Son ciegos, pero toman fotos con los ojos del alma

Dos mexicanos, coaches y fotógrafos, viajan por el mundo con un mensaje de superación.

12 Jun 2019 Por Magena Valentié
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EN ACCIÓN. Verenice Hernández y Gerardo “Gerry” Ramírez toman fotografías desde el balcón de LA GACETA, en su visita a Tucumán. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA.-

Él arquitecto, ella contadora. Se conocieron en el trabajo. Se hicieron amigos. Ambos se estaban quedando ciegos. Hasta que descubrieron el coaching y empezaron a ver todo lo que podían hacer aún en su situación. Comenzaron proyectos juntos y uno de ellos fue la fotografía. Sí, justo eso. Una actividad que no les llamaba la atención cuando eran videntes, pero que ahora sí. El resultado es que este par de mexicanos, Verenice Hernández y Gerardo Ramírez, ya no necesitan los ojos porque aprendieron a mirar con el alma. Y se lanzaron al mundo a enseñar cómo lo hicieron.

Vere es pequeña de estatura y suave, pero muy plantada en sus derechos y audaz. Gerry es robusto por fuera pero con una sensibilidad infinita. Ambos se complementan muy bien y por eso idearon el proyecto que se llama “Vere y Gerry. De lo imposible a lo posible”, con el que vinieron desde la Ciudad de México a la Argentina. En Tucumán dictaron un taller gracias a una alianza entre la Escuela de Coaching para la Conciencia, que dirige Ana Terán, y la consultora chilena Destapando Talentos, de Claudia Ceballos.

En el taller, Vere y Gerry explicaron los secretos sobre fotografía sensorial, aquella que se vale de los demás sentidos, como el tacto, el oído y la dirección de la luz (Gerry todavía puede ver luces y bultos de uno de sus ojos). “Todos tenemos puntos ciegos. Pero al mismo tiempo, muchos de los que dicen ver, en realidad no ven”. Por eso ellos vinieron a mostrar esas posibilidades invisibilizadas de muchas personas.

Vere y Gerry vinieron a mostrar que se puede, a pesar de todo. “Si uno quiere algo, lo declara y camina hacia esa meta, todo es posible”, dicen desde la óptica del coaching. Ellos derribaron las creencias del “no puedo” y se descubrieron a sí mismos haciendo lo que nunca hubieran imaginado, como es la fotografía. “Cuando yo comencé a perder la vista a causa de una retinopatía pigmentaria, mi madre me dijo que mientras ella estuviera a mí no me iba a faltar nada. Pero es muy deprimente saber que te vas a quedar en casa con una enfermedad que avanza a cuentagotas”, confiesa.

IMAGEN DE SAN JAVIER. Así vio la lente de la cámara Gerry Ramírez.

“Cuando murió mi mamá yo caí en una profunda depresión. Lo primero que hice es terapia, me enfrenté a la pérdida visual, y a tratar sacar afuera todos los demonios que habitaban en mí, entre la tristeza y el enojo. Fue así que pude entender que Vere no era la vista sino mucho más que eso. La pérdida visual unida a la de mi mamá me dieron la posibilidad de pensar en aprovechar mi vida de otra manera. Así surgió este proyecto. Tomé el bastón con el que la gente identifica a las personas ciegas y empecé a caminar con más fuerzas hacia mi meta. El mundo del coaching me abrió muchas posibilidades para ayudar a otros a que vean lo que tienen y no lo que les falta”, dice Vere.

Gerry asiente con la cabeza cuando escucha la historia de Vere. Él perdió un ojo y del otro sólo ve sombras. “Yo soy arquitecto. Esta no era la vida que yo había pensado mí”, cuenta. Explica: “fue muy doloroso no saber qué me esperaba en el futuro. En México, al menos, los ciegos venden en el metro o piden limosna. Me encontraba frente a un panorama desolador. Pero con ayuda de Vere descubrí todo lo que puedo dar. Por eso juntos viajamos por el mundo para demostrar que sí se puede, aunque parezca imposible”.

> Cómo ver que “es posible”
Se unen una escuela de coaching de Tucumán y “Despertando Talentos” de México
Un encuentro sobre coaching fue el comienzo del proyecto taller “De lo imposible a lo posible”. Allí se juntaron Ana Terán (de Escuela de Coaching para la Conciencia, de Tucumán) con Claudia Ceballos (“Despertando Talentos”, de Ciudad de México). “Me dedico a impulsar talentos, a tocar puertas para que otros puedan brillar”, explica Claudia. Ambas trabajan con el coaching y se potencian. La Escuela de Coaching para la Conciencia funciona en Yerba Buena (Ituzaingó 320) y en Catamarca 211, de la capital. Hay otras sedes en Tafí Viejo y en Concepción.

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