El armador de bastidores que se volvió emprendedor solidario

Cuando cursaba la secundaria en la Escuela de Artes, Federico Aparicio supo que viviría de la carpintería. La silla para niños con parálisis.

06 Ene 2018

Cuando estaba terminando la secundaria en la Escuela de Artes Atilio Terragni (técnico escultor), Federico Aparicio ya intuía que esa formación artística sería su puente laboral. “Y también nos inculcaban en la escuela que podíamos vivir de los que nos enseñaban”, reconoce. Por supuesto, todo eso venía de la mano de un gen emprendedor; y hoy Federico, que tiene 23 años, administra su propia carpintería, que obtuvo el año pasado la Marca Tucumán, y desde la cual produjo ya una silla postural para un niño que no puede mantenerse erguido porque padece parálisis.

La historia de Federico es la de un chico “de familia humilde” en la que no había mandatos ni tradición de emprendedurismo. Eso sí, la madre siempre pintó. Y él mismo reconoce que es probable que el “bicho” del arte le haya llegado por esa vía.

“Me interesaba la talla en madera, y de ahí es que siempre me interesó la carpintería. Y ya en la escuela comencé a comprar mis herramientas. Lo que sabía desde siempre es que no quería, en lo posible, tener que depender de ningún jefe”, le cuenta Federico a LA GACETA.

Ya de temprano, continúa, se había decidido a trabajar en MDF, en madera reciclada. Y en la escuela, mientras alternaba las clases teóricas con las de taller, vio que era posible hacer negocio con lo que le gustaba. “Empecé haciendo y vendiendo bastidores para mis compañeros de la Escuela de Bellas Artes y de la Facultad”, cuenta Federico, que alguna vez integró el Centro de Estudiantes de la Atilio Terragni y que protagonizó la movida por los sucesivos traslados del establecimiento hasta su sitio actual.

Después surgió Creap, la firma con la que hace un año obtuvo la Marca Tucumán que otorga el IDEP, y desde la que produce objetos de madera (cajas, bandejas, casas de muñecas, entre un catálogo de 300 productos). En ese entonces, cuenta, una clienta que le compraba cajitas que ella pintaba luego y cuyo hijo, Agustín, tenía parálisis cerebral le preguntó si él podía hacerle una silla postural.


“Asumí el compromiso. Era un riesgo, pero me puse a estudiar, a ver si servía la silla de madera. Paola me pasó un modelo y yo le diseñé una similar. A esa primera silla se la regalé. Es regulable, con agarre de cabeza, con amarres, que ayuda a mantener la postura. La gente de ALPI me pidió que les fabricara 10. Como se hacen a medida, me faltarían para producirlas en escala las herramientas adecuadas. Ya entregué cinco a particulares”, apunta. Desde la intendencia de Tafí Viejo y el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia lo ayudaron a formular el proyecto para que Desarrollo Social de la Nación le adjudique una máquina router CNC con la que podrá producir en escala. Cuenta que la máquina ya le fue adjudicada, y que al envión final se lo dio Pedro Robledo, director Nacional de Juventud, que lo visitó en su taller; y que, una vez que tenga la maquinaria adecuada, la idea es rediseñar la silla con el apoyo de los diseñadores del INTI. Todo un andamiaje colaborativo que no entiende de “grietas” (también lo apoyó la Municipalidad de Yerba Buena) y gracias al cual también tiene preadjudicado un “Fondo semilla” por $250.000 (programa de financiamiento del Ministerio de la Producción).

Federico reconoce que el hecho de que el IDEP lo haya elegido como Marca Tucumán le ha abierto puertas en otras provincias; y advierte que el apoyo que ha encontrado tiene “contrato de reciprocidad”; no sólo con los organismos que lo han apoyado, sino con toda la comunidad.

comentarios