EN EL AEROPUERTO. Los pilotos junto a su avión a poco de aterrizar junto a los representantes de nuestro diario y del aeroclub tucumanos.
13 Noviembre 2016 Seguir en 

La imaginación de los tucumanos se potenciaba en aquellos años de la tercera década del siglo XX cuando el ruido de un motor se hacía escuchar desde los cielos. Que un avión surcara sobre sus cabezas era un atractivo imán. Rapidamente se dirigían hacia el aeropuerto Benjamín Matienzo. A mediados de noviembre de 1926, los pilotos mendocinos Virgilio Sguazzini y Agustín Balducci Biondi llegaban al Jardín de la República como parte de su raid por 14 provincias, que eran las existentes en esos años: el resto eran territorios nacionales.
El largo viaje, que insumió poco más de un mes para completarse, había comenzado en Mendoza a principios de noviembre. LA GACETA señalaba: “se está realizando una magna empresa aviativa por parte de jóvenes criollos, quienes han proyectado un raid de cerca de 6.000 kilómetros”.
La idea contó con apoyo del pueblo mendocino, de donde eran oriundos los aviadores, quienes por medio de suscripciones obtuvieron lo necesario para disponer de una aeronave. “Cubrieron las primeras etapas con promisor resultado y regularidad. Pero la mala suerte le salió pronto al encuentro. Poco antes de llegar a Catamarca el avión sufrió un desperfecto que los obligó a realizar un aterrizaje forzoso con daños para el aparato”, seguía la crónica. Consideraron acabado el raid, pero el Aero Club mendocino envió otra nave, un Curtiss Mercury, para continuar el viaje. El avión servía para entrenamiento de nuevos pilotos y ahora sería usado para continuar el viaje. El “Coronel Barcala” -ese era su nombre- llegó a Tucumán a las 9,38 del 15 de noviembre de 1926, cuando se divisó la dorada figura sobre nuestra ciudad. El viaje había durado unas cuatro horas, ya que los pilotos decidieron, “debido al mucho uso de la nave que no podría superar los picos, hacer el viaje por Recreo, aunque la distancia se duplicaba”.
En el aeródromo eran esperados por representantes del aeroclub local y los representantes de LA GACETA, Manuel Abella y Julio Robles.
Casi como expertos conocedores de nuestra estación aérea, los pilotos enfilaron desde el sudoeste sin errores para hacer un aterrizaje perfecto. Luego de asegurar el avión se dirigieron a nuestro diario, donde departieron con nuestros cronistas y a los que les relataron las peripecias vividas hasta ese momento. Además de anunciar la gran expectativa que tenían en la continuidad del viaje que uniría al país. También fueron recibidos en la Cámara de Diputados y fueron agasajados con un banquete en el Savoy Hotel. Nuestra provincia los recibió con todos los honores. Al día siguiente partieron hacia Jujuy, luego pasaron por Salta para retornar hasta Tucumán a realizar algunos ajustes en la nave que continuó su largo camino. El periplo culminó unos 20 días más tarde en la ciudad que los vio partir. Pasaron por Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, La Plata y Morón entre otras.
Acerca de nuestra aviación, Sguazzini destacó su crecimiento y desarrollo, además de reconocer los méritos del presidente del aeroclub Nicanor Posse. E informó que el viaje se hizo posible con las suscripción de los mendocinos que recaudaron unos 27.000 pesos.
El largo viaje, que insumió poco más de un mes para completarse, había comenzado en Mendoza a principios de noviembre. LA GACETA señalaba: “se está realizando una magna empresa aviativa por parte de jóvenes criollos, quienes han proyectado un raid de cerca de 6.000 kilómetros”.
La idea contó con apoyo del pueblo mendocino, de donde eran oriundos los aviadores, quienes por medio de suscripciones obtuvieron lo necesario para disponer de una aeronave. “Cubrieron las primeras etapas con promisor resultado y regularidad. Pero la mala suerte le salió pronto al encuentro. Poco antes de llegar a Catamarca el avión sufrió un desperfecto que los obligó a realizar un aterrizaje forzoso con daños para el aparato”, seguía la crónica. Consideraron acabado el raid, pero el Aero Club mendocino envió otra nave, un Curtiss Mercury, para continuar el viaje. El avión servía para entrenamiento de nuevos pilotos y ahora sería usado para continuar el viaje. El “Coronel Barcala” -ese era su nombre- llegó a Tucumán a las 9,38 del 15 de noviembre de 1926, cuando se divisó la dorada figura sobre nuestra ciudad. El viaje había durado unas cuatro horas, ya que los pilotos decidieron, “debido al mucho uso de la nave que no podría superar los picos, hacer el viaje por Recreo, aunque la distancia se duplicaba”.
En el aeródromo eran esperados por representantes del aeroclub local y los representantes de LA GACETA, Manuel Abella y Julio Robles.
Casi como expertos conocedores de nuestra estación aérea, los pilotos enfilaron desde el sudoeste sin errores para hacer un aterrizaje perfecto. Luego de asegurar el avión se dirigieron a nuestro diario, donde departieron con nuestros cronistas y a los que les relataron las peripecias vividas hasta ese momento. Además de anunciar la gran expectativa que tenían en la continuidad del viaje que uniría al país. También fueron recibidos en la Cámara de Diputados y fueron agasajados con un banquete en el Savoy Hotel. Nuestra provincia los recibió con todos los honores. Al día siguiente partieron hacia Jujuy, luego pasaron por Salta para retornar hasta Tucumán a realizar algunos ajustes en la nave que continuó su largo camino. El periplo culminó unos 20 días más tarde en la ciudad que los vio partir. Pasaron por Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, La Plata y Morón entre otras.
Acerca de nuestra aviación, Sguazzini destacó su crecimiento y desarrollo, además de reconocer los méritos del presidente del aeroclub Nicanor Posse. E informó que el viaje se hizo posible con las suscripción de los mendocinos que recaudaron unos 27.000 pesos.



