La vida de Pelli: su llegada a Estados Unidos

Se acabó la plata de la beca y sólo le quedó pan en la heladera.

21 Jul 2019 Por Daniel Dessein
1

FRENTE AL OCÉANO. La Residences By Armani/Casa, en Florida. La arquitectura es de Pelli; el diseño interior, de Armani.

De las aulas pasó rápidamente a la práctica. Al poco tiempo de tener su título bajo el brazo, dirigía el departamento de diseño del OFEMPE (Organismo Financiero de Empresas Mixtas Privado Estatal), institución provincial que construía viviendas sociales. No queda en pie ninguna de las que diseñó Pelli ni rastros visibles de las pocas casas que construyó para amigos. “También hice una casa para mis entonces futuros suegros en Campo Quijano, al norte de Salta. En el terreno había unos cimientos de una vieja escuela y la levanté sobre ellos. Esa casa existe pero tuvo muchos agregados que hacen que la versión original sea irreconocible”, contaba.

Sus futuros suegros eran los padres de Diana Balmori, arquitecta egresada de la UNT y luego reconocida paisajista en los Estados Unidos. Se casaron en Tucumán a principios de los 50 y tuvieron dos hijos: Denis, quien se convertiría en neurobiólogo y profesor de la Universidad de Nueva York, y Rafael, arquitecto y socio de su padre.

Las vidas de los jóvenes recién casados cambiarían radicalmente en 1952. Ese año César ganó una beca a la que había aplicado. La beca implicaba 95 dólares mensuales y tres trimestres de formación en la Universidad de Illinois, institución relativamente modesta para los rankings norteamericanos pero que ya tenía dos premios Nobel entre sus egresados y siete estudiantes que lo ganarían en las décadas siguientes. El departamento de Arquitectura era el segundo más antiguo del mundo académico estadounidense y estaba dirigido por Turpin Bannister, Ph.D. de Harvard, primer presidente de la Sociedad americana de historiadores de la arquitectura y especialista en el uso del cemento y del acero.

Los Pelli se establecieron en Urbana-Champagne, zona en la que estaba instalada la universidad y que en ese entonces tenía unos 50.000 habitantes. Las dimensiones, la seguridad y la tranquilidad del lugar favorecieron la adaptación inicial al nuevo hábitat. Pero su estada pronto se complicaría.

En la facultad norteamericana, el arquitecto más influyente era Mies van der Rohe, un gran diseñador de torres. El primer diseño de Pelli en Illinois fue una fábrica expandible.

“El momento de mayor incertidumbre de mi vida se produjo cuando se acabó el estipendio que recibía de mi beca. Teníamos deudas con el almacenero y con el carnicero; no teníamos un dólar, no tenía trabajo y no sabíamos qué hacer. No teníamos más que pan en la heladera. Pero de alguna manera sobrevivimos”, contaba Pelli ante una pregunta de un oyente de su conferencia en Tucumán. En efecto, el entonces estudiante salió adelante, trabajó en la biblioteca de la universidad, obtuvo una maestría y comenzó a dictar clases.

En 1954 se produce otro gran salto en su vida. Ambrose Richardson, su profesor de Diseño, lo ayudó a ingresar al estudio de Eero Saarinen, el gran arquitecto finlandés que vivía en Estados Unidos y que, en ese entonces, ya deslumbraba a muchos colegas norteamericanos.

Comentarios