La falta de conciencia acerca de qué es "lo político"

21 Dic 2017

Ester Susana Montaldo- Profesora de Filosofía de la Educación. UNT 

Lo que se traduce de la investigación que hemos encarado desde la carrera de Ciencias de la Eduación de la Facultad de Filosofía y Letras es que todavía la escuela no ha logrado convertirse en un ámbito de participación ciudadana, de práctica política en el sentido estricto del término. De a poco tenemos que recuperar eso, y que toda la sociedad vuelva a construir un imaginario de lo que es lo político. Precisamente, hoy estamos sufriendo los efectos de esa falta.

No hemos ayudado a los jóvenes a recuperar valores como, por ejemplo, el hecho de respetar al otro cuando piensa distinto; conceptos como el de “negociar”, al que le ponemos una carga “sospechosa”, cuando en realidad debería tratarse de acordar. Y acordar no necesariamente significa que satisfaga cien por ciento al otro; se trata, en cambio, de apostar a la solución que más represente los valores que hemos dicho que sostenemos.

Por ejemplo, ese vacío se observa en la falta de centros de estudiantes; en la falta de ligas deportivas intercolegiales, en la producción de obras de teatro, en las visitas a museos. Creo que, en parte, este escenario de carencia se explica en que los adultos no nos hemos sacudido el miedo a participar que nos han dejado los años de dictadura.

¿Como ir más allá del diagnóstico de situación? En estos momentos en la Argentina se está buscando la transformación del secundario, la idea de presentarles proyectos a los chicos, de ir rompiendo estructuras que atan. Y esa idea apunta a un doble aspecto:

1) Por un lado, se trata de generar ámbitos que excedan la escuela; porque el chico no puede convivir sólo con el ámbito escolar. Por eso se “escapa” por las redes sociales.

2) Tiene que modificar la condición laboral del docente: que le paguen tanto para dar la hora de clase como para acompañar un proyecto en la escuela; una huerta, un jardín, todo lo que aporte a una buena vida de convivencia.

Algo que nos alegró de esta investigación es el hecho de que los chicos siguen sintiéndose contenidos con sus compañeros, y que de alguna manera la escuela los sigue conteniendo. Lo que no implica que no tenga que cambiar. Lo que quisimos ver es de qué manera la escuela los prepara para participar. Sería bueno que las ONG pensaran en este destinatario joven, y que tanto en la escuela como por fuera de ella se abran espacios que atraigan a los chicos. Porque no tienen esos espacios es que ellos inventan otras prácticas que muchas veces nos parecen indeseables, como las caminatas en la 25, o hechos violentos como los que hemos vivido los tucumanos. No podemos soslayar que estos chicos son los que van a construir un futuro diferente; que sean ellos los que permitan que tengamos una sociedad distinta.


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