Un campeón que cuida campeones

El mítico Ángel Rivero se anotó el éxito con Adeso.

26 Sep 2015
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GRAN LUCHADOR. Ángel Rivero fue todo emoción en la ceremonia de premiación. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Ángel Rivero estuvo internado toda la semana previa al “Batalla de Tucumán”. Pero el día de la carrera en la que el caballo que cuida, Adeso, alcanzó la gloria, estuvo en el hipódromo. Oriundo de Las Cejas, con muchas estadísticas ganadas en Salta y en Tucumán, Rivero es un mito viviente del turf provincial. Inició su actividad en la década del ‘50.

“Anduve por muchos lugares corriendo: Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Rosario. Después me dediqué a cuidar y aún sigo con esta actividad, que tantas satisfacciones me da”, contó el ex jockey.

Rivero cuenta que su historia comenzó a instancias de su papá, que era administrador de la finca de Eduardo Caamaño. “Este hombre tenía un stud grandísimo, El Palomar. Por él empecé a ir al hipódromo y compartí un montón de cosas. Empecé como aprendiz y pronto salieron los viajes. Con el tiempo logré éxitos, por ejemplo diez estadísticas en Salta, nueve Jockey Club, ocho Polla de Potrancas, tres veces el Provincias Unidas, entre otras cosas. Estuve en la montura hasta mediados de los ‘70”, cuenta con lucidez.

Su historia siguió como cuidador, otra vez con gente de Salta que le tendió una mano. “Los primeros caballos que cuidé eran de Julio Mera Figueroa. Pasaron muchos ejemplares por mis manos, hasta el presente”, aseguró el cuidador, que tiene dos hijos y nietos, que lo acompañan cuando les es posible.

Justamente este tiempo presente, pleno de éxitos, encuentra a Rivero bien activo, pese a su recaída de salud. “Pasa que es difícil dejar esta actividad que uno tuvo toda la vida. Esto es algo que ocupa todos los días. Hasta creo que no me conviene dejar, porque esto es como una terapia”.

Rivero asegura que por estos días lo hace feliz ver que el hipódromo recuperó el perfil que supo tener en los ‘60, cuando él estaba en plena actividad en la pista. “Se le está dando mucho protagonismo. Nadie debe olvidar que el de Tucumán es el más importante del interior del país. Y hay que hacerle honor a eso”.

Sobre Adeso, recordó que es un caballo que vino de Buenos Aires; lo compró en un remate. “Me gustó porque se lo veía entero, petiso, corpulento. Nunca me gustaron los ejemplares grandes para la distancia. Creo que los hechos me demuestran que no estoy tan errado. A través de los años, los éxitos se repitieron con caballos así”.

Una vez finalizado el Batalla, fue impactante ver la emoción de Don Ángel. Incluso pidió hacer uso de la palabra, pero no pudo hablar y sus lágrimas conmovieron a todos. “La gente no cree, pero es más importante el haber logrado un clásico, que ganar plata. Por supuesto que el dinero siempre hace falta, pero triunfos así dan muchas más satisfacciones. A esta altura de mi vida estas cosas dan aliento, para seguir vivo, para pelear”, concluyó.

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