“Hay que aprender a esperar” - LA GACETA Tucumán

“Hay que aprender a esperar”

La reflexión sobre el vértigo, sobre los contactos efímeros, es uno de los grandes temas de estos tiempos, afirma el filósofo y poeta.

23 Nov 2016
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SIN URGENCIAS. La poesía se sustrae al mercado porque no es una respuesta a la demanda exterior, afirma Kovaldoff. Archivo.


› Santiago KOvadloff
Ensayista,  filósofo, poeta, traductor de literatura de lengua portuguesa, autor de relatos para niños,  es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Su último libro es “Hombre reunido”, donde concentra parte de su obra poética.

Cada vez que Santiago Kovadloff visita Tucumán, no se sabe si aparece el poeta, o el ensayista, o el filósofo, o el coprotagonista del espectáculo “Inspiraciones”, en el que con una troupe que incluye a su hija Valeria maceran juntas la poesía y la música. De todos modos, al margen de ese don de la multiplicidad, el factor común en el autor de “El silencio primordial” es el don de la palabra, sea el registro que fuere. Este mes pasó por Tucumán, donde presentó su libro “Hombre reunido”, que condensa su obra poética. La presentación fue en un lugar poco ortodoxo para la poesía: el patio de comidas del Shopping del Portal, en una tarde lluviosa. Pero Kovadloff se siente cómodo en cualquier contexto. Y en cualquier registro. 

“Tengo la impresión de que un escritor a veces tiene la potestad de trabajar en distintos registros, como le ocurre a un músico; y yo tengo la posibilidad, más allá de la calidad, de sentir la convocatoria de distintas modalidades de enunciación; la poesía, el ensayo, la lectura, la interpretación actoral, de los textos...”, reflexionó, en una charla con LA GACETA en la que también se coló la política.

- ¿ Cuándo aparece la necesidad del ensayo, y cuándo la del poema?

- Es interesante, porque hay géneros que efectivamente revelan mayor o menor penetración. La poesía es un género de escasa divulgación, y con un público realmente minoritario, si lo comparamos con el ensayo o la crónica periodística. Pero, de todas maneras, la necesidad que motiva la aparición de un texto es siempre la misma: se define por la urgencia con que reclaman atención, por la intimidad con que nos convoca y por la perseverancia en que insiste ser atendida cuando uno la desoye.

- Usted parece haber nacido con el don de la palabra. ¿Ya era así de chico?

- Le voy a comentar algo a lo que me lleva su pregunta. Yo me eduqué en un colegio italiano en Brasil, donde estuve entre 1957 y 1962. Y en ese colegio, que se llama Dante Alighieri, tuve maestros excepcionales, entre ellos una profesora de historia moderna que solía convocarnos a exponer al frente, y que decía cosas como ésta: a ver, dígame, ¿ cuál fue el papel del Tercer Estado en Francia hacia 1781?. Inmediatamente agregaba: recuerde que yo ya lo sé. Qué quería decir ella con eso: “me importa saber qué hace usted con lo que yo le doy”; y evaluaba el “cómo”; porque en el “cómo” se evaluaba la calidad de la percepción. Y yo no sabría explicarlo más que por la evidencia de que todos los géneros me convocan.

- ¿Por qué piensa usted que se escribe tanta poesía, género que no tiene buen mercado?

- Porque la poesía no es una respuesta a la demanda exterior, sino a la íntima necesidad de hacerlo. Pero, por otra parte, creo que el poeta es alguien que está persuadido no del valor de “su poesía”, sino del valor de la poesía como una concepción de la verdad; como una concepción del encuentro con los semejantes, como la posibilidad de sustraer las cosas a la obviedad en que las costumbres la sumergen.

- ¿Cuáles son las cuestiones que convocan al Kovadloff filósofo, en estos tiempos?

- Yo le diría que uno de los temas más apasionantes de nuestro tiempo es, justamente, el del vértigo generado por los excesos de velocidad en los contactos. La frivolidad que acompaña a esos contactos efímeros, la dificultad que tenemos para sustraernos a esa demanda de inmediatez que generan los mismos medios de comunicación- no digamos ya el periodismo- los celulares, las redes. Hay que aprender a esperar. Y yo creo que reflexionar sobre el vértigo, sobre la velocidad, es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo para comprender qué estamos haciendo de la la subjetividad. En la medida en que la subjetividad está expuesta a esta demanda de inmediatez, fatalmente está condenada a contactos efímeros y a contenidos igualmente efímeros. Esta apología de lo provisional va muchas veces en desmedro de lo que merece ser entendido como perdurable.

-Usted ha manifestado su adhesión a Cambiemos, ¿cómo lo evalúa a este momento?

- Creo que la Argentina, a partir de diciembre, ingresó en una etapa de intento de recuperación de los valores constitucionales y republicanos que había quedado interrumpida en la transición del autoritarismo de la dictadurea militar a los gobiernos civiles que se sucedieron: desde el primero, que vuelve inolvidable la figura de Alfonsín más allá de sus errores en el orden político y hasta económico. Lo cierto es que esa transición a la democracia quedó incumplida y promovió el regreso del caudillismo. Creo que con el gobierno de Macri se inicia una etapa en los que se está buscando la sujeción del poder político a la ley y no de la ley al poder político, que es lo que hemos padecido en los últimos 12 años.

- ¿ Usted se siente un intelectual macrista?

- No, para nada. Creo que sería imposible, para cualquier intelectual, adherir a un régimen determinado. Un intelectual es alguien que puede mostrarse solidario con una orientación - yo me siento identificado con Cambiemos - pero no soy un hombre de partido. No soy un hombre partido.

- ¿ Qué balance hace de la literatura argentina actual?

- Estamos en un proceso muy rico. Por un lado, más allá de los jóvenes tienen que desplegar su protagonismo, la Argentina tiene que aprender a valorar a figuras como (Ricardo) Piglia; o Silvia Iparraguirre, o Liliana Heker, que han probado a lo largo de sus vidas - entre los 50 y los 70 años- que son capaces de generar una literatura sumamente rica en tres aspectos: lo estilístico- una narrativa que, siendo coloquial, es al mismo tiempo muy honda; lo poético, puesto que todos los temas que abordan suelen ser dignos herederos de las enseñanzas de Borges y Cortázar; y un tercer aspecto, que tiene que ver con el acceso a la literatura de sectores marginados que habían encontrado en estos escritores un terreno auspicioso, que se ve alentado por la enseñanza escolar y por la enseñanza universitaria.

- ¿Qué se pierde aquella persona que no lee?

- Un mejor encuentro consigo mismo.


Seguí el viaje 

Desde la vez que se salvó de un asalto con un machete, en Colombia, hasta cuando presenció un entierro celestial o Tianzang, una antigua tradición funeraria del budismo tibetano, en Litang, China, todas las anécdotas y colores del viaje de Pablo García pueden seguirse en la página www.pedaleandoelglobo.com. Ahí está a la venta la primera parte de su documental, hay un formulario de contacto y también una opción para hacerle una donación.


Números en ruta

 153.000

Kilómetros lleva recorridos

105

Países atravesó en su travesía

100

Kilómetros por día es su promedio

85

Kilos pesa su bicicleta cargada

15

Años lleva viajando por el mundo

3

Novias ha tenido Pablo en su viaje

 Cinco lugares para volver

- Jordania, por su hospitalidad y generosidad. Según Pablo es una característica de todo Oriente Medio, a pesar de lo que pudiera pensarse.

- India, por su espiritualidad.

- China, por su belleza e inmensidad.

- México, por sus playas maravillosas

-  Cuba, por los valores y la educación de su gente.


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