Historias de mujeres perseverantes

Historias de mujeres perseverantes

Dos organizaciones de mujeres - Mujeres en red y la Agencia I de Inclusión social - y la dirección de la Juventud de Yerba Buena invitaron a nueve emprendedoras a compartir sus experiencias. La estrella fue Rosario Quispe, dirigente social kolla que quiere empoderar a los habitantes de la puna.

ROSARIO QUISPE. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.- ROSARIO QUISPE. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-

Se sabe que es Rosario Quispe la que ha llegado porque su trenza negra, su sombrero de ala media y su rostro cetrino con huellas de edad mediana desentonan con el look de las otras emprendedoras que esa tarde del jueves han convertido a la casa de la Cultura de Yerba Buena en una “casa tomada por las mujeres”. Para esta mujer nacida en la puna jujeña, la reunión que han organizado “Mujeres en red” y “Agencia I” junto a la dirección de la Juventud de Yerba Buena es una oportunidad más para difundir un ideario que corre el riesgo de quedar en anécdotas folclóricas y coloridas, pero que es mucho más que eso: detrás de la figura de Rosario Quispe, cuyo liderazgo se ha hecho público en la última década, pero que viene de hace 20 años, está la realidad de la puna jujeña, con su clima árido y su paisaje imponente, sus llamas, sus cabras, sus reclamos por las escrituras de las tierras comunitarias que costaron muertes; sus altos niveles de mortalidad infantil y de mujeres adultas por cáncer de útero, y de una población de origen mayoritariamente colla que es expulsada por falta de trabajo, cuando el cierre de minas dejaba a los hombres sin empleo: y fue en el patio de la casa de Rosario cuando surgió el nombre de la asociación civil Warmi Sayajsunqo, que en kolla se traduce como “Mujeres perseverantes”. Y Rosario lo es.

Nacida en la localidad de Puesto del Marqués, esta mujer que fue niña pastora cuenta que llegó a 7°grado pero que tuvo una Universidad: “la Universidad de Yavi”, afirma Rosario, que ha recorrido el mundo compartiendo la experiencia comunitaria de la asociación Warmi Sayajsunqo. “Lo conozo al obispo Jesús Olmedo desde que tenía 14 años, y siempre nos acompañó. Ha sido mi guía. Yo siempre digo que he ido a la Universidad de Yavi (sede de la orden claretiana): de lunes a viernes íbamos a tomar cursos de derecho, de organización... siempre digo que esa fue la universidad de los kollas. Ahí se han formado como 1.500 líderes. Después, él me dio trabajo en el Oclade, la Obra claretiana para el desarrollo. Y de ahí me fui por toda la puna”, repasa Rosario en su charla con LA GACETA, en la previa de su presentación en la convocatoria de las “Decididas”.

- Ustedes han logrado articular con la Universidad Siglo XXI. Y me dice que este es hoy su proyecto más importante. ¿Por qué, si también han impulsado una iniciativa exitosa de microcréditos, entre otras iniciativas?

- En el año 2007 empezamos, con las 115 comunidades de la puna a estudiar cuáles eran nuestros derechos sobre la tierra. Fueron muchos años de luchas hasta que 10 años después le ganamos un juicio al Estado provincial. Y la verdad es que las warmis se han hecho más fuertes, y logramos que la tenencia de las tierras quedara firme, y que se entregaran las escrituras. Pero yo les dije a mis compañeros: si no tenemos abogados nuestros, contadores nuestros, no vamos a poder defender nuestros derechos en igualdad de condiciones. La Siglo XXI es una universidad privada que dirige el doctor Rabat. Y tenemos 55 becarios de Abogacía, contadores, técnicas agrarias... Nos gustaría sumar Diseño. Creo que a fin de año tendremos nuestros primeros tres abogados kollas de la universidad. Esto va a servir para que trabajen de otra manera, Si no, los otros van a caballo; y nosotros, siempre a pie. Si dejás profesionales de distintas carreras, la puna se va a ir transformando.

- ¿Cómo empezaron a otorgar microcréditos? ¿A cuánta gente alcanzaron hasta ahora?

- Comenzamos en 2005, cuando la fundación suiza Avina nos dio dinero. Y desde entonces es un proyecto del que se ha apropiado la comunidad. Son un lujo para la gente. Cuando algunas organizaciones del país y de Latinoamérica cobran el 40 %, la warmi cobra un 3%, que es un porcentaje para mantenimiento de la asociación. El acuerdo que hemos hecho con los líderes es que ellos vayan incrementando su fondo comunal. Se presta desde 500 pesos hasta 50.000. Y no hay morosos incobrables. No recuerdo cuántos créditos se han otorgado hasta ahora ( según fuentes de la asociación civil Warmis, en una década se otorgaron alrededor de 4.000 microcréditos, que han beneficiado a 80 fondos comunitarios en funncionamiento, que son previamente aceptados tras un análisis de sostenibillidad).

- ¿ Cómo se lleva con el gobernador Gerardo Morales?

- De hecho, trabajo con Gerardo en un proyecto que es importante para la salubridad ambiental de la gente de la puna. Estamos haciendo 2088 baños de primera. En el lugar que menos se imaginan en la puna, donde hay un rancho hay un baño de primera calidad. A esa idea la hemos comenzado cuando ha venido la vicepresidenta (Gabriela Michetti) a visitarnos. Esos baños van a cubrir las necesidades de casi toda la gente de la puna. Peroo, si no estuvieramos organizados, no podríamos haber encarado ese proyecto.

- Usted les mostró esta semana a las emprendedoras una prenda de lana de llama producida por la hilandería Warmi ¿En qué instancia está el proyecto de instalar parte de esa hilandería histórica de Jujuy en Abra Pampa ?

- La hilandería está instalada en Palpalá. Nos han dicho que en diciembre van a empezar a traer maquinaria a Abra Pampa. Estamos a la espera. Nosotros tenemos el 10 por ciento de las acciones. El aporte que hacemos, por ahora, es que nos envían el dinero para comprarles a los productores la fibra de llama y la lana de las ovejas, y se las enviamos, sin intermediación.

- En su charla en Tucumán usted insistió en la necesidad de saber articular proyectos.

- Se han armado pequeñas empresas. Tenemos varias en marcha: bloqueras, producción de sal y de lajas, cabañas para el turismo, y una casa para vender nuestro propio té de hierbas en saquitos. Ya está la máquina ensobradora, que es muy cara, y que nos la entregó hace como cinco años la nación, pero estamos esperando que gente de la Universidad de Jujuy la haga arrancar.

- Hace cuatro años usted decía que una de las cosas que la habían impulsado a organizar la warmi fue ver morir a las mujeres de la puna de cáncer de útero. ¿ Lograron cambiar esa situación?

- Un poco se ha avanzado. Pero todavía estamos en deuda, porque las mujeres myores todavía mueren de cáncer de útero. En salud, lo mejor que hemos podido hacer es capacitar, y que las mujeres tomen conciencia de que hay que prevenir. Han bajado de las comunidades al hospital, y siempre me encuentro con mujeres que me dicen: “me acuerdo de esa charla”.

- Entiendo que Facundo Arana fue un contacto importante para el desarrollo de la asociación...

- ( Se ríe) Una vez, yo estaba en Buenos Aires, Y me dicen que Facundo Arana me quería conocer. ‘Y quién es ese?, le pregunté. ¡Ay, mamá, tenés que ver más novelas¡, me respondió. Nos encontramos, y él me dijo: “quiero ir a la puna, a conocer su trabajo”. Llegó una vez en su moto supergrande: y una de mis compañeras salió gritando de la cocina: ¡doña Rosario, es Facudo Arana ¡ Quiero ayudarlas, nos dijo. Meses después, con Manuel Lozano, de la Fundación Si, y con la Sole Pastorutti, nos enviaron una ambulancia. Y ellos fueron los que impulsaron la filial en Abra Pampa de la Universidad Siglo XXI.

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