Billetera mata educación

06 Mar 2019 Por Magena Valentié
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Según el Calendario Escolar 2019 las clases debían comenzar hoy en Tucumán. Pero no empezaron. Se prorrogaron para el lunes 11. ¿La razón? La misma que todos los años. Las paritarias docentes tienen la costumbre de soplarle la nuca a los ministros de Educación, de suerte que las clases nunca empiezan el mismo día en todo el país. El año pasado pasó algo singular. El ministro salió tan contento de la reunión con los gremios que cuando los periodistas le pusieron el micrófono él anunció: “mañana (1 de marzo) comienzan las clases en Tucumán”. ¡Pero el calendario lo marcaba el 5 de marzo! Este año pasó al revés. Frente a un panorama nacional de recortes presupuestarios, Juan Pablo Lichtmajer prefirió retrasar una semana las clases, haciéndoles un guiño a los gremios docentes que aunque habían llegado a un acuerdo decidieron plegarse al paro de Ctera. Era obvio que no estaba interesado en tener que descontar días de paro a nadie, y menos en este contexto. El ministro lo dejó bien claro en su muro de Facebook: “La incertidumbre y la falta de previsibilidad que genera el Gobierno Nacional con el ajuste en la educación nos hace víctimas a todos los tucumanos”.

¿Hasta qué punto defiende su gestión y hasta dónde se posiciona políticamente frente a una posible candidatura a legislador? No lo podemos saber, pueden ser las dos cosas. Lo cierto es que la tijera federal viene recortando desde el puerto y lo que ataca primero es el tejido blando del cuerpo social. Escuelas, ayudas sociales para discapacidad. El informe del mes pasado del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) consigna que en los tres años de gestión presidencial de Cambiemos, la inversión dedicada a educación se redujo un 9 % entre 2016 y 2018. Advierte que si se cumple el presupuesto de 2019, la reducción en el gasto educativo nacional llegaría a un 19% (una caída de $34.700 millones, sin contar la inflación).

Un baldazo de agua fría para los que piensan que la Educación de los pueblos es la puerta al progreso. El informe recuerda que la Ley de Educación Nacional, que ahora parece tan lejana, es de 2006, estipula que la inversión en Educación debe alcanzar el 6% del PBI. Nunca se logró, con excepción de 2015. En 2016, arañó el 5,80% y en 2017, el 5,65% del PBI. Pero además ese financiamiento parece no llegar de igual forma a todas las provincias. El Cippec demuestra que para el Estado, un alumno estatal vale más o menos según la provincia donde viva. Así también varían los servicios que recibe y el rendimiento escolar, que devuelve.

La desigualdad alcanza todo el mapa. Incluso con esfuerzos similares, las inversiones son distintas. Por ejemplo, están las provincias que destinan cerca del 30 o 31% de sus presupuestos provinciales a Educación, pero alcanzan distintos niveles de inversión por alumno estatal: Buenos Aires ($57.959), Chaco ($60.034), Corrientes ($49.664) y Río Negro ($81.655). Esto como punto medio. Ciudad de Buenos Aires, con un 18% de esfuerzo presupuestario destina $99.614 por alumno y Chubut gasta algo parecido, $95.797, pero destina el 30% del presupuesto. Tucumán, según este informe, invierte casi 24% y destina casi $50.000 por estudiante estatal. Esto constituye otra cara de la desigualdad.

Cuando aumenta el financiamiento educativo el dinero no llega a todas las provincias por igual, hay brechas que no se pueden eliminar por la disparidad que existe en la recaudación fiscal de cada jurisdicción, y esa situación es lo que termina repercutiendo en el esquema de coparticipación federal de impuestos y de transferencias presupuestarias.

Entonces, por más esfuerzo que se ponga en la gestión, las desigualdades y mezquindades presupuestarias terminan reflejándose en la calidad educativa, con alguna que otra excepción. El Observatorio Argentinos por la Educación en su último informe -elaborado por Melina Furman, de la Universidad de San Andrés- hace foco en las pruebas Aprender 2017. Dice que uno de cada tres estudiantes no alcanzó buenos resultados en las pruebas de Ciencias Naturales que se tomaron a alumnos de 6° grado. Pero lo que más sorprende es la desigualdad en términos de rendimiento escolar que existe entre chicos de estratos socioeconómicos altos y bajos, entre provincias y entre colegios privados y estatales. En todos los casos parece aplicarse la fórmula “billetera mata educación”.

Por ejemplo: 8 de cada 10 estudiantes obtienen los mejores niveles de desempeño en el sector privado, pero en el estatal, baja a 6 de cada 10. Por provincia: Ciudad de Buenos Aires, La Pampa y Córdoba tienen el mayor porcentaje de estudiantes con mejor nivel de desempeño (79,3%, 76,9% y 75,7%, respectivamente). Pero Chaco, Santiago del Estero y Catamarca tienen el más bajo (55,5%, 56,0%, y 57,7%, respectivamente).

Tucumán, en quinto lugar desde abajo, cuenta con 61,8% (la media es 67,5) de chicos con desempeño satisfactorio o avanzado. En todas las provincias, los resultados mejoran o empeoran de acuerdo a la situación socioeconómica de las familias de los chicos. Lo que significa que la escuela argentina no está logrando sus objetivos de ser igualadora social ni de dar oportunidades a todos por igual. Por el contrario, repite las desigualdades de la sociedad. Con esa lógica, los recortes de la Nación en Educación sólo pueden servir para aumentar contrastes y abrir nuevas grietas sociales.

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