Cartas de lectores

18 Dic 2017
1

Una infancia desvalida

Un lapidario y detallado informe de la UCA (Universidad Católica Argentina), un observatorio que bucea en una realidad social incontrastable, da cuenta de una sostenida pobreza a pesar de una leve baja en sus índices, pero a la vez el crecimiento simultáneo de una mayor indigencia en el país. Unas cifras que durante décadas han venido gestándose hasta fortalecerse como un flagelo estructural. Esta vulnerabilidad de una larga e interminable caravana de infantes que pueblan el país, donde la vida ha labrado livideces prematuras, tiene su origen cuando sobrevivientes de una gran parte de una clase política vetusta, endeble y mezquina, conocida y vuelta a renacer, indiferentes y revestidas de un armazón de concreto, y otros semblantes nuevos ávidos de imagen -un remedo de los anteriores-, en comunión con un sindicalismo rico, demagógico y vociferante, se fusionaron conformando un frente común de abandono y desidia, declamando durante largos períodos una retórica vacía. Y en estos guarismos, reveladores terribles de una pobreza endémica, la niñez es su principal víctima. Esta indolencia de políticas públicas produjo el crecimiento significativo de una infancia desvalida. Una niñez que en invierno se la puede ver deambulando por las calles aterida de frío y en verano a altas horas de la noche en busca de un vergonzante mendrugo. La niñez es una franja etaria sobre la cual se ha escrito cientos de artículos sobre su desamparo e infortunio, y sin embargo estamos como al principio cuando comenzó ha generarse una inveterada y magullada indefensión. Cuidar de los niños es un mandamiento imperativo, al menos para que cuando asomen al mundo desde el pórtico enorme de la pubertad, puedan sentirse inclinados al bien, sin que turbe su conciencia al deseo de vengar en sus semejantes, dolores que no se apagan, agravios que no se olvidan, porque las heridas abiertas en el alma de los niños perduran a través de la vida. No olvidemos que un niño abandonado es un delito de todos nosotros.

Alfonso Giacobbe

24 de Septiembre 290

San Miguel de Tucumán


El Niño Dios olvidado

Los tres grandes monoteísmos son, por orden de aparición: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Con todo respeto quiero hacer una comparación. Tanto el judaísmo como el islamismo son firmemente fieles a su tradición religiosa. No se introdujo en ellas ni el más mínimo cambio desde hace miles de años. No me puedo imaginar a la comunidad judía cambiando los ritos del Rosh Hashaná, del Sucot, del Pesaj o del Shavuot. Asimismo no puedo siquiera pensar que la comunidad musulmana cambie un ápice del Sagrado Mes del Ramadán. Los profesantes de ambas religiones son absolutamente respetuosos de sus tradiciones. ¿Y qué pasa con nosotros los “cristianos” (no todos gracias a Dios, siempre está la excepción que hace a la regla), en esta festividad que se avecina, o sea la Navidad? Que la hemos desfigurado por completo, la hemos convertido en un sainete. Navidad significa “Dios con nosotros”. Es el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo a la primera pareja cuando -por desobediencia- los expulsó del paraíso, según las sagradas escrituras. Es el Mesías (para la tradición cristiana) anunciado en todo el antiguo testamento. ¿Y con qué nos encontramos en estos días previos a la celebración? Con un árbol de Navidad y con un desubicado Papá Noel que nada nos dice y no pertenece a nuestra tradición religiosa. Viene abrigadísimo, cuando acá tenemos 40 grados de calor. En un trineo que los chicos desconocen y tirado por un reno, animal que los niños tampoco conocen. Cierta vez, una de mis nietas me preguntó porque ese caballo tenía los cuernos tan grandes. Papá Noel vino de la mano de la mundial bebida cola y es el gerente de la sociedad de consumo. Fíjense que en todas las propagandas televisivas comerciales está ofreciendo algo para regalar a los niños: plays, celulares, tabletas. Eso sí, todo lo más caro. ¿Y el Niño Dios? Que es el dueño de la fiesta, que es su cumpleaños, ¿qué pasa con él? Ni una señal en ninguna parte. Antes, en las vidrieras de los comercios lucían hermosos pesebres. Ahora, no sólo no luce en ningún escaparate, sino que muchas veces ni en los mismos hogares. Atesoro un recuerdo tierno de mi infancia, cuando a la medianoche de la víspera, los pequeños de la familia llevábamos en procesión al Niño Dios y lo colocábamos en su cuna del pesebre cantando villancicos. Creo que la niñez de hoy desconoce absolutamente qué es un villancico. Son los padres y maestros muchas veces, los responsables, los que les inculcaron Papá Noel a sus pequeños y son los que deben devolverle al Dios-Niño su día. Y después no nos desgarremos las vestiduras por las cosas atroces que pasan a diario y que los medios las transmiten al segundo. Cómo no van a suceder si lo hemos expulsado a Dios de la tradición religiosa, de las escuelas, de las oficinas, de la TV, de los periódicos, de todo lugar público, de nuestra vida y hasta de su día, que le corresponde por tradición desde hace más de 2.000 años.

Silvia Neme de Mejail

[email protected]


El pueblo y las malas gestiones

Realmente me avergüenza lo que está sucediendo con estas deliberaciones en el Congreso, por las reformas que afectan seriamente a los sectores más vulnerables que son nuestros sufridos jubilados. Ellos están siendo maltratados de una u otra forma. No me aparto de los argumentos legales que puedan tener, pero hay que respetar los derechos de la clase pasiva. Sí me opongo a la falta total de respeto entre los diputados del oficialismo y de la oposición, y de los dos hacia el pueblo que los eligió. Es totalmente inadmisible y bochornoso que se tomen a golpes de puño e insultos queriendo imponer una discusión, mientras afuera, en las calles, se producían daños en locales comerciales y corridas, filmados por cámaras de seguridad y del periodismo acreditado. Este clima de tensión pone en vilo a nuestra democracia con todas sus instituciones y a un Presidente electo por un pueblo. Estamos a unos días de las fiestas de fin de año y las cosas no están de la mejor manera. Por eso, sería prudente que quienes representan al pueblo en la conducción de los destinos del país, solucionen este problema agotando el diálogo con todos los sectores involucrados, o dejar los proyectos de reformas para tratarlos más adelante. Siempre es el pueblo el que padece por las malas gestiones.

Daniel Francisco Leccese

[email protected]


La realidad de los jubilados

Como jubilada quiero decirles a los recientemente asumidos como diputados y diputadas nacionales peronistas por Tucumán, como el doctor Yedlin, que los votamos no para que traicionen al pueblo, sobre todo a los jubilados, ya que con el dinero que nos sacan se pagarán los intereses de la deuda externa. La lucha que ganó el pueblo unido el jueves pasado no puede quedar en vano. El Presidente dice que nos dará un bono compensatorio. Es una nueva burla, una miseria que la concretaría recién en marzo. Señor Presidente, haga cumplir nuestros derechos. Usted y sus funcionarios, al igual que el gobernador y miembros de su gabinete, ganan buenos sueldos, viajan en avión y con viáticos, todo a costa del pueblo que los votó y que fue engañado por el vicegobernador Jaldo. Los jubilados queremos que tanto los peronistas como los de Cambiemos no nos mientan más; somos personas dignas y queremos respeto. Por favor, miren con ojos propios lo que es nuestra realidad.

María Edelmira Díaz

Roldán 72

Río Seco


Doble “incentivo” para el turismo

Sorprende la “generosidad” de nuestros políticos para malgastar el dinero de los tucumanos y si, en este caso, el regalo es dos veces, peor. El Gobierno hace décadas entregó en créditos fiscales el dinero para construir el hotel “El Mirador de Tafí”, en Tafí del Valle, con el objeto de promover el turismo. Pero nos enteramos hace tres días que por el mismo motivo “regala” $ 36 millones para que lo compren. La ruta desde Tafí del Valle a Amaicha del Valle espera desde hace mucho tiempo ese dinero por exactamente igual motivo.

Juan Andrés Guzmán

[email protected]


Sin refugios en Concepción

Concepción cuenta con escasos refugios en las paradas de la única línea que recorre la ciudad (empresa 9 de Julio). Por eso, la Municipalidad debería invertir en esos refugios y en la medida de sus posibilidades brindarle una ayuda -quizá un subsidio- a la concesionaria del servicio, para que incorpore el aire acondicionado a las unidades. Este último pedido obedece a dos razones: la primera es por los calores que se soporta en Tucumán; y la segunda, por la reciente suba de la tarifa de los taxis.

José P. Alejandro Vega

Lola Mora 2.615

Concepción

Comentarios