Para el Parkinson hay una cirugía que devuelve esperanzas y calidad de vida

Alrededor de 600 tucumanos sufren este trastorno degenerativo que afecta cada día a más personas, porque se vive más tiempo.

29 Abr 2018 Por Lucía Lozano

El cuerpo nunca le había dado una señal, hasta esa noche de 2007. Walter Vercellone (43 ) dormía plácidamente cuando el Parkinson le avisó que había llegado a su vida. Y que prometía arrasar con ella. De repente, la pierna y el brazo derecho quedaron paralizados. Él, que era un hombre trabajador y apasionado por las bicicletas y las motos, no entendía qué le pasaba. Tenía 33 años y se veía saludable. ¿Quién a esa edad puede imaginarse sufrir semejante enfermedad? “Es inhumano”, expresa.

Así como estaba, con la mitad del cuerpo inmóvil, Walter visitó varios médicos. Y durante cinco años lo trataron por un supuesto ACV (accidente cerebro vascular). Pero los síntomas fueron aumentando tanto que lo condenaron a subirse a una silla de ruedas y a perder toda su independencia. En 2010, cuando nació su hija, Abril, y se convirtió en padre por primera vez, una mezcla rara de sentimientos lo invadió. Estaba feliz y al mismo tiempo se sentía terrible, porque ni siquiera podía alzar a la bebé, cuenta Marcela Ledesma, pareja de Walter y su pilar número uno en la lucha contra la enfermedad.

Recién en 2012 un grupo de médicos del hospital Padilla acertó con el diagnóstico. “Apenas vieron mis temblores y la rigidez muscular se dieron cuenta de lo que tenía: Parkinson. Los estudios lo corroboraron. El pronóstico no era muy bueno, porque ya estaba en el nivel 5 o 6 de la enfermedad. Empezaron a medicarme y estuve mejor: en cuatro meses volví a caminar. Pero con el paso del tiempo tenía que tomar más medicamentos y los remedios para esta enfermedad son jodidos... Iba sumando más y más efectos colaterales. Hasta sufrí episodios de psicosis”, cuenta. 

En los últimos tiempos había vuelto a quedar postrado en la silla de ruedas y ni siquiera podía ir al baño solo. Y lo peor no eran los movimientos de su cuerpo que no podía controlar, seguidos de largos entumecimientos. Los dolores eran lo grave.

Lo que le sucedió a Walter les ocurre a muchos pacientes con Parkinson: en un momento, los medicamentos empiezan a surtir menos efectos y a generar más complicaciones. En esa instancia, queda un camino posible: una operación que, si bien no cura la enfermedad (no tiene cura), permite recuperar calidad de vida. Así lo explica el doctor Emmanuel Francello, que dirige la Unidad de Trastornos de Movimiento del hospital Padilla. Esta novedosa cirugía se hace desde el año pasado en el sector público. Cuatro pacientes ya pasaron por ella en el Padilla y los resultados fueron sorprendentes. Walter, por ejemplo, al mes volvió a caminar. Y los dolores desaparecieron.

“Fui con miedo a la cirugía, pero era mi última esperanza. Por suerte, ahora puedo dormir una noche entera sin que me despierten los dolores y los calambres... Puedo caminar una cuadra sin caerme, sin la angustia de no saber si voy a poder volver a mi casa”, resume.

Walter se mueve y ha vuelto a hacer las cosas que le gustan, como acompañar a su hija a la escuela. Y no pierde las ilusiones: volver a subirse a una bici o a una moto son su máximo sueño.

La enfermedad

Lentitud, rigidez muscular y temblor son las tres manifestaciones más típicas y comunes de la enfermedad de Parkinson. Se trata de una patología neurodegenerativa, progresiva e incapacitante, y se produce porque las neuronas que generan la sustancia que envía señales al cerebro -que ayudan a coordinar los movimientos corporales- mueren o no funcionan adecuadamente.

Debido a que la edad promedio de la población sigue aumentando y con ello la expectativa de vida, hay cada vez más personas afectadas. Suele comenzar alrededor de los 60 años, pero se ha demostrado que puede presentarse a cualquier edad. Es la segunda patología neurodegenerativa progresiva más prevalente en el mundo. Entre el 1% y el 3% de la población por encima de los 65 años se ve afectada y es ligeramente más frecuente en el varón que en la mujer. En Tucumán se calcula que 600 personas sufren este mal; 200 se atienden en el Padilla.

“Es la enfermedad más terrible que he conocido”, exclama Alcira Nadal, con lágrimas en los ojos. Ya no sabe qué hacer para ayudar a su hermano, Héctor, de 63 años. Hace nueve años le diagnosticaron el mal. Una tarde, cuando estaba en una cancha de fútbol, sintió un fuerte hormigueo en el brazo izquierdo. Poco después, dejó de sentir la mano. Nadal, propietario de una verdulería en Famaillá, intuyó que algo malo le estaba pasando.

“Pronto comenzó la pesadilla”, dice su hermana. Héctor casi no puede hablar. Ni dominar un cuerpo que tiembla y se mueve constantemente, como por obra de algún ser extraño que lo dominara desde afuera. “Estoy muy mal, he perdido todo. Me caigo todo el tiempo. Si me acuesto, me quedo duro en la cama. Esto ya no es vida”, lamenta con angustia desde la camilla del hospital donde los médicos lo revisan.


> Así es la intervención

Paso a paso de la operación que mejora la calidad de vida de los pacientes con Parkinson

1.- Cuánto dura

Entre siete y 10 horas. El paciente no está dormido durante la intervención para poder responder a los estímulos a los que se lo va sometiendo, y de esa manera no afectar ninguna función específica del cerebro.

2.- Los electrodos y el cable

A través de perforaciones que se hacen en el cráneo se colocan electrodos en distintos sectores del cerebro. Esos electrodos están conectados a un cable que pasa por debajo de la piel, detrás de la oreja, y se conecta a su vez a un neuroestimulador, ubicado debajo de la clavícula (también es subcutáneo).

3.- El neuroestimulador

Funciona con una batería que dura cinco años. Envía señales eléctricas a los electrodos. Ellas estimulan áreas específicas del cerebro, que controlan el movimiento, bloqueando las señales nerviosas anormales que provocan temblores y otros síntomas del Parkinson.



estudios 
no se sabe bien qué causa el parkinson
“La causa no está del todo aclarada”, detalla Emmanuel Francello. Hay alteraciones genéticas que favorecen el desarrollo del Parkinson, pero los casos hereditarios son muy poco frecuentes. “Algunas situaciones, como intoxicación con agroquímicos, podrían causarlo. Tenemos varios casos de personas que trabajan en campo”, añade. Sí es una realidad que los pacientes llegan muy tarde a la consulta. Muchos años antes de los síntomas más graves aparecen señales, como pérdida del olfato, constipación y el trastorno del sueño REM (el paciente actúa el sueño y puede pegar, moverse estando dormido, hablar). 


> Estudios 
No se sabe bien qué causa el Parkinson

“La causa no está del todo aclarada”, detalla Emmanuel Francello. Hay alteraciones genéticas que favorecen el desarrollo del Parkinson, pero los casos hereditarios son muy poco frecuentes. “Algunas situaciones, como intoxicación con agroquímicos, podrían causarlo. Tenemos varios casos de personas que trabajan en campo”, añade. Sí es una realidad que los pacientes llegan muy tarde a la consulta. Muchos años antes de los síntomas más graves aparecen señales, como pérdida del olfato, constipación y el trastorno del sueño REM (el paciente actúa el sueño y puede pegar, moverse estando dormido, hablar). 


Comentarios