Vea amigo: Yerba Buena homenajeó a Alberto Calliera

El Concejo Deliberante de la ciudad donde vive hace 30 años lo nombró Ciudadano Ilustre. El humorista, escritor y ensayista recibió la distinción a su manera, en tono crítico menguado por la broma. Comenzó en el humor hace 36 años, con una viñeta que publicaba el diario “La Tarde”.

02 Jul 2017

Está sentado en el recinto de sesiones del Concejo Deliberante de Yerba Buena. Es la primera vez que entra allí. Lo acompañan su esposa y sus cuatro hijos.

Oye que pronuncian su nombre. Se pone de pie, pasa al frente, señala a sus interlocutores con el dedo índice -el gesto que lo caracteriza y que conocen las personas que durante 30 años lo han visto en la televisión- y les dice:

“Vean amigos. Al menos esto sirve para que se pongan de acuerdo”. Y sonríe. Donato Alberto Calliera ha sido distinguido, hace unos días, por el Concejo Deliberante de esa ciudad. Le dieron el diploma de Ciudadano Ilustre de la tierra en la que vive desde hace tres décadas. El humorista, escritor y ensayista recibió su distinción con un discurso en tono crítico menguado por la broma. Porque el humor político -explica- consiste, justamente, en convertir un drama en una comedia.

- ¿Cuál es su mirada de la ciudad en la que ha sido homenajeado?

- Me acuerdo de un chiste que escribí una vez, sobre un vecino de Yerba Buena que decía que no aguantaba más y se mudaba al centro en busca de tranquilidad (vuelve a sonreír). Es una lástima que no se haya hecho una planificación del crecimiento de la ciudad para así poder acrecentar las bellezas naturales que tiene. Antes, quien vivía aquí sentía que estaba dentro de un parque. Ahora no se puede ni manejar por la congestión vehicular.

- ¿Qué diría una pieza de humor sobre los yerbabuenenses?

- Diría que somos caóticos y anarquistas. No respetamos nada. Por cada regla que se hace, ¡se escriben 80 excepciones! En realidad, el tucumano, en general, tiene esas características. Pero aquí se nota más porque, de pronto, una casa importante convive junto a un basural. Hay una complicidad entre la ineficiencia municipal y la desinteresada colaboración de los vecinos. Muchachos: hagamos una cosa, ¡dejemos los basurales y traslademos los barrios! Será más fácil.

- Cada humorista tiene su máscara y arma su pose. ¿Cuál es la suya?

- He aprendido a hablar frente al camarógrafo como si estuviera en un café. Entonces converso, con soltura, de política, economía y deportes.

- ¿Qué otras cosas ha ganado en sus años ante las cámaras?

- Al comienzo, uno no se da cuenta de que, a través de la televisión, entra en las casas de las personas; se mete en sus intimidades. A veces, del otro lado te miran personas enfermas o solas que agradecen que las hagas sonreír.

Un dato que Calliera se encarga de repetir, cada vez que puede, es que su oficio le apasiona. Le apasiona, por ejemplo, descubrir las mentiras de los personajes influyentes, como los políticos. “Todo el tiempo nos engañan. A través del humor puedo desnudarlos; decir la verdad. Y esto sólo puede hacerse cuando hay democracia. Por eso, los dictadores prohíben el humor. Le tienen miedo porque los ridiculiza, los baja del pedestal en el que se colocan”, reflexiona.

Un trío de chismosas

Durante sus años de televisión, su saludo de cabecera ha sido “vea amigo”. Se ha servido de las chismosas Palmira, Cuca y Ruperta, que le dan a la lengua en la vereda de sus casas para provocar, a través de una sonrisa, una reflexión sobre la realidad. También tiene otros personajes, como los gauchos Adefesio y su hijo Nosocomio, llamado así porque nació en un nosocomio; o el pastor Joao Colgao do Palmeira, o el hombre invisible (”al que le echan la culpa de todo porque aquí nadie es culpable”, dice).

Pese a lo prolífico de su trabajo en la TV, sus orígenes en el humor se remontan a La Tarde, el vespertino que editaba LA GACETA y donde comenzó, en 1981. Desde aquellas primeras viñetas, Calliera reivindicaba lo que sería su imperativo a la hora de pensar los chistes: que hagan reír y que motiven -sobre todo- una reflexión. Actualmente, tiene dos columnas diarias en LA GACETA y colabora, además, para LA GACETA Literaria. A la siesta presenta su micro en el informativo de Canal 10. “El humor no soluciona ningún problema -apunta-. Pero sí los hace más llevaderos”.

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