Con brotes verdes, la economía se recupera, pero aún le falta vigor

01 Oct 2017
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La economía argentina transita una fase de recuperación o, como le gusta decir a los analistas, manifiesta el “efecto rebote” luego de un 2016 traumático para el rumbo del país.

Con demora de un año, llegó el tan esperado segundo semestre. Al asumir la actual gestión de gobierno, las expectativas de recuperación de la economía estaban centradas en el segundo semestre del año pasado. Si bien, desde hace varios meses empezaron a germinar los brotes verdes, es en las últimas semanas cuando empezaron a verificarse datos más sólidos de recuperación de la economía, considera el economista Eduardo Robinson.

En efecto, los indicadores económicos y sociales dan cuenta que la construcción se expandió un 13%, la industria un 5%, ambos guarismos, en relación a agosto del año pasado, la actividad económica creció un 4,9% en julio de este año respecto de igual mes de 2016 y lleva cinco meses consecutivos de recuperación. Un dato relevante, es que en los siete primeros meses del año subió 2,1% en relación a igual periodo del año pasado. Por su parte, el EMI (Estimador Mensual de la Actividad Económica), de los 16 sectores que componen este indicador, solo dos mostraron resultados negativos: Explotación de minas y canteras y Electricidad, agua y gas, enumera. Asimismo, la pobreza también se reduce. El índice de pobreza pasó del 30,3% del período julio-diciembre de 2016 a 28,6% en el primer semestre del año en curso. Disminuye el desempleo. De acuerdo con los últimos datos, la tasa de desempleo pasó de un 9,2% registrado en el primer trimestre a un 8,7% en el segundo trimestre de 201. En el segundo trimestre del año pasado, la tasa de desempleo oficial se ubicó en un 9,3%.

La inflación, si bien todavía es alta, la variación de precios entre diciembre de 2016 e igual mes del año vigente se ubicará alrededor del 20%, esto es, la mitad de la que se registró el año pasado y la variación de precios muestra una tendencia decreciente. Si bien la inflación aún es elevada, se empezó a desacelerar, lo que es un factor reactivante para el consumo. A este factor, hay que agregar la fuerte reactivación del crédito al sector privado en sus distintas líneas, prendarios, hipotecarios y personales, más los destinados a beneficiarios de planes sociales, indica Robinson. Los préstamos al sector privado se expandieron en los primeros siete meses del año un 55% con respecto a igual periodo del año pasado.

“!Sin dudas, la recuperación que evidencia la economía, será un factor importante en el proceso electoral. El gobierno puede mostrar que los lineamientos de la política económica establecidos oportunamente bajo la denominación de gradualismo, empezaron a rendir en términos de reactivación y podría ser positivamente valorado por los votantes”, plantea el economista. Claro, la comparación de los indicadores se efectúa con relación al año pasado que fue muy anémico en términos de actividad económica. Pero, hacia el último trimestre empezaran a alcanzar y a superar los porcentajes del 2015, año previo a la profundización de la recesión. Ante esta situación, la pregunta es: ¿la recuperación será sostenible?, ¿se pasará de reactivación a crecimiento? La pregunta es pertinente, si se considera, que en rigor la economía empezó a transitar un proceso de recuperación, pero no de crecimiento. La etapa de crecimiento es más exigente. Entre otras cosas, debe haber un sendero sostenido de la tasa de inversión, de formación de capital. Para ello la economía requiere ser previsible. Si el horizonte no es claro y se suman inconsistencias, puede haber rebote, pero no crecimiento y menos desarrollo. En el mismo sentido que Robinson se expresa el economista Adrián Ravier, que indica que los brotes verdes de ahora están relacionados, en parte, con lo producido por el blanqueo de capitales y algo de inversión, de tipo keynesiana, que, si bien da resultados en el corto plazo, esa demanda de gasto público será difícil de sostener en los años subsiguientes.

“Lo que más inquieta es si este crecimiento proyectado del 3,5% para este año pueda llegar a sostenerse en 2018”, plantea. De no ser así, y creciendo, por ejemplo, a una tasa del 2%, será una expansión tan baja que no podrá resolver los problemas de fondo como la cuestión fiscal. “La apuesta de Gobierno es que la recaudación aumente, vía crecimiento económico, y así se reduzca el déficit, sin ajustar el gasto público. Así, el problema persistiría”, advierte Ravier.

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