remedio

Según Guzmán, son tres las medidas por tomar. Propone elaborar un programa macroeconómico sustentable; definir qué se hará con la deuda, es decir, su reperfilamiento; y pautar qué tipo de renegociación de programa se planteará al FMI. Todas esas cuestiones, hace hincapié Guzmán, deben tener en cuenta algunas prioridades. “La Argentina tiene que recuperar la capacidad de tener superávit fiscales, tiene que estabilizar esos superávits y tiene que saber que sin superávits no podrá solucionar sus problemas económicos. Hacer esto no demandará de dos años ni tres, sino de más tiempo”, apunta.

“Hace falta una mayor vinculación y coordinación entre el Banco Central y el Ministerio de Economía. Es importante pensar en un programa macroeconómico en el que no estén separados”, prescribe. “Posiblemente, el acuerdo con los bonistas sea condición necesaria para que se resuelva el problema con el FMI”, pronostica.

El tratamiento

Guzmán pide desestimar las viejas recetas. “Cuando se miran los procesos que vienen funcionando bien el mundo, se advierten que son distintos a cómo eran en los 50”, aclara. “Ya no se piensa en elaborar productos finales para sustituir importación. Hoy se tiene un mapa de la producción del país y del mundo. Luego, se advierte que cada producto final necesita insumos, que son los que les interesan a los sectores privados les importa esto. Los Estados a los cuales les está yendo bien, por su parte, están interviniendo en los insumos que a su vez se necesitan para los insumos que producen los privados: los bienes intermedios. En eso consisten los derrames productivos, que bajan los costos de las otras producciones. Eso hacen Alemania, Corea del Sur y China”, postula. Para atender e ste nuevo orden se requiere generar capacidades en el Estado para ayudar al sector privado. “Esto hace un Estado inteligente, un Estado que conoce. Hay que tener la matriz propia y la de la región. Para esto, el Estado tiene que tener capacidad de financiar, pero también para dar estabilidad al financiamiento”, remarca.

La sustancia

“Hay que revisar las premisas”, concluye Guzmán. Y reclama abandonar las extravagancias. “Hay cuestiones que ya están entendidas y estudiadas. La inflación es un tema puramente monetario, ni tampoco se puede creer que emitir no va a generar inflación”, precisa. “Tampoco es el caso de que la demanda no importa y el mercado debe resolverlo todo por sí mismo; ni que la demanda todo lo puede y por el ende el Estado debe gastar cada vez más porque así empuja la demanda y hay más producción”, identifica. “Hay que recuperar sensatez en las premisas -recomienda-. Y ser realistas respecto de los partidos difíciles que hay que jugar”.

Comercio exterior

“La Argentina no es tan rica”, dice el experto

“Es imposible plantear una estrategia de desarrollo basándonos sólo en los recursos naturales y sólo en los productos derivados de los recursos naturales. No alcanza. La Argentina no es tan rica”, desmitifica el economista argentino Martín Guzmán. “En un buen año, la Argentina exporta U$S 1.300 por habitante; y en un mal año, U$S 900. 

Australia, en un buen año exporta U$S 9.000 por habitante; y en uno malo, U$S 6.000. Incluso Chile está mucho más arriba que nosotros en recursos naturales: exporta U$S 4.000 por habitante en un buen año, y U$S 3.000 en uno malo”, contrasta. “No hay manera de replicar esto. No se pueden multiplicar la cantidad de hectáreas sembradas en la pampa húmeda por cuatro, ni se pueden multiplicar las toneladas de soja exportada por cinco. No habrá ninguna posibilidad de que la Argentina se desarrolle con una estrategia así”, machaca.

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Juan Manzur
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