El impacto del cambio climático en Tucumán

08 Sep 2019

Desde hace tiempo, más allá de promesas y expresiones de buena voluntad, las noticias sobre el cambio climático no han sido demasiado alentadoras. La Organización de las Naciones Unidas ha informado recientemente que los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y las temperaturas invernales del Ártico han aumentado 3 °C desde 1990. El organismo mundial señaló que los niveles del mar están subiendo, los arrecifes de coral se mueren y se observa ya impacto de este fenómeno en la salud a través de la contaminación del aire, las olas de calor y los riesgos en la seguridad alimentaria. Sin embargo, advierte que si se actúa ya, las emisiones de carbono podrían reducirse de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 °C, o incluso a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Para el próximo 23 del corriente en Nueva York, está prevista la Cumbre sobre la Acción Climática, donde se considerarán estos y otros asuntos.

Y aunque esta problemática planetaria pareciera estar muy lejos de Tucumán, no es así. Los impactos se sienten en todas partes y están teniendo consecuencias muy reales en la vida de las personas. Las economías nacionales han comenzado a recibir los coletazos.

El responsable de la fundación ProYungas sostiene que las lluvias le provocarán más golpes a la infraestructura tucumana. En su opinión, la torrencialidad de los ríos ha aumentado porque llueve más; los períodos secos se han vuelto más largos y las olas de calor se han hecho más frecuentes; estos son tres efectos directos del calentamiento global en la provincia. “Y todo ello se agravará. Afortunadamente, la tradición agroindustrial de esta provincia ha favorecido, hasta ahora, la preservación de las cuencas. Pero se debe incluir los terrenos bajos en ese manejo de cuencas. En el piedemonte, por ejemplo, la matriz productiva no ha preservado los bosques de ribera. Hoy, los cultivos llegan hasta los bordes de los ríos. Eso constituye una amenaza”, manifestó.

El especialista en biodiversidad y desarrollo sustentable señaló que se debe trabajar en un ordenamiento territorial, planificar el desarrollo de la infraestructura (barrios, caminos y puentes) y ocuparse del funcionamiento de la dinámica hídrica. Respecto de Yerba Buena, donde él vive, dijo que las pautas de manejo hídrico son casi inexistentes. “Cada vecino resuelve, a su buen saber y entender, cómo sacarse el agua de lluvia y pasársela al que sigue. Hoy, el piedemonte se encuentra liberado a las decisiones individuales. Se requiere, en cambio, una mirada conjunta del Estado”, aseveró.

En 2016, los ambientalistas indicaban con preocupación que las urbanizaciones que venían efectuándose en Yerba Buena habían comprometido seriamente el piedemonte; la ciudad cuenta con un código de planeamiento urbano, que a veces es ignorado.

Hay otros factores que desde hace años viene produciendo daños ambientales como la contaminación de la cuenca del Salí-Dulce, la quema de cañaverales, la extracción descontrolada de áridos, el desmonte en el cerro y la escasa reforestación, que son causantes de inundaciones en el sur tucumano. Estas son realidades que no pueden pasar inadvertidas en una provincia que, por ejemplo, cuenta con la ley N° 8.304 que establece las normas de ordenamiento territorial de los bosques nativos, cuya actualización se halla vencida.

La planificación y la visión de futuro suelen asignaturas pendientes en los gobiernos locales. Tal vez sea necesaria la elaboración de una política de Estado en materia ambiental que sea capaz de prevenir posibles desastres que traerán perjuicios a los comprovincianos si no se actúa con eficacia y a tiempo.

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