Informe especial: formar en medio de la incertidumbre, el desafío de los educadores formales y no formales de Tucumán

DILEMA. Luego del colegio, los estudiantes tienen el peso de tomar una decisión que parece ser cada vez más difícil. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO DILEMA. Luego del colegio, los estudiantes tienen el peso de tomar una decisión que parece ser cada vez más difícil. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

En las aulas de Tucumán, el cambio no siempre se ve, pero ya empezó. Un estudiante de Derecho aprende a usar inteligencia artificial desde el inicio de su carrera. Uno de Ingeniería entrena modelos que toman decisiones. Y en Arquitectura, los proyectos se construyen a partir de múltiples opciones generadas en minutos. Escenas cotidianas que muestran que el futuro del trabajo ya se metió de lleno en la formación universitaria.

Esta transformación forma parte de la serie “¿Qué estudiar hoy? Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”, donde LA GACETA pone el foco en cómo se enseña, qué se aprende y qué habilidades empiezan a ser clave en un contexto atravesado por la tecnología y la incertidumbre.

Del conocimiento a las habilidades: el cambio dentro de las universidades

Es claro que ya no alcanza con saber, ahora importa qué hacer con ese conocimiento. “Programar no es simplemente aprender un lenguaje”, explica el decano de la UTN, Rubén Egea. Detrás de esa idea aparece un cambio más amplio: formar pensamiento lógico, capacidad de análisis y resolución de problemas.

En la misma línea, desde la UNT advierten una transformación en la forma de enseñar. “Hubo una transición del conocimiento memorístico a uno que privilegia el saber práctico”, plantea Marco Rossi, del laboratorio Dyntec. Y agrega un elemento central: la inteligencia artificial ya no es opcional, sino parte del nuevo perfil profesional.

En algunas carreras, el impacto no solo es técnico, sino creativo. En Arquitectura, por ejemplo, la inteligencia artificial modificó el proceso de diseño. “Antes era lineal: idea, croquis, desarrollo. Hoy es mucho más iterativo”, explica el arquitecto Martín Bordato.

El cambio no es menor: se reduce el tiempo de producción, pero mejora la calidad de las decisiones. Se generan más opciones, se comparan y se elige con mayor información. En ese nuevo esquema, el valor ya no está solo en producir, sino en pensar.

Educar para lo incierto: el desafío que viene

El problema no es solo crear nuevas carreras, sino sostenerlas actualizadas.

En Tucumán, universidades como la Unsta incorporaron propuestas como Ingeniería en Inteligencia Artificial o Ciencia del Comportamiento, al mismo tiempo que reformulan carreras tradicionales. “La universidad tiene que tener una mirada crítica de las necesidades de la sociedad”, plantea su rector, José Federico Fanjul.

En ese escenario, las universidades empiezan a redefinir qué significa estar preparado. “Formamos ingenieros que no solo consumen tecnología, sino que la crean”, sostiene Ernesto Rico, desde la Unsta. La clave ya no es usar herramientas, sino entender cómo funcionan y poder desarrollarlas.

Pero el desafío es permanente. Las carreras tecnológicas nacen para responder a una demanda concreta, pero corren el riesgo de quedar desactualizadas en poco tiempo. “Surgen como respuesta al contexto, pero requieren actualización constante”, explica María Verónica González Bollea, desde la Facultad de Ingeniería.

NUEVA CARRERA. En 2023, la Unsta -dentro de su facultad de Ingeniería- lanzó la especialización en inteligencia artificial. FOTO UNSTA NUEVA CARRERA. En 2023, la Unsta -dentro de su facultad de Ingeniería- lanzó la especialización en inteligencia artificial. FOTO UNSTA

Aprender ya no es una etapa: es un proceso constante

Fuera de las universidades, el diagnóstico es similar, pero con otro énfasis. Desde la Red Federal de Economía del Conocimiento lo plantean de forma directa: “Más que preguntarnos qué estudiar, debemos entender cómo vamos a aprender”, afirma su presidente, Alejandro Páez.

En un contexto donde las habilidades quedan obsoletas rápidamente, la formación deja de ser un punto de llegada. Se vuelve un proceso continuo.

Esa idea también aparece en espacios de formación no tradicional. Desde academias tecnológicas como Rolling Code, el foco está en la inserción laboral y en resolver problemas reales. “La pregunta no es qué carrera tiene salida, sino en qué campo querés aportar valor”, señala su CEO, Walter Juárez Rivas.

A la par, desde el ecosistema emprendedor advierten sobre otro desafío: la actitud frente al cambio. “El mayor error es el miedo a equivocarse y quedarse quieto”, resume Marita Falcón, de Endeavor NOA. En un mundo que avanza rápido, elegir una carrera ya no define toda una vida.

Entre universidades que reformulan contenidos y espacios no formales que aceleran la inserción laboral, aparece un punto en común: el futuro no se puede predecir, pero sí se puede aprender a habitar.

La formación ya no garantiza certezas, pero sí herramientas. Y en ese desplazamiento —del título a las habilidades, de la carrera al aprendizaje continuo— se redefine no solo cómo se estudia, sino también qué significa estar preparado.

Porque, en un mundo donde todo cambia, aprender deja de ser una etapa para convertirse en la única constante.

REUNIDOS. Integrantes de Rolling Code miran un monitor mientras programan. GENTILEZA WALTER JUÁREZ REUNIDOS. Integrantes de Rolling Code miran un monitor mientras programan. GENTILEZA WALTER JUÁREZ
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