El pasado se vende a precio de oferta en Izmailovo

25 Jun 2018 Por Guillermo Monti
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Una anciana va de acá para allá con una bandeja. Está encorvada, viste de negro y se ató la cabeza con un pañuelo. Lleva cuencos humeantes en los que se adivina un potaje llamativamente parecido al locro. Pero estamos a más de 12.000 kilómetros de Tucumán y el paisaje es un entramado de callejuelas en las que todo está en venta. Izmailovo, el mercado de pulgas de Moscú, arde cada domingo y más ahora, cuando lo recorren visitantes de bolsillo generoso atraídos por el Mundial. A los rusos les brillan los ojos.

La historia del lugar es sorprendente. Fue el proyecto de una ciudad de los niños, similar a la que construyó Juan Domingo Perón en La Plata. Nunca llegó a funcionar del todo, pero quedó una estructura de cúpulas multicolores, pasadizos, un barco encallado y un molino de viento. En los recovecos de los edificios se fueron acomodando los puesteros hasta invadir la zona por completo. Por allí pululaban ayer por la mañana camisetas argentinas, peruanas, belgas y tunecinas, los blancos preferidos de los vendedores.

La oferta del Izmailovo es interminable, tanta que a su lado el de San Telmo parece un mercadito de barrio. El acceso es rápido y sencillo, porque la estación de subte Partizanskaya está a pocas cuadras y la estructura se divisa desde lejos. Se llega recorriendo una explanada peatonal, en la que ya se detectan los primeros artesanos y anticuarios, con sus paños colmados de pequeños objetos. Pero hay que mantener la ansiedad y cruzar el pórtico del mercado antes de gastar los muchos o pocos rublos destinados al paseo. Aunque las tentaciones son muchas, el sólo recorrido, sin necesidad de comprar algo, vale la pena.

Como en todo mercado de pulgas, las rarezas se encuentran mirando despacio y lejos de las aglomeraciones. En este caso, se trata de todos los artículos imaginables heredados de la época soviética, desde ropa y máquinas de coser a adornos, juguetes, monedas, pins, relojes, cámaras fotográficas, estampillas y un interminable etcétera. Sorprende la afición de los rusos por las fotos antiguas, que se exhiben a montones y salen por pocos rublos. Son retratos e imágenes familiares en blanco y negro, muchas firmadas y selladas.

Toda un ala del mercado está destinada a los puestos militares, en los que se consiguen reliquias de la Primera y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial. Tratándose de uniformes, cascos, accesorios, municiones y condecoraciones, es importante que los interesados en el tema se asesoren bien antes de sacar la billetera. La diferencia entre lo original y lo copiado a veces es muy difícil de distinguir. En un primer piso, al que se llega por antiguas escaleras de madera, se encuentra la sección “abrigo”, en la que se combinan chales, gorros de piel y fulares, y más allá cuelgan las alfombras del Cáucaso. Muy cerca, rodeando un jardín, los pintores exponen sus cuadros.

Lugares como Izmailovo exponen en toda su dimensión la injerencia que el culto a la personalidad alcanzaba en la vida del pueblo durante la etapa comunista. A Lenin y a Stalin se los puede distinguir de todas las formas imaginables: pinturas, figuras de cerámica, bustos para escritorios, pósters, piezas de porcelana. Esa omnipresencia se repite en la galería de afiches de propaganda, dibujos a todo color que resaltan la felicidad del pueblo traducida en familias sonrientes, campesinos, obreros, atletas y soldados que abrazan a niños. Siempre con la hoz y el martillo de fondo. La historia transformó lo que era una política de Estado en memorabilia para turistas. Las remeras con los rostros de Marx, Lenin y Stalin sintetizan el cambio de época y simbolizan el más impensado de los finales para una utopía que cruzó el siglo XX.

No se puede encarar una compra en Izmailovo sin regatear. Sería casi una falta de respeto a los puesteros. Llevarse una matrioshka con el rostro de Vladimir Putin primorosamente delineado implica un interminable ida y vuelta con el vendedor. La que no es tan fácil de bajar de precio es la mercadería relacionada con el Mundial. Por ahora los precios son casi idénticos a los oficiales de los puestos de la FIFA. Es cuestión de tener paciencia.

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