La quinoa tucumana viaja a Canadá para germinar en condiciones extremas

La Universidad de York colabora con la Fundación Miguel Lillo para investigar si la quinoa puede alimentar a los astronautas.

27 Ago 2019 Por Hernán Miranda

El director de Ecología de la Fundación Miguel Lillo, Juan Antonio González, anunció que la canadiense Universidad de York ya colabora con su equipo para estudiar la germinación de la semilla de quinoa en condiciones extremas. La investigadora tucumana Pamela Such, que trabaja en un proyecto de la Universidad de York y la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, facilitó el convenio. “Such nos propuso utilizar los equipos de la Universidad de York que permiten simular las condiciones de Marte y los asteroides para ver cómo reacciona una especie que a nosotros nos interesa, la quinoa”, precisó González.

Dentro de las estaciones y naves espaciales, se acumula anhídrido carbónico a causa de la respiración de los astronautas. Cuando hay demasiado anhídrido carbónico en el aire, el cuerpo reemplaza el oxígeno de los glóbulos rojos con él. Basta una concentración de entre el 1 y 2 % de anhídrido carbónico en el aire para provocar la muerte si la exposición se prolonga durante varias horas, aun cuando no haya déficit de oxígeno. Por esta razón, para hacer vuelos espaciales se necesitan plantas que absorban el anhídrido carbónico y descontaminen el aire de la nave.

“Las plantas sirven como alimento y por eso son más útiles que algunos químicos capaces de absorber el anhídrido carbónico y transformarlo en sal. Desde hace muchos años, la NASA explora cuáles especies entre las que hoy existen en la Tierra podrían acompañar a los astronautas en las futuras estaciones espaciales o en vuelos muy largos. Por ejemplo, en un eventual viaje a Marte”, contó González.

JUAN GONZÁLEZ. El biólogo tucumano en una visita oficial a la FAO.

La Fundación Miguel Lillo investiga las propiedades de la quinoa desde 1990. Es un vegetal muy resistente, que crece tanto en la alta montaña, a más de 4.000 metros de altura, como en el nivel del mar, y soporta condiciones de sequía y radiaciones ultravioleta y visible. Además, tiene una alta tasa de asimilación de anhídrido de carbono y un gran rendimiento fotosintético. “Lo que nosotros acabamos de hacer -explicó González- es enviar algunas semillas a Canadá, donde las sometieron a condiciones similares a las del espacio: 200 grados bajo cero y un vacío muy poderoso, sin atmósfera. Vimos que las semillas germinan en esas condiciones y ahora estamos analizando otros datos más: cómo se movilizan los nutrientes dentro de las semillas, y qué tiempo de duración tiene la germinación. Queremos encontrar cuál variedad de quinoa puede ser candidata a ser cultivada en el espacio”.

Such visitó Tucumán el último fin de semana y ofreció una conferencia sobre la composición de los asteroides. También aprovechó para contarles qué posibilidades académicas y laborales puede ofrecerles la Universidad de York a los alumnos y científicos de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán.

Comentarios