La narración oral en el hecho educativo

05 Ago 2017

Es una de las expresiones más antiguas del ser humano que tenía el objetivo de comunicar un suceso verdadero o fabuloso. Era el modo de contar la historia. Homero, el vate griego, recorría los pueblos contando la Ilíada y la Odisea. La narración oral ha sobrevivido a lo largo de los siglos y es una amiga frecuente en los hogares donde hay niños, cuando estos tienen la suerte de que sus padres o sus abuelos les cuentan historias. ¿A qué adulto no le gusta escuchar relatos?

Concluirá hoy la segunda edición del Encuentro Internacional de Narradores “Congresales de la Palabra”, organizado por Ente Cultural, que cuenta con la participación de 50 cuentacuentos de México, Uruguay, Colombia, Chile, Perú, Bolivia Buenos Aires, La Pampa, Chubut, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Rosario y Catamarca. Las jornadas están dirigidas a docentes, actores y narradores.

La chilena Carmen Laborde señala que en África, por ejemplo, la figura del narrador es reverenciada, es el sabio, el que tiene el don de la palabra. Sostiene que la narración oral exige un repertorio para todo público. “Trato de acercar los bienes de la cultura a sectores vulnerables y en escenarios poco usuales. Participé de un proyecto llamado ‘Cuentos en ausencia’ con madres privadas de libertad; en otro denominado ‘Cuentos para curar’, con niños internados en un hospital”, afirma.

Su colega porteña Claudia Macchi señala que no se lee un cuento. “Uno tiene que hacer propio el cuento, y en ese hacer propio están nuestras palabras, emociones, sentires, lo vestimos con un montón de cosas nuestras, que repercutirán en quien escucha”, explica.

Laborde asevera que por el vínculo que se genera, el cuento no se completa si no hay una oreja que escucha. “Es un vínculo de humanidad, fundamental en una sociedad de lo desechable”, sostiene.

Una experiencia parecida comenzó en febrero pasado, organizada por Jorge Montesino, escritor entrerriano radicado en esta ciudad. El ciclo de relatos orales de terror, auspiciado por la Dirección de Cultura capitalina, se viene realizando desde entonces en distintos escenarios; algunas de las presentaciones tuvieron lugar en cementerios, con una inusitada adhesión del público.

Desde todo punto de vista se trata de experiencias positivas que deberían profundizarse en el hecho educativo. Sería más que interesante promover la narración oral entre los chicos de la primaria y secundaria, especialmente en el interior de la provincia donde aún subsisten en el inconsciente colectivo leyendas y mitos que podrían revivirse con la doble finalidad del aprendizaje y de la difusión. Podrían organizarse luego concursos interescolares de narraciones orales y complementarlos con otros de dibujo, que ilustren las historias.

Hace unos años, la escritora tucumana Honoria Zelaya de Nader creó un espacio para que padres y abuelos se iniciaran en la narración oral y se recuperara el hábito de contarles cuentos a los chicos a la hora de dormir. En ese sentido, sería interesante que la experiencia fuera tomada, por ejemplo, por el PAMI con ese objetivo.

Nos parece que desde el Estado se deberían potenciar estas experiencias que buscan recobrar la sana costumbre de la lectura, así como afianzar el afecto y complicidad entre niños y adultos. Pero tal vez la mayor virtud de la narración oral radica en que genera una interacción entre el relator y el oyente, estimula la imaginación y recrea la comunicación que es el sustento de toda relación saludable.


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