Una casa clave en la historia del azúcar

18 Dic 2017

Manuel Riva - LA GACETA

El 24 de diciembre de 1922 quedó inaugurada como monumento histórico la casa del obispo Colombres. “Desde temprano comenzó a llegar un público numeroso”, expresaba nuestro diario respecto del acto, y agregaba: “con mucho entusiasmo se realizó la inauguración”. La ceremonia había tenido que ser suspendida en dos ocasiones debido a los efectos de un temporal que afectó nuestra ciudad. El primer intento fue el 17 de diciembre. LA GACETA titulaba: “hoy será inaugurada su exposición al público”. Pero no se pudo concretar porque la lluvia no lo permitió. El siguiente intento fue el jueves 22, cuando el acto también se vio frustrado a causa de las lluvias. Nuestro diario decía: “debido al mal tiempo se ha postergado la inauguración para el 24”. De tal manera que se cumplió el recordado refrán: “la tercera es la vencida” y la casa fue habilitada al uso público aquel día. Actualmente es el “Museo de la Industria Azucarera”.

En referencia a la casa, se expresaba: “ella conserva para la generación presente todo el hondo significado de un recuerdo casi centenario. Nos habla de aquellos años en que la industria azucarera recién empezaba a diseñarse, todavía en el terreno de las experimentaciones”. Nuestra crónica destacaba la tarea realizada por el doctor Ernesto Padilla en defensa de la edificación. “Abandonada durante muchísimo tiempo, durante el gobierno del doctor Padilla, se ordenó su restauración, encontrándose hoy tal como la viera su primitivo dueño, el fundador de la industria azucarera en Tucumán, doctor D. José Eusebio Colombres”, agregaba el cronista. Además se informaba que la comisión administradora del parque 9 de julio que presidía Ramón Paz Posse “ha querido entregarla a la exposición del público, convirtiéndola en museo, a cuyo fin dos jóvenes, Teófilo Sarmiento y Enrique Santillán, tomaron a su cargo la misión de restaurar los muebles que se hallaban en la Casa Colonial, y que en adelante decorarán la del obispo Colombres”.

Libro de visitas

El libro de visitas o álbum-homenaje se abría con una pequeña semblanza sobre el religioso. Comenzaba con datos sobre su nacimiento, el 6 de diciembre de 1778, su temprana vocación sacerdotal y su graduación en Córdoba en teología. “Se puso del lado de las ideas revolucionarias y firmó el Acta de la Independencia Argentina como miembro del Congreso que la proclamó el 9 de Julio de 1816”, decía la crónica, y agregaba: “fundó la industria azucarera con visión de estadista sin que alcanzara a ver su desarrollo porque la causa de la libertad le reclamó nuevos sacrificios y constituyó una de las cabezas de la Liga del Norte”. En referencia a la casa expresaba: “en este lugar, bajo su celo enérgico y patriótico, se movió el primer trapiche que extrajo el azúcar de la caña”. Para terminar indicando: “a su título de benefactor evangélico, se agrega el de soldado de la libertad civil de la Nación y fundador de la libertad económica de la Provincia”.

El primer firmante del libro fue el gobernador Octaviano Vera, que encabezó los actos junto a sus ministros, legisladores y miembros del Poder Judicial.

Construcción sencilla

“Es una construcción sencilla, de muros lisos revocados y encalados, con una arquería simple de arcos de medio punto, en donde una moldura apenas insinúa el remate de los pilares. Una estructura de madera a la vista, tanto en el entrepiso como en el techo, demuestra que este edificio, aun cuando haya sido construido en la primera mitad del siglo XIX y ya en el período independiente, es totalmente deudor de la arquitectura del período virreinal”. Así la describe un artículo del arquitecto Diego Lecuona.

La casa se había salvado de la demolición gracias al accionar de Ernesto Padilla, que asumió como gobernador en abril de 1913. Fue alertado sobre el hecho por su amigo Miguel Díaz. Dispuso declararlo monumento público y realizar las reparaciones más urgentes. Instaló un trapiche de palo similar al que había usado el obispo y dispuso que allí se realizaría la apertura de los actos del Centenario, en 1916.

En este sentido, Carlos Páez de la Torre (h), en su artículo “Salvación de la casa del obispo”, destacó las obras que se realizaron en 1912 en el paseo, que había sido inaugurado en 1908, para el parquizado de toda su extensión. “Los trabajos incluían, aparte de las tareas de relleno, nivelación y plantación de ejemplares, la demolición de las construcciones que estaban diseminadas por esa área. Y ocurría que, entre las casas condenadas al derrumbe, estaba el vetusto edificio de dos plantas que perteneció al obispo Colombres”.

El parque

Aquel 24 de diciembre de 1922 LA GACETA editó el suplemento navideño con varias notas y una de ellas estaba dedicada al parque 9 de Julio. Allí se indicaban los beneficios que el paseo había traído para la ciudad y advertía que su ausencia sería una complicación para los tucumanos que habían aprendido a quererlo. “La población dominguera, carente de otros sitios de esparcimiento, y ansiosa de respirar un poco de aire, veíase obligada a jirar en torno de las cuatro cuadras embaldosadas de la plaza Independencia o a tragar tierra buscando una expansión para la vista, a tres leguas de la ciudad en plena montaña”, decía la crónica. Expresaba su reconocimiento a quien había sido el artífice del paseo, León del Soldati. “Con esa visión de estadista que lo caracterizó hizo sancionar en 1906 por el Congreso Nacional una ley de saneamiento de los terrenos del Bajo, por lo que se ordenó la expropiación de los mismos”, recordaba, y anunciaba que en 1923 se inauguraría el Rosedal. Por otro lado se destacaba la importancia que tomaba la finca de Colombres como otro atractivo para el público. “El parque es el paseo de moda en Tucumán. En estas tardes sofocantes, el pueblo acude a respirar aire fresco en sus prados desgranándose entre las avenidas y jardines. Van allí, desde lo más aristocrático de nuestras damas hasta el obrero humilde”.

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