Sociedad

La muerte de César Pelli: el tucumano que diseñó la Torre de Babel

La muerte de César Pelli: el tucumano que diseñó la Torre de Babel

César Pelli no creía en el estilo individual en la arquitectura: el deber del arquitecto, según él, consiste en adaptarse a la ciudad que lo recibe.

20 Jul 2019 Por Hernán Miranda

Quizá no por casualidad César Pelli creció en una clásica casa chorizo, donde andaba a gatas sobre el suelo. El hogar estaba en la calle Ayacucho, cerca de la plaza San Martín. Vivió allí, bien cerca de la tierra, entre los dos y los siete años; mucho después, tal vez a causa de algún impulso freudiano, se convirtió en uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo por intentar alcanzar el cielo. Adonde llegó ayer a los 92 años.

Pelli murió en Estados Unidos, el país que lo había acogido en 1951. Hijo de un empleado municipal y de una docente, se había criado en la Escuela Obispo Molina y formado en el Colegio Nacional. En el ‘44 ingresó a la carrera de arquitectura en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), que por aquella época era, como la definió alguna vez, “con Harvard la mejor escuela de arquitectura del mundo”. En la UNT Pelli recibió, sobre todo, la influencia de dos grandes profesores: Jorge Vivanco, que le dio vuelo intelectual, y Eduardo Sacriste, que le transmitió su amor por la arquitectura. Se graduó en el ‘50 y al año siguiente ganó una beca para perfeccionarse durante nueve meses en la Universidad de Illinois. Partió junto a su esposa, la arquitecta paisajista Diana Balmori. Llevaban, sin saberlo, un niño que echaría raíces allá.

De Illinois a Yale

La primera mención de Pelli en un medio argentino apareció en el diario La Opinión el 31 de marzo de 1977. Aunque aún no sabía cómo diseñaría la ampliación del Museo de Arte de Nueva York, que acababan de encargarle, en el circuito cultural neoyorquino ya se hablaba de él con familiaridad. Sucedía que la Universidad de Yale, una de las más prestigiosas de Estados Unidos, poco antes lo había puesto al frente de su Escuela de Arquitectura.

Sin embargo, muchas cosas habían pasado desde el día del ‘51 en que él y Diana abandonaron Tucumán hasta el salto a la fama del ‘77. Nueve meses después de arribar a Norteamérica, Pelli y su esposa ya eran tres. Entonces unió el gusto y la necesidad y obtuvo una cátedra en Illinois, donde dio clases durante un año.

“En la escuela de Arquitectura -explicó en su última visita a Tucumán, en 2012- uno aprende a pensar como arquitecto, pero no se comprende realmente la arquitectura hasta que uno la hace con alguien que sabe más que uno. Y Eero Saarinen fue mi maestro en ese sentido”. En el estudio del prestigioso finlandés Saarinen, Pelli proyectó, entre otros edificios, la terminal de la compañía Trans World Airlines y los colegios Stiles y Morse de Yale. Saarinen murió en el ‘61.

Un año antes, Pelli y Diana habían regresado a la Argentina. “Frondizi era el presidente y parecía que la Argentina iba a entrar de nuevo en la democracia -contó en el ‘99 durante una entrevista con la revista Nueva-. Parecía. (...) Probamos un par de cosas, no salieron. Nos volvimos. Después vino Onganía y todo lo demás. Me alegro mucho de haber estado lejos de esa Argentina tan fea, tan fea”.

De vuelta en Estados Unidos, se mudaron a Los Ángeles, donde trabajó en otros dos estudios, diseñó grandes edificios y cosechó varios premios. Por fin, en 1977, la Universidad de Yale lo nombró decano de su Escuela de Arquitectura. Entonces se instalaron en New Haven, donde fundó, junto a Fred Clark, el estudio César Pelli & Associates, con el que alcanzaría fama internacional.

De Malasia a Tucumán

Aunque hay grandes -y altas- obras suyas en muchas ciudades, la creación más conocida de Pelli son las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, la capital de Malasia. “Ese proyecto a mí me requirió meterme dentro de la cultura malasia y la religión musulmana para poder crear un par de torres que fueran malasias, que los malasios pudieran sentir como suyas”, manifestó en el teatro San Martín, en el Ciclo de Conferencias de LA GACETA, hace siete años.

Por esa razón, las Petronas representan muy bien el estilo de Pelli, que consistía en no tener un estilo. “Creo que la idea de estilo es equivocada en arquitectura -transmitió, en la revista Noticias, en diciembre del ‘98-. De aquí a 200 años, cuando hablen del estilo de la arquitectura de fines del siglo XX, mis edificios pertenecerán a esa época. Pero el estilo individual no cuadra para nuestro caso porque los edificios no le pertenecen al arquitecto como los cuadros le pertenecen al pintor. (...) Los edificios le pertenecen a una enorme cantidad de gente que va a vivir para siempre allí”.

Aunque afirmaba ser “muy, muy tucumano”, al día de su muerte ninguno de sus edificios les pertenece a sus comprovincianos. El proyecto del Centro Cívico, que Pelli conversó con las sucesivas autoridades provinciales durante décadas, todavía aguarda en los planos, ya firmados, del gran maestro.