Los fantasmas de la corrupción

La interventora del IPV tiene la oportunidad de poner coto a las maniobras que han salido a luz y que están haciendo visibles a los fantasmas de la corrupción. Aun cuando la Justicia no llegue a nada, las cosas ya no serán las mismas.

04 Feb 2018
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Elizabeth Rosa Alzogaray no es la única. Hay muchas. El costo de las intermediaciones que hacen depende de las influencias que tienen dentro del Instituto de la Vivienda. Por eso algunas cobran 4.000 pesos, otras 6.000 pesos y no falta la intrépida que se anima a pedir hasta más de 30.000. Claro, estas Alzogaray son VIP porque si algún papelito queda pendiente, ellas lo consiguen. Esas son las que consiguen las casas llave y papeles en mano.

Para que figuras como Alzogaray puedan cumplir con sus tareas es necesario que haya más de un cómplice. El primero siempre va a ser el que quiere su casa y no cumple con los requisitos o simplemente no puede cumplir todos los procesos que exige el IPV para que se pueda acceder a su vivienda. Ahí aparecen los demás “socios”. En el peor de los casos hasta haría falta que inventen un casamiento y hasta armen una familia completa. Aquellos a los que les cuesta tomar la decisión de constituir un matrimonio pueden saber que en el Instituto de la Vivienda es más fácil que en la vida. Por unos pesos los papeles aparecen como por arte de magia.

Durante más de una década así han funcionado las cosas en las oficinas de Muñecas al 400. Hablan monjes negros que bendecían todos estos procederes. Eran funcionarios de altísimo rango que sólo se escudaban en que eran tantas (se contaban por miles) las viviendas que se entregaban que dejar unas cuantas para los amigos y para hacer negocios pasaba inadvertido. No se notaba. Roban pero hacen. La corrupción tiene una gran aliada: la necesidad, y esta afronta tantas urgencias que soslaya la mentira, otra gran amiga.

La trampa se hizo costumbre y se convirtió en algo normal en el IPV por eso las intermediarias insisten que esto es un temporal que ya va a pasar. Para ellos lo natural es que para alguien acceda a su hogar pague coimas. Felizmente, aun cuando la Justicia no llegue a nada y no encuentre culpables, en el IPV las cosas ya no serán las mismas. La fiesta ha empezado su final.

Cuando amanezca, los que pasen el escobillón después de la fanfarria van a tener demasiado trabajo.

Si la Unidad de Información Financiera hace su trabajo correctamente va a poder detectar que son muchos los que tienen en sus bolsillos más de lo que corresponde. Dos hombres clave se han convertido en fantasmas. Sus nombres revolotean por el IPV, sus voces se escuchan, sus influencias espantan. El nombre de Lucas Barrionuevo se menciona en voz muy baja. Su figura puede vérsela en algún bar a pocas cuadras de su ex centro de control, pero sigue sin aparecer en ese lugar donde se lo vio moverse como pez en el agua hasta que un periodista le pregunta si era pariente de los que recibían obras para hacer y hasta que el mismo cronista le consultó si sus únicos ingresos eran el sueldo del IPV. Mintió. Dos veces mintió y no volvió. Sigue con parte de enfermo.

La otra figura fantasmagórica es Miguel Giménez Augier, quien también aparece, esporádicamente en algún bar de la zona o en algún vuelo regular a Madrid. No pisa el IPV, donde pasó más de una década cumpliendo la misma función que él tenía en la cancha de basquet: era un armador que facilitaba expedientes. Cuando la prensa le preguntó de qué vivía, dijo que del sueldo del instituto, pero cuando la justicia revisó sus cuentas la sumatoria parecía mayor.

Los fantasmas siguen haciendo ruido en el organismo que supo diseñar el fallecido ingeniero Gustavo Durán. Los empresarios de la construcción han disimulado como si no creyeran en los fantasmas. Sin embargo, que los hay, los hay. Aquel negocio -no un servicio a la comunidad en el que se construyen casas seguras y de un mínimo de calidad para darlas en cómodísimas cuotas- hoy está herido. Cuando se habla de corrupción en Tucumán lo primero que se mira es hacia este sistema fantasmal que se supo construir. Además tiene como padrino a un monje negro como José López que no encontró mejor lugar para hacer desaparecer su dinero que en un convento. En esta provincia, muchos de los escondites se han convertido en viviendas de barrios privadas, edificios en los que los socios ponen sus nombres porque el de los fantasmas no debe aparecer o, lamentablemente, en los hijos, una costumbre que en los últimos tiempos la política ha sacado a luz. Los hijos terminan siendo cómplices de las trapisondas de sus padres o por lo menos son usados por ellos.

La Justicia conoce muchas de estas circunstancias. Hasta ahora los fantasmas siguen revoloteando y sólo las Alzogaray están tras las rejas. A la interventora del Instituto de la Vivienda nunca le gustaron los fantasmas. No les tenía miedo, pero tampoco los enfrentaba. Noemí Ferrioli era la subinterventora del IPV, mientras vivía Durán. Ahora es la titular. Aunque quiera no puede decir que no conocía las patrañas que ocurrían y que se dejaban hacer. Si no las sabía, de alguna manera no estaba cumpliendo sus funciones correctamente. Hay quienes se ilusionan que la obediencia debida hacia su ex jefe le impedían poner coto en el asunto y que a partir de ahora las cosas cambiarían. Los meses pasan y si no logra producir una transformación terminará haciendo más de lo mismo. Conoce muy bien y a cada uno de los de adentro y a los de afuera. Tiene una responsabilidad que tal vez ni ella misma dimensione. Puede dejar abierta la puerta para que las trapisondas continúen o puede cerrar la puerta para que definitivamente el Estado le dé un hogar a quien lo necesite y no a quienes son socios, amigos o serviciales con los funcionarios. Ferrioli conoce tanto por dentro al IPV, como por fuera. Sabe quiénes son los que supieron ponerle las sábanas para tapar, engordar y satisfacer a los fantasmas. Conoce como nadie a los funcionarios y ex funcionarios del Poder ejecutivo que alzaban el dedo y se cumplían sus órdenes en el IPV. No tiene dudas de quiénes son los hijos de funcionarios que se convirtieron en empresarios sólo para satisfacer los negocios de papá o los propios. Tiene claro cuáles son las empresas que se crearon al solo efecto de sacar una tajada de la torta que debió beneficiar a los más necesitados. Son las mismas cuyo norte era hacer negocios, por lo tanto no tenía importancia la calidad de lo que se les diera a los ciudadanos, sino la diferencia que podrían hacer. Como las mentiras tienen las patas cortas, después los pavimentos se hunden, se rompen con facilidad, las casas se agrietan, los cielorrasos se caen, los techos no techan y a algunos pisos no se los puede pisar. Las denuncias que llegó a hacer la entonces legisladora Silvia Elías de Pérez fueron elocuentes. Luego, ya siendo senadora, puso el dedo en la llaga por el enriquecimiento de los funcionarios. Les sacó la sábana a los fantasmas, pero no los espantó. La aparición de esta política fue central para correr el telón de la gran obra de corrupción que había en el IPV; sin embargo las mezquindades de la politica ayudarán a minimizarlas. Así los hombres acostumbrados a no decir la verdad, como el vicegobernador Osvaldo Jaldo, o funcionarios como algunos ministros de Juan Manzur o de José Alperovich consideraron que como eran denuncias de la oposición debían ser defenestradas por eso, simplemente. No tuvieron intención de bucear o de buscar las redes de la verdad. Con la prensa ocurre lo mismo. Así ministros de la actual gestión eligieron mirar para otro lado y no combatir la corrupción de su propia administración. Ferrioli tiene una oportunidad de cambiar; no está claro si es autónoma para hacerlo.

La pelea silenciosa

Esta matriz de corrupción es un problema de los otros. No le preocupa ni al partido peronista que gobierna en la provincia, ni a los funcionarios ni a los principales referentes políticos. Ellos se desvelan por seguir viviendo en el futuro y no en el presente que es agreste, pero pasajero. “Ya va a pasar” es la frase que siempre se repite en los entornos. En ese afán de vivir en el futuro la semana que empieza tendrá un capítulo importante. El martes, en la hostería de de Tafí Viejo se reunirán los intendentes del peronismo provincial. Juan Manzur estará con la planilla de asistencia en la mano. Como el futuro (o presente político) es 2019, los intendentes irán también con la expectativa de que de una vez por todas el gobernador les asegure que quiere ser reelecto. No es una tarea fácil. ya que Manzur con su paciencia y su parsimonia es capaz de sacar de las casillas al mismísimo Gandhi. Este encuentro fue movilizado por los “sijuancistas” después de que José Alperovich anduviera visitando intendentes y contándoles que quiere volver a ser el mandamás de los tucumanos. Incluso y con una sutileza poco amable les consultó si van a jugar con él esa partida.

Cuando Alperovich realiza estas movidas el más incómodo de los funcionarios es el ministro del Interior, Miguel Acevedo, quien ha crecido de la mano de Alperovich y hoy como administrador del interior tucumano debe moverse entre la impetuosidad del quien ya no es y el aplacamiento de quien hoy tiene el cetro. Hay quienes aseguran que Manzur y Alperovich habrían consensuado moverse cada uno por su cuenta y a principios del año que viene las encuestas y la realidad dirán quién debe ser el candidato a gobernador. Si eso es cierto, es de esperar una guerra de guerrillas con Jaldo, quien viene trabajando a la par de Manzur para que la fórmula se vuelva a repetir. Manzur y Alperovich saben que cada vez que José dice que quiere ser candidato le pone fecha de vencimiento a la gestión Manzur-Jaldo, y eso es lo que los “sijuancistas” quieren empezar a contrarrestar antes de que sea tarde.

Amiguismo

Finalmente, llegó el día. Este martes la Justicia de Tucumán volverá a estar en el tapete nacional. Paulina Lebbos revivirá en los estrados de los Tribunales donde se intentará dilucidar por qué desde el gobierno de José Alperovich hubo tanto interés en que no se investigue la desaparición de esta joven. También habrá un antes y un después de estas largas jornadas que les esperan a los tucumanos. Si algo ha quedado claro después de la muerte de Paulina es que en los principales niveles del poder provincial se da prioridad a las amistades, a las relaciones aceitadas antes que a la dureza y a la inflexibilidad que imponen las leyes y las instituciones.

Algo parecido ocurre con la cobertura de los cargos públicos y de las designaciones. Cuando esta semana que ya no volverá jamás dejó la idea de que debían renunciar los parientes de los poderosos en las estructuras de poder tucumano hicieron oídos sordos. Ni la Justicia, ni el Ejecutivo ni el Legislativo podrían funcionar normalmente.

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