Escasez de políticas públicas para enfrentar el suicidio

24 Jun 2018 Por LA GACETA

Siempre es un misterio qué es lo que pasa por la mente de una persona que en una situación límite, la lleva a poner fin a su vida. Tal vez se conjugan en un instante sensaciones que acompañan la historia personal desde hace un tiempo, como la depresión, la incomunicación, la soledad, el desamor, el aislamiento. Autoeliminarse se ha convertido hace ya tiempo en un problema social de consideración. En un informe de enero pasado, la Organización Mundial de la Salud señaló que alrededor de 800 000 personas se suicidan cada año. Por cada autoeliminación, se generan muchas más tentativas de suicidio cada año. El organismo mundial informa que el suicidio es la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años. El 78% de todos los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos.

Esta realidad no es ajena a nuestro país. Un destacado especialista que participó en las Jornadas de Psiquiatría y Salud Mental que acaban de concluir en nuestra ciudad, dijo que en n 2001, en el NOA se multiplicaron exponencialmente las autoeliminaciones hasta un 320% en algunas provincias. Se duplicaron en el territorio nacional: antes de la crisis ponían fin por mano propia 200 adolescentes y en 2004, la cifra se había incrementado a 400. “Pensamos que si había más trabajo, mejores oportunidades, la cifra iba a retraerse. Sin embargo, ahora estamos perdiendo 850 chicos, por año, más de dos chicos por día. A partir de 2001 la calidad de vida bajó y perturbó a las familias. Dejó una huella muy profunda. Reconstruir generaciones es más difícil que reconstruir una economía. Para que esto cambie se necesita tiempo”, afirmó.

De acuerdo con el mapa estadístico de 2016 realizado por el doctor Héctor Basile, la tasa de suicidios para la población total de la Argentina ascendía a 7,3 por 100.000 habitantes, y para los jóvenes de entre 15 y 24 años, era del 11,97 por 100.000 habitantes. Tierra del Fuego lidera esta estadística con 30,69 por cada 100.000 habitantes de entre 15 y 24 años, mientras que Tucumán se halla en el quinto lugar con 21,36 en la misma franja etaria. La tasa de suicidios para la población general en la provincia es de 9,3 por cada 100.000 habitantes, es decir dos puntos por arriba de la media nacional.

Nuestra una sociedad se ha vuelto cada vez más materialista, consumista, con mayores desigualdades sociales, con escasez de oportunidades laborales, no solo para los jóvenes, sino también para aquellos desempleados de 40 años en adelante que son rechazados por el mercado laboral. Los jóvenes están expuestos a flagelos como la droga y el acoso cibernético. En el afán de proveer confort y de poseer cosas materiales, muchos padres pasan la mayor parte del día trabajando y descuidan a sus hijos, que por falta de afecto, de contención emocional, son propensos a caer en las adicciones, en la autoexclusión, en la incomunicación. La falta de diálogo se ha apoderado de muchos hogares y se percibe también en establecimientos educativos. En algún momento el joven puede sentirse abandonado afectivamente por sus seres queridos y caer en la depresión.

Estas estadísticas más que preocupante refleja también la escasez de políticas públicas de salud mental integradas a otras áreas para enfrentar este problema social. Según la OMS, hay un tabú en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. En la actualidad, pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades sanitarias, y solo 28 cuentan con una estrategia nacional de prevención del suicidio. El bienestar, la felicidad, no pasan por el dinero, sino por el afecto. Sin amor, la vida es un sinsentido.

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