Todo es Historia y el país que hoy tenemos

09 Jul 2017

> Por María Sáenz Quesada

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

Todo es Historia, la publicación iniciada en mayo de 1967, por Félix Luna, en las oficinas de la editorial Honegger, México y Avenida La Plata, en pleno barrio porteño de Almagro, mostró desde el comienzo la intención de trascender los límites de la entonces capital federal. No se trataba de proclamar federalismo y amor a las provincias, y de seguir pensando al país de su centro político, sino de la más silenciosa tarea de buscar la trama del pasado nacional en el cruce de Buenos Aires y las provincias, la ciudad y los barrios, doctores y caudillos, indígenas y españoles, criollos e inmigrantes, de las raíces prehispánicas a la historia reciente, de los mitos al pensamiento crítico. Para cumplir ese ambicioso objetivo, convocó a un amplio espectro de historiadores profesionales, periodistas de investigación y simples aficionados a sumarse al gran relato de la historia nacional sin prejuicios ni exclusiones arbitrarias. Así fue cómo a partir de los primeros números, hechos y protagonistas olvidados cobraron vida en páginas en las que la lectura del pasado no se reducía al conflicto clásico entre las visiones revisionista y liberal; había mucho más por investigar y narrar.

Félix Luna contaba por vocación y herencia con las condiciones necesarias para llevar adelante su propósito integrador. Nacido y educado en Buenos Aires, de antiguo linaje colonial riojano por el lado paterno y por la madre nieto de inmigrante asturiano, casado con una riojana, recorrió el país profundo, incluso a lomo de mula. Buscaba la respuesta al interrogante planteado por Sarmiento en Conflictos y armonías, libro que lo había fascinado en su infancia: “¿Argentino? Hasta dónde y desde cuándo…” Hizo suya asimismo otra definición del ilustre sanjuanino: “Yo soy provinciano en Buenos Aires, porteño en las provincias y argentino en todas partes”.

Ajeno a la intolerancia y a la miopía que suele afectar no sólo a nuestros políticos, sino también a nuestros intelectuales, no se sintió dueño de la verdad. Por eso escribió con solvencia sobre figuras antagónicas tales como Yrigoyen y Perón, los caudillos y Roca. Su visión histórica se refinaba en la medida que avanzaba en el conocimiento del pasado y la experiencia directa del presente, a fin de evitar los juicios terminantes, las afirmaciones sin vueltas. Intentó encontrar las claves del pasado, en sus rupturas y en sus continuidades y siempre tuvo en claro que la historia se nutre de lo grande y de lo pequeño, de las campañas y de las ciudades.

En unos apuntes en que narra la historia familiar, destinados a sus descendientes, agradece lo que sus ancestros de La Rioja colonial hicieron “para construir a su modo y en su época, el país que hoy tenemos”. Y en su carácter de director de Todo es Historia, se dio el gusto de proponer a sus colaboradores que investigaran asuntos que le habían llamado la atención en el curso de sus lecturas o de sus itinerarios: los invitó a hacerse cargo del pasado, a escribir, a seguir escribiendo y a sumar esfuerzos en el reconocimiento de los materiales dispersos sobre los cuales sucesivas generaciones, entre aciertos y errores, construyeron la patria de los argentinos.

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María Sáenz Quesada -

Directora de Todo es Historia.

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