Teatro aéreo en “El adiós a doña Leticia”, una alegoría sobre la vida en el arte

22 Dic 2017
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IDAS Y VUELTAS. Paralelismos entre la acrobacia aérea y la política cultural. Prensa

ÚNICA FUNCIÓN

• A las 22, en el Centro Cultural Leticia (San Martín 1.015).

Leticia Ragonesi cantaba ópera. La artista llenaba de sonidos su casa en la primera mitad del siglo pasado, y esa herencia artística le fue legada a su hijo, Alberto Parra. En mayo de 2014 él prestó su propiedad de San Martín 1.075 a la actriz Silvia Gianfrancisco para que en sus 1.000 metros cuadrados montara un centro cultural, con la única condición de que llevase el nombre de su madre.

Ahora el espacio cerrará sus puertas y la despedida será, precisamente, con experiencias culturales: esta noche habrá una obra de teatro aéreo y mañana música y baile. “‘El adiós a doña Leticia’ es una alegoría que hace referencia a quien revivió mientras el arte habitó este espacio -explica a LA GACETA Onás Salto Leitón, director del espectáculo-. Trazamos un paralelismo de quien muere pero se resiste a irse y vuelve en cada expresión artística, en cada vuelta de las telas, en cada subir y bajar como Sísifo. La obra es un simbolismo del adiós y de la partida”.

Esta pérdida genera incertidumbre sobre la continuidad de su grupo El Espejo, pero confía en encontrar un nuevo sitio. “Este lugar fue pionero en teatro y danza aéreas. No sabemos aún dónde trabajaremos, pero el no tener espacio no nos ha impedido seguir difundiendo nuestras propuestas independientes. Nuestro presupuesto es acotado, no recibimos ningún subsidio estatal y, sin embargo, hemos mantenido con mucho esfuerzo una línea de trabajo desde el compromiso con lo que hacemos, porque el arte independiente es así: se gesta desde abajo y está condenado a las idas y vueltas de las políticas culturales”, sostiene.

En el balance aparecen los recuerdos y el mejor que guarda el director se vincula con los procesos de creación que hubo allí. “Con el trabajo en equipo, con el pensar en conjunto las ideas para elevarlas a nivel poético y a la vez poner el cuerpo en cada proceso -enfatiza-. Es lo mejor que nos deja el Leticia, porque expresa esa posibilidad de ser y hacer desde la creación auténtica, de apropiarnos de un lugar de pertenencia donde el patrimonio humano es el más importante”.

Salto Leitón vincula la decisión de cerrar con la crisis estructural y económica del país y la falta de presupuesto para cultura. “Estos espacios no generan ganancias de ningún tipo y producen gastos porque hay que mantenerlos. Seguramente el local será utilizado como un espacio que genere ganancias”, admite, mientras la tristeza se le cuela por las rendijas del alma.


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