Somalia, asolado por hambre guerras, sufre su peor atentado

La milicia Al Sabaab es responsable por la explosión que mató a más de 23O civiles. El ataque se suma a otras violencias en el país, que vive el enfrentamiento de grupos rivales desde 1960. Hay seis millones de personas en riesgo alimentario

16 Oct 2017
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INFIERNO. Un camión lleno de explosivos estalló en plenol Mogadiscio. reuters

MOGADISCIO, Somalia.- El devastador atentado que perpetró un grupo terrorista este fin de semana en la capital de Somalia -y que dejó al menos 231 muertos y más de 300 heridos, la mayoría civiles- es el peor de su historia, pero no el primer hecho de violencia, en un país asolado desde hace casi seis décadas por guerras civiles, sequías, hambrunas y hasta piratas.

Somalia es uno de los cinco países más pobres del mundo, con millones de personas en riesgo de hambre, un gobierno débil y milicias terroristas islámicas activas y con vínculos con Al Qaeda y Estado Islámico.

“A ellos no les importan las vidas del pueblo somalí”, afirmó el primer ministro Hassan Ali Khaire. “Han atacado el área más poblada de Mogadiscio y sólo han matado a civiles”, dijo.

La explosión del camión cargado con explosivos sacudió varias cuadras a la redonda del Safari Hotel, lugar de encuentro de extranjeros y funcionarios.

Según las investigaciones, -reporta el diario colombiano “El Espectador”, los autores de la masacre habrían sido los miembros de Al Shabaab, (“Juventud”, en árabe) grupo terrorista ligado a Al-Qaeda, que aún tiene influencia en el cuerno de África.

Esta milicia radical ha sido la responsable de decenas de ataques que han dejado miles de muertos en Somalia y en Kenia.

Según el Centro Africano de Estudios Estratégicos, el año pasado Al Shabaab mató a 4.281 personas, más que ninguna otra milicia del continente. El grupo sunita fue creado en 1998, tiene vínculos con la red terrorista Al Qaeda y coopera con Boko Haram, que actúa en Nigeria.

Su objetivo es implantar un Estado teocrático en el Cuerno de África y el blanco de sus ataques suelen ser supermercados, restaurantes y hoteles, además de centros militares y policiales.

Se cree que cuenta con 7.000 miembros, la mayoría provenientes de campos de refugiados en la frontera entre Somalia, Kenia y Etiopía. Han atacado otras veces, pero no con la virulencia de este fin de semana.

El presidente somalí, Mohamed Adbullahi Farmaajo declaró en abril el “estado de guerra” con el fin de atacar a este grupo terrorista. La respuesta de Al Shabab han sido más ataques.

Somalia es -en su mayoría- musulmana, pero está dividida en facciones que desde 1960 se han disputado el poder.

Los principales grupos son los Issak, al norte, los Ogaden, al oeste, los Hawiyé en el centro y los Darod al suroeste. Ponerlos de acuerdo ha sido imposible.

El debilitado gobierno debe enfrentar, además, a los piratas, que convirtieron al país en una multinacional del crimen, con el secuestro de barcos cargueros como modo de hacer negocios.

Como si fuera poco, el país sufre una sequía que pone en peligro a seis millones de personas. En junio de este año se declaró la alerta.

Esta sería la tercera hambruna desde la que conmovió al mundo en 1992. La última hambruna que sufrió Somalia, en 2011, provocó la muerte de 260.000 personas.

Sequía, guerra y hambre forman una tríada funesta en cuerpos debilitados. Ya se han declarado brotes de cólera y diarrea, que completan ese círculo.

La inseguridad alimentaria, que se extiende a Nigeria, Sudán del Sur y Yemen, ha causado una nueva crisis de desplazados.

Para los gobiernos del mundo no debería ser una sorpresa, entonces, que Somalia sea el blanco de atentados cada vez más sangrientos.

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