27 Enero 2017 Seguir en 
“Cuando la Policía nos agarra, nos pregunta: ¿dónde está la coca? Lo peor es cuando nos escuchan la tonada. Para ellos supuestamente vendemos drogas, cuando en realidad somos muy trabajadores”. El colombiano Oscar Eduardo Bedoya, de 34 años, llegó al país hace un año. Vino directamente a Tucumán desde su Cali natal. En Alderetes lo esperaban sus hermanos Fernando, de 26 y Julián (24) con quienes llevan adelante el negocios.
Los hermanos Bedoya tienen una fábrica de muebles en calle Santiago al 600, en el barrio Independencia. Se trata de un emprendimiento familiar y según explicaron, abandonaron su país porque allí el oficio de carpinteros es muy común y son pocas las chances de trabajo. “Allá se trabaja mucho la madera y la competencia es demasiada”, explicó el mayor de los hermanos que prefirió no ser retratado por el fotógrafo.
Sobre sus compatriotas que residen en la zona este de la provincia, comentó: “la mayoría de los paisanos que conozco trabajan la madera. Algunos compatriotas que llegan al país y no tienen carpintería compran muebles al por mayor y salen por los barrios a vender en cuotas. Les vendemos los muebles armados y ellos los ofrecen a los vecinos”.
Los colombianos explicaron que desconocen si algunos de sus compatriotas residentes en países limítrofes ingresan drogas a Argentina. “Puede ser que haya paisanos que vienen de Bolivia y que cruzan la frontera para Argentina, pero no sé a qué se dedican porque no los conozco. Para nosotros es mejor que se investiguen estas cosas porque somos los primeros que queremos trabajar tranquilos sin que nos acusen de narcos cuando somos una comunidad trabajadora”, aseguraron.
Los colombianos cargan sobre sus espaldas el estigma del narcotráfico y los prejuicios de quienes creen que vienen a instalarse a la Argentina para dedicarse a la venta de drogas.
Sin embargo, al ser consultados sobre esta situación, ellos aseguran que en nuestra provincia se consumen muchas más sustancias ilegales que en su Cali natal.
“Para mí aquí se consume mucha más droga que en Colombia. En este barrio se ven chicos drogándose en las esquinas; eso allá no se ve”, explicó Fernando. “En Colombia la Policía es muy estricta y al problema del narcotráfico lo investigan en serio”, sentenció.
Consultado sobre la relación que mantienen con los vecinos, Fernando aseguró: “por ahora nos tratan muy bien”. Los caribeños prefirieron no hacer declaraciones sobre las nuevas medidas inmigratorias que impulsa la Nación.
Vecinos
Alrededor de 60 colombianos residen en algunos de los 87 barrios que tiene Alderetes. Los más conocidos son: Los Álamos, Villanueva, San Nicolás y El Corte.
“Son buena gente, los conozco desde hace unos cuatro años y nunca tuvimos problemas”, contó Jorge Barrionuevo, quien reside en el pasaje Río Negro (ubicado a la altura de avenida Rivadavia al 2.000.
“Trabajamos para ellos vendiendo espejos. Los vendemos en cuotas”, comentó Carlos mientras empujaba el carro en el que traslada los muebles que luego ofrece puerta a puerta. “Lo que veo es que andan con sus familias y son trabajadores. La mayoría son carpinteros y tratan de ayudarse entre ellos”, contó Alejandro, quien reside en la zona céntrica.
“Desde hace unos cinco años comenzaron a verse más colombianos en la zona. Se dicen muchas cosas. No sé qué será verdad y qué falso. La mayoría son trabajadores; quizás otros no, pero no hay que generalizar por eso”, reflexionó un comerciante que pidió que se preserve su identidad.
Las fuentes policiales consultadas aclararon que no hay registros de colombianos que hayan participado de hechos delictivos.
Los hermanos Bedoya tienen una fábrica de muebles en calle Santiago al 600, en el barrio Independencia. Se trata de un emprendimiento familiar y según explicaron, abandonaron su país porque allí el oficio de carpinteros es muy común y son pocas las chances de trabajo. “Allá se trabaja mucho la madera y la competencia es demasiada”, explicó el mayor de los hermanos que prefirió no ser retratado por el fotógrafo.
Sobre sus compatriotas que residen en la zona este de la provincia, comentó: “la mayoría de los paisanos que conozco trabajan la madera. Algunos compatriotas que llegan al país y no tienen carpintería compran muebles al por mayor y salen por los barrios a vender en cuotas. Les vendemos los muebles armados y ellos los ofrecen a los vecinos”.
Los colombianos explicaron que desconocen si algunos de sus compatriotas residentes en países limítrofes ingresan drogas a Argentina. “Puede ser que haya paisanos que vienen de Bolivia y que cruzan la frontera para Argentina, pero no sé a qué se dedican porque no los conozco. Para nosotros es mejor que se investiguen estas cosas porque somos los primeros que queremos trabajar tranquilos sin que nos acusen de narcos cuando somos una comunidad trabajadora”, aseguraron.
Los colombianos cargan sobre sus espaldas el estigma del narcotráfico y los prejuicios de quienes creen que vienen a instalarse a la Argentina para dedicarse a la venta de drogas.
Sin embargo, al ser consultados sobre esta situación, ellos aseguran que en nuestra provincia se consumen muchas más sustancias ilegales que en su Cali natal.
“Para mí aquí se consume mucha más droga que en Colombia. En este barrio se ven chicos drogándose en las esquinas; eso allá no se ve”, explicó Fernando. “En Colombia la Policía es muy estricta y al problema del narcotráfico lo investigan en serio”, sentenció.
Consultado sobre la relación que mantienen con los vecinos, Fernando aseguró: “por ahora nos tratan muy bien”. Los caribeños prefirieron no hacer declaraciones sobre las nuevas medidas inmigratorias que impulsa la Nación.
Vecinos
Alrededor de 60 colombianos residen en algunos de los 87 barrios que tiene Alderetes. Los más conocidos son: Los Álamos, Villanueva, San Nicolás y El Corte.
“Son buena gente, los conozco desde hace unos cuatro años y nunca tuvimos problemas”, contó Jorge Barrionuevo, quien reside en el pasaje Río Negro (ubicado a la altura de avenida Rivadavia al 2.000.
“Trabajamos para ellos vendiendo espejos. Los vendemos en cuotas”, comentó Carlos mientras empujaba el carro en el que traslada los muebles que luego ofrece puerta a puerta. “Lo que veo es que andan con sus familias y son trabajadores. La mayoría son carpinteros y tratan de ayudarse entre ellos”, contó Alejandro, quien reside en la zona céntrica.
“Desde hace unos cinco años comenzaron a verse más colombianos en la zona. Se dicen muchas cosas. No sé qué será verdad y qué falso. La mayoría son trabajadores; quizás otros no, pero no hay que generalizar por eso”, reflexionó un comerciante que pidió que se preserve su identidad.
Las fuentes policiales consultadas aclararon que no hay registros de colombianos que hayan participado de hechos delictivos.







