El dogma del “no al ajuste”

16 Sep 2018

> ENFOQUE

LUIS ALBERTO COMBA - Tributarista

La Argentina desde hace más de 70 años, salvo muy cortos períodos, vive por encima de sus recursos o posibilidades. Es decir, gasta más de lo que sus ingresos permitirían. Con el agravante de que sus gastos han ido creciendo sistemáticamente en el tiempo, por lo que los esfuerzos para mejorar sus ingresos también fueron constantes (léase mayor presión fiscal). Lo que le pasa al Estado es esta situación es lo mismo que le sucede a una familia que actúa en las mismas condiciones (gastar más de sus ingresos).

En ambos casos deberá endeudarse o vender algunos de sus activos. Práctica habitual en nuestros gobiernos. Ahora bien, el Estado además tiene la posibilidad de financiar su déficit con emisión de moneda sin respaldo, lo que provoca inflación, que en los hechos es un verdadero impuesto que lamentablemente recae más pesadamente sobre los que menos tienen. Esta situación es la que explica porque en procesos de crisis e inflación aumentan drásticamente los niveles de pobreza. Cuando esta situación se mantiene constante en el tiempo o se producen hechos externos que afectan al país, el gobierno se ve obligado a tomar medidas para reencauzar, aunque sea parcialmente, la situación.

Y ahí viene la tan temida palabra “ajuste” y lo reclamos de los distintos sectores de la sociedad que rechazan enfáticamente este proceso. El “no al ajuste” aparece como un dogma. Y todos reclaman contra él. Volviendo a la economía familiar, llega un momento en que uno “debe ajustarse”, porque ya no se tiene bienes para vender o con quien endeudarse. Y sería absurdo marchar, en el seno de la familia, con pancartas que señalen “no al ajuste”. Entonces el tema es quién debe ajustarse o cómo. Esta es la discusión que la sociedad no acepta plantear. El lema es ajusten a los otros no a mi. Pero la sociedad no se da cuenta, que quienes planifican los ajustes constituyen el cuerpo político, que es básicamente quien los genera. Y entonces el ajuste pasa por “casi todos” los lugares. Hay menos subsidios, menos obra pública, menos actualizaciones de sueldos, etc. Más allá de este reparto de sacrificios, quiénes son en la comunidad, los que generan los fondos que en definitiva permiten al Estado operar y lograr el tan ansiado equilibrio fiscal. El sector privado. Es la única fuente de recursos.

Entonces el sector privado será el que sufrirá las consecuencias más serias. La presión fiscal en la Argentina se hizo prácticamente intolerable, a los fines de intentar satisfacer las necesidades de un Estado repleto de ineficiencias y corrupción.

Lo primero que se dejará de lado son las rebajas impositivas proyectadas que no eran un premio, sino una necesidad. Y la presión fiscal crecerá. Siempre quedará un sector donde el ajuste no llegará. El de la clase que decide quienes sufrirán los ajustes. La clase política. Esta seguirá manejando al estado como propio. Simples ejemplos bastan para entender esto. El aumento del empleo público. Ha sido astronómico desde los comienzos de la democracia. Y no ha respondido a criterios de funciones y crecimiento, sino en gran cantidad de los casos a necesidades políticas. Y otro volumen importante el nepotismo que sin dudas existe en nuestra administración. ¿Cómo se paga esto?

O el presupuesto de la Legislatura provincial. No hay razón lógica alguna que permita entender un presupuesto superior a los $ 2.500 millones para justificar el trabajo de solo 49 personas que son los legisladores integrantes del Cuerpo. ¿Se ha escuchado algún comentario o análisis que permita establecer que se hará el ajuste de la política? Ninguna manifestación concreta. Ninguna propuesta de análisis serio. En este esquema cierra el circuito perfectamente la negativa del estado a sancionar una ley de acceso a la información pública, que permita a la comunidad conocer en qué se gastan los fondos estatales. Solo la presión social permitirá que en algún momento la clase gobernante deba dar el ejemplo. En el ajuste. Ojalá esto comience en algún momento.

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