Los vecinos de Banda del Río Salí trabajan para traer los restos de un cura con fama de santidad

Monseñor Gregorio de Jesús Díaz dejó una huella imborrable en la comunidad del este de la capital, donde fundó escuelas y capillas. La memoria del padre Díaz está todavía fresca. Una estatua del sacerdote adorna una de las avenidas de la ciudad. Los fieles trabajan para lograr su beatificación.

09 Mar 2018

Era viernes 20 de septiembre de 1985. Tucumán amaneció con la noticia de que un terremoto había arrasado México y había dejado más de 100.000 muertos. El cielo estaba nublado, pero no hacía frío. Había cierta tristeza en el aire. Lo que nadie imaginaba es que a la tarde la amargura sería total. A las 17.45 Tucumán perdía a monseñor Gregorio de Jesús Díaz. Justo ese día, Luis Ibarra no había ido a verlo al sanatorio porque sabía que eran muchos los vecinos que querían visitarlo. Enfermo como estaba, el cura ya no podía hablar, pero escribía algunas palabras temblorosas en un papel, que Luis conserva todavía como un tesoro.

En la ciudad de Banda del Río Salí la figura del padre Díaz está siempre presente: en la avenida Santo Cristo, donde hay una estatua que lo honra; en las cinco escuelas que fundó y en las muchas capillas que abrió. En la parroquia Santo Cristo que él hizo ampliar, los vecinos se reúnen todas las semanas para dar forma a lo que siempre quisieron hacer: entregar al mundo la figura de este hombre que murió con fama de santidad. Ya hay una comisión pro beatificación que se encarga de reunir las pruebas para el juicio correspondiente. Pero antes quieren traer sus restos desde el cementerio de Río Seco, donde vivía su familia, hasta una capilla que se hará construir especialmente para albergar su tumba, al lado de la parroquia.

El lunes -día en que se celebran los 101 años del natalicio de monseñor Díaz- el párroco Edmundo Ortiz bendecirá la piedra basal de esa capilla y de un campanario. El traslado de los restos se hará el 5 de diciembre, día en que el padre Díaz cumpliría 75 años de ordenación sacerdotal.

Figura carismática

“Era esbelto, a pesar de su poca salud. De ojos verdes y tez morena, monseñor Díaz tenía una mirada penetrante. Era de andar ligero y siempre estaba haciendo cosas. Usaba unos zapatos con suela de goma que no hacían ruido al caminar. Su vestimenta se limitaba a una sotana blanca en el verano y otra negra en el invierno. Si hacía mucho frío, se ponía un sobretodo negro y su poncho característico, con el que se lo ve en todas las fotos”, cuenta Silvia Lamelas de Lazarte, que fue directora de estudios del colegio General Belgrano.

“Al padre Díaz le decían el cura de los cañaverales, porque en los primeros años la iglesia Santo Cristo se encontraba rodeada de cañaverales”, dice María del Carmen Domínguez, una de las activas promotoras de la jerarquización de la figura del cura. El padre Díaz era un personaje muy fuerte en la comunidad. Para poder llegar a los feligreses había instalado en la torre de la iglesia unos potentes parlantes donde se podía escuchar diariamente el rosario de la aurora. Otra forma de llegar a los fieles era por medio de sus escritos, en un diario que se llamaba “Bien social”. El padre también difundía sus ideas a través de la sección Cartas al Director, de LA GACETA.

Monseñor Díaz era un sacerdote humilde, pero no ignorado. Todo el mundo lo reconocía por las obras que dejó para la vida social y espiritual de Tucumán (ver “Las obras del sacerdote”). En 1964 fue designado camarero secreto del papa Pablo VI y canónigo honorario de la iglesia Catedral de Tucumán. Su accionar estaba respaldado por la Compañía Azucarera Concepción, que le ayudó a fundar escuelas y donó tierras, y por el intendente de entonces, Nicolás Frasconá. Monseñor Díaz era un animador social como pocos, alentaba a los demás a trabajar por el bien común y él daba el ejemplo.

Conocía de cerca a cada vecino y sabía qué podía dar cada uno. “Una vez le dice a mi mamá: ‘Panchita, necesito hablar con vos’. Ella se alarmó. ¿Qué me querrá decir el padre?”, recuerda su hijo, Héctor Silverio Brandán, entonces joven de la Acción Católica y hoy representante legal del colegio Monseñor Gregorio Díaz. “Mirá Panchita, quiero que me prestes un lugarcito para alojar a un cura que nos visita por unos meses”. El padre Díaz estaba hasta en los más pequeños detalles.

Cuando a Luis Ibarra su cuñado le comentó alarmado “¿sabés quién ha muerto?”, él corrió ciego por las lágrimas hasta la parroquia Santo Cristo. Subió al campanario y comenzó a tocar Réquiem, fuerte, casi con torpeza. La última vez que lo había hecho así era cuando había muerto Perón. El cuerpo del padre Díaz fue velado en la parroquia en medio del desconsuelo general.

> Las obras del sacerdote  

- En 1952 crea la escuela Las Pequeñas de la Virgen del Valle que luego sería el colegio Nuestra Señora del Valle con enseñanza primaria, secundaria y manualidades.

- En 1962 funda el Instituto Técnico General Manuel Belgrano con la colaboración de la Compañía Azucarera Concepción, que donó el terreno.

- En 1968 abre el instituto Santo Cristo.

- En 1958 amplía el templo de la parroquia del Santo Cristo. 

- En 1953 inicia la construcción de una capilla en honor a Nuestra Señora del Valle, en Lastenia.

- En 1954 edifica las capillas Nuestra Señora del Valle en la localidad de Colombres y Nuestra Señora de La Merced, en Los Bulacio.

- Construye la capilla de María Auxiliadora en El Bracho y de Nuestra Señora del Rosario en Los Gutiérrez.

- En Los Ralos edifica la capilla en honor a San Antonio de Padua.

- En 1964 inaugura la capilla de San Miguel Arcángel en Estación San Miguel.

- En 1974 logra la apertura de la iglesia del pueblo de San Andrés.

- En 1964 crea la Casa de la Caridad El Santo Cristo, en la localidad de El Mirador, Lastenia.

- Funda la Dirección de Ayuda al Hombre de Campo, cuya misión era despertar el interés por la huerta familiar.

- En 1985 crea la Casa de Reposo Espiritual, en Lastenia.



Docente 
“Nos hablaba de dos rieles: la educación y el espíritu” 
“El padre Díaz nos decía que había dos rieles por donde iba la sociedad: la educación (por eso fundó varias escuelas) y la espiritualidad (por ello creó tantas capillas y movimientos católicos). (Silvia Lamelas de Lazarte, ex asesora pedagógica y directora de estudio del colegio General Belgrano).
 
cONSERJE 
“CONSEGUÍ UN TRABAJO gracias al padre Díaz”
“Yo era muy joven y estaba desesperada, necesitaba trabajar para criar a mis hijos.  Hablé con el padre Gregorio y le pedí trabajo. Él me dijo que primero inscriba a mi hijo en el instituto Santo Cristo. Eso hice y allí me dieron trabajo” (María López se jubiló de conserje de ese establecimiento).
 
PERFIL
› un trabajador incansable 
Nació en Los Rojos, Monteros, el 12 de marzo de 1917. Era el cuarto hijo de ocho hermanos. Fue ordenado el 5 de diciembre de 1943 por el entonces obispo de Tucumán, monseñor Agustín Barrére. Fue párroco de la parroquia de Santo Cristo entre 1949 y 1985 y ex canónigo honorario de la iglesia Catedral. Falleció el 20 de septiembre de 1985, a los 68 años, luego de una larga enfermedad.
ayudante 
“El padre nos exigía que estudiemos”
“Yo quería trabajar para el padre Díaz. Me dijo que antes que nada debía inscribirme en la escuela. Nos exigía a todos los chicos que estudiemos. Tuve que ir a la escuela San Lorenzo del ingenio San Juan porque aquí no había colegio y cuando salía de clase lo ayudaba”. (Oscar Ponce).
Un Milagro 
“Le rogué por la salud de mi hijo” 
“Mi hijo tenía 19 años y comenzó a tener fuertes dolores en ambas rodillas. Nos dijeron que tenía artritis reumatoidea y que nunca iba a dejar las muletas. Yo le recé al padre Díaz y los dolores y las lesiones desaparecieron sin dejar secuela”. (Delia Chanampa, vecina).


> Docente 
“Nos hablaba de dos rieles: la educación y el espíritu” 

“El padre Díaz nos decía que había dos rieles por donde iba la sociedad: la educación (por eso fundó varias escuelas) y la espiritualidad (por ello creó tantas capillas y movimientos católicos). (Silvia Lamelas de Lazarte, ex asesora pedagógica y directora de estudio del colegio General Belgrano).

> Conserje
“Conseguí un trabajo gracias al padre Díaz”

“Yo era muy joven y estaba desesperada, necesitaba trabajar para criar a mis hijos.  Hablé con el padre Gregorio y le pedí trabajo. Él me dijo que primero inscriba a mi hijo en el instituto Santo Cristo. Eso hice y allí me dieron trabajo” (María López se jubiló de conserje de ese establecimiento).

> Ayudante 
“El padre nos exigía que estudiemos”

“Yo quería trabajar para el padre Díaz. Me dijo que antes que nada debía inscribirme en la escuela. Nos exigía a todos los chicos que estudiemos. Tuve que ir a la escuela San Lorenzo del ingenio San Juan porque aquí no había colegio y cuando salía de clase lo ayudaba”. (Oscar Ponce).

> Un Milagro 
“Le rogué por la salud de mi hijo” 

“Mi hijo tenía 19 años y comenzó a tener fuertes dolores en ambas rodillas. Nos dijeron que tenía artritis reumatoidea y que nunca iba a dejar las muletas. Yo le recé al padre Díaz y los dolores y las lesiones desaparecieron sin dejar secuela”. (Delia Chanampa, vecina).


ACTO Y BENDICIÓN

• El lunes a las 20.30 colocarán la piedra basal de la futura capilla Padre Díaz en la avenida Santo Cristo 460, Banda del Río Salí.

> PERFIL
› Un trabajador incansable


Nació en Los Rojos, Monteros, el 12 de marzo de 1917. Era el cuarto hijo de ocho hermanos. Fue ordenado el 5 de diciembre de 1943 por el entonces obispo de Tucumán, monseñor Agustín Barrére. Fue párroco de la parroquia de Santo Cristo entre 1949 y 1985 y ex canónigo honorario de la iglesia Catedral. Falleció el 20 de septiembre de 1985, a los 68 años, luego de una larga enfermedad.

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