“Se iniciará una investigación sobre lo que ocurrió”, anunció tajante el juez federal Fernando Poviña. “No se ordenó su traslado y ni siquiera sabíamos que estaba allí”, agregó el magistrado al referirse a la fuga de José Antonio “Pico” Peralta, uno de los líderes -y cerebro- de Los 30, una de las bandas que está acusada de vender drogas en diferentes barrios del sur de la capital.
El jueves por la tarde, cuatro hombres coparon la comisaría de Delfín Gallo, golpearon a los tres policías que allí se encontraban, rescataron al procesado por comercialización de drogas y huyeron con rumbo desconocido, aunque se sospecha que se dirigieron hacia Santiago del Estero, donde tendría vínculos que le facilitarían refugio.
Poviña, que se encontraba en Jujuy cuando ocurrió la fuga, le confirmó a LA GACETA que recién allí se enteró de que había sido trasladado hasta la dependencia del este de la provincia, cuando en realidad ellos pensaban que, tal como lo habían ordenado, ya estaba alojado en el penal de Villa Urquiza.
“Pico” fue detenido al estar acusado de un robo por personal de la División de Delitos contra la Propiedad, que lo trasladó hasta la sede de Junín al 800. Al pedir sus antecedentes, los policías descubrieron que estaba prófugo desde hace más de dos años por una causa de venta de drogas.
Hasta el cierre de esta edición, no se había confirmado qué fiscalía de la Justicia Ordinaria lo interrogó por el delito del que estaba acusado. Sí se comprobó que se presentó en la Justicia Federal recién el 26 de agosto por una causa que se inició en 2014.
Peralta no declaró en esa oportunidad, pero su defensora Silvia Furque pidió oficialmente que fuera trasladado hasta la Seccional 13°, por lo que se decidió enviar un oficio para constatar si había lugar para alojarlo allí. Tres días después fue llevado nuevamente a los tribunales de Las Piedras donde insistió con su pedido de cambio de arresto y en esta oportunidad, agregó la opción de Delfín Gallo, donde le habían comentado que podría haber espacio. Los funcionarios, ante este planteo, insistieron con el trámite.
Según fuentes judiciales, fue el mismo jefe de Policía, el comisario Dante Bustamante, el que respondió el pedido. Informó que en la Seccional 13° ni en la comisaría de Delfín Gallo había lugar para alojar más presos. Ante este panorama, según lo confirmó el mismo Poviña, se solicitó al Servicio Penitenciario de la Provincia que lo recibiera en la cárcel de Villa Urquiza.
También se decidió que en caso de que allí no hubiera lugar, que se realizaran las averiguaciones necesarias para tratar de alojarlo en los penales federales de Salta, Jujuy o Santiago del Estero, que al parecer tampoco tienen espacio para alojar más procesados. Este trámite nunca se realizó porque la Policía, siempre según los dichos del magistrado, jamás se había avisado que no había sido trasladado a la unidad penitenciaria.
Un misterio
Hasta el momento, nadie pudo establecer quién dio la orden de que Peralta, un narco con antecedentes -y considerado como una persona inteligente que se mantuvo más de dos años prófugo de la Justicia-, fuera alojado en una comisaría que casi no cuenta con medidas de seguridad y con apenas tres policías por turno.
“Eso se investigará porque creemos que estamos ante una situación irregular y no se descarta que haya un ilícito. Se podría haber facilitado una evasión”, explicó Poviña.
También trascendió que la Justicia Federal se abocó de lleno a la investigación de este caso. Lo primero que hizo fue solicitar informes sobre cómo Peralta terminó en esa dependencia y quién dio la orden para que se lo llevara. No se descarta que el caso sea investigado por fuerzas nacionales, ya que se sospecha una mala actuación de la policía provincial.
Oficialmente se informó que Peralta estuvo desde el 1 de setiembre en ese calabozo, un día después de que Bustamante informara que no había lugar para alojarlo en esa dependencia. Allí, de acuerdo a una fuente judicial, hay otros dos presos por causas con drogas. Periódicamente se envía un informe sobre el estado de estos procesados. En el listado, no estaría el nombre de “Pico”.
Otro dato que no es menor es que el supuesto líder narco se escapó un día después de que se le confirmara que le habían dictado la prisión preventiva y 24 horas después de que se decidiera su traslado al penal de Villa Urquiza.
Reacción
Regino Amado, ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad, fue el único funcionario que habló sobre el caso. Aseguró que esta situación se generó porque en la provincia no cuenta con un penal federal y es la Policía la que debe encargarse del traslado de los presos de este tipo de causas.
“En el caso de que hubiera alguna irregularidad, seguramente vamos a buscar a los responsables para que paguen con la responsabilidad que le cabe en el caso”, señaló.
Amado dijo que no podía dar muchas precisiones sobre el tema porque era un hecho muy reciente y que conocía el caso por lo que había leído en LA GACETA. ¿La Justicia Federal estaba al tanto del traslado? “Eso está en investigación. Es un tema judicial que se va a resolver dentro de ese ámbito. Sí puedo asegurar que se lo está buscando con la Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y Gendarmería Nacional”, respondió con tono firme.
El ministro confirmó, además, que se inició un sumario administrativo del personal que cumple funciones actualmente en la comisaría de Delfín Gallo para determinar qué sucedió. ¿Qué tipo de medidas se tomarán? “Primero hay que definir si se tomará alguna medida o no”, concluyó.
Todos los caminos conducen a Santiago
José “Pico” Peralta habría tenido todo preparado para su fuga. El jueves, el acusado por comerciliazión de drogas le dijo a los policías de la comisaría de Delfín Gallo que no se sentía bien, que estaba mareado. Algunas horas después, a las 18, simuló tener un ataque de epilepsia. Los otros detenidos llamaron con urgencia a un guardiacárcel que lo sacó de allí sin sospechar nada.
Mientras lo acompañaba al baño, el policía sintió un puñetazo que le dio “Pico” y tarde entendió que el malestar era una farsa. Ambos se trenzaron en lucha hasta que por el pasillo llegaron dos hombres armados que, luego de golpear a los dos efectivos que estaban en la entrada de la seccional, tomaron a Peralta y lo llevaron hasta un VW Gol gris que aceleró a toda velocidad, ante la mirada del resto de los detenidos que no podían creer lo que estaba pasando. El desconcierto fue tal que ninguno atinó a escapar.
Pese a los golpes, uno de los policías tomó su radio y dio aviso de lo que había pasado. De inmediato, decenas de patrullas se volcaron a los caminos del este para intentar atraparlos y no pocos policías se ubicaron en los ingresos a la capital tucumana con el mismo objetivo.
Sin embargo, se cree que el narco y su grupo comando no tenían ninguna intención de ingresar a la ciudad que más policías tiene en la provincia. La fuga se dio seis días antes del comienzo del juicio a dos personas que fueron detenidas con droga en la casa de Peralta en 2014. Todo indica que “Pico” era el líder de la banda, llamada Los 30.
Caminos
Delfín Gallo tiene salida directa a dos rutas provinciales por las que el grupo pudo haber huido hacia el este, la 303 -que cruza la frontera con Santiago del Estero, por la que pudieron haber llegado a Pozo Hondo- y la 312 que empalma con la 321. Si tomaron esta última opción, pudieron haber elegido el norte y salir en Salta tras tomar luego la 304, o bien hacia el sur camino a Taco Ralo.
Pero lo cierto es que esas no fueron las únicas opciones. También hay caminos rurales muy poco transitados que desembocan en la 321 y otros que llevan a localidades como Ranchillos, Colonia San Vicente, El Chilcar y Mujer Muerta. Este último pueblo no está muy lejos de Santiago del Estero. Si bien las opciones son casi infinitas por la cantidad de combinaciones de caminos que pudieron haber tomado, casi todas terminan en esa provincia.
Por ese motivo, la policía santiagueña recibió el informe del auto en el que Peralta se movía y la orden que partió fue la de extremar la atención en la frontera y en otros lugares donde se cree que pudo haber estado. Para los investigadores que intentan dar con “Pico” hay otra razón para creer que se puede encontrar allí: la única manera de seguir manejando el negocio de la venta de drogas es estar cerca.

ANALISIS
Cachetazo
Gustavo Rodríguez - LA GACETA
La fuga de “Pico” Peralta terminó siendo un cachetazo para muchos. El escape, planificado hasta en el más mínimo detalle, desnudó algo que muy pocos querían ver. Ese pulpo llamado narcotráfico, con sus tentáculos de muerte, está abrazando lentamente a la provincia.
El escape advirtió sobre una dura realidad. En estas tierras existen organizaciones bien aceitadas que no sólo se encargan de vender miserias en pequeñas dosis, sino que cuentan con la logística y los recursos necesarios para copar una comisaría y liberar al líder de la banda. Y, por cómo marchan las investigaciones, también tienen contactos para concretar sus planes.
En esta historia hay situaciones que merecen tener una respuesta. ¿Cómo puede ser que un hombre con los antecedentes de Peralta haya sido alojado en una comisaría alejada y que no garantizaba las medidas de seguridad que se requieren? ¿Quién fue el que lo trasladó si es que la Justicia Federal no ordenó que sea llevado hasta ese lugar?
Esta fuga también es una prueba de que hay que asumir el problema y tratar de solucionarlo de otra manera. Evidentemente no alcanza con la persecución de los narcos por parte de las fuerzas de seguridad. El trabajo debe ser mucho más amplio e integral. Si no se intenta de detener la demanda atendiendo a los adictos, es muy poco probable que se disminuya la oferta, es decir, que los comerciantes de la muerte no tengan un terreno fértil para desarrollar su negocio.
El cachetazo sonó fuerte en Tucumán, pero también se sintió en Buenos Aires. Hace poco más de una semana, el presidente Mauricio Macri anunció su intención de acabar con este flagelo. Pero la realidad es otra. En un acto, en el que estuvo presente el gobernador Juan Manzur, le declaró la guerra a los narcos. Enumeró punto a punto qué harán, pero omitió decir que Tucumán seguirá sin tener un penal Federal para alojar a los narcos que son detenidos, lo que podría haber evitado que “Pico” se fugara con tanta facilidad.








