Preocupa la veneración a San La Muerte

Vecinos dicen que los fieles llegan de día a suplicar favores; pero que, en las noches, hay grupos que se juntan a consumir drogas. El “templo” se construyó hace casi dos años. Sufrió robos en más de una ocasión. Deidad adorada por reclusos y delincuentes.

14 Sep 2014
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A LA VERA DE LA RUTA 9. En el oratorio en honor a San La Muerte hay instalaciones acondicionadas para hacer asados para recibir a los creyentes. la gaceta / foto de franco vera

Presidiarios, ladrones, prostitutas y empresarios. Todos entran en la prolífica comunidad de los devotos que rinden culto a San La Muerte.

El mayor santuario a esta “cumplidora” deidad popular se levantó hace casi dos años a la vera de la nueva traza de la ruta 9, en los lindes del gran San Miguel de Tucumán. Los cuidadores del oratorio sostienen que hasta Ema Gómez, condenada en 2011 por ser considerada cómplice del homicidio del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz, y Rubén “La Chancha” Ale, que permanece detenido por una causa federal en la que se lo investiga por lavado de activos y asociación ilícita, fueron alguna vez a pedirle favores al mítico monje santo que murió preso en un convento.

Kilómetro 1.286 de la ruta 9. Un camino lindado por fábricas y depósitos que desemboca en una rotonda que distribuye el tránsito en el cruce con la ruta 306. A 50 metros de ahí, se erige una pequeña construcción pintada de negro que alberga el santuario en honor a San La Muerte.

La potencia de la fe

Cuidar un templo que venera a la muerte quizás suene escalofriante. Pero Eugenia Rivas sabe que su fe es inquebrantable. “Mucha gente que sale de la cárcel viene a cumplir sus promesas. Y los que siguen presos le mandan flores (negras) al santo. Y a veces sus familiares le traen cuadritos. Muchos me piden que les tenga las imágenes hasta que salgan. Hace poco vino un chico que es ladrón y me dejó su imagen para que se la guarde. Después me dijo iba a venir a buscarla cuando volviera de Córdoba. Ellos hacen promesas y algunos me las cuentan, pero me las reservo porque yo sólo me ocupo de cumplir con el santo”, explicó.

El santuario se levantó hace casi dos años. El marido de Eugenia, Jorge Saye, le pidió permiso a María Alderetes -que cuida el santuario del Gauchito Gil que está al lado- para que le permitiera trasladar la gruta del santo que estaba cerca de la rotonda hasta el lugar en donde hoy está. Pero como Saye viaja por ser camionero, es su esposa quien se ocupa del santuario.

Las puertas del oratorio se abren todos los días de 15 a 19. Pero las noches han comenzado a generar resquemores entre algunos vecinos de la zona porque la fe por “El San” -apelativo que usan los fieles para hablar del santo de la calavera- dio lugar a desmanes provocados por las personas que van a ese lugar.

Eugenia nunca niega el origen ni las actividades que realizan los fieles del santo que venera. Pero tiene una respuesta a la queja de los vecinos. “Conozco esta situación, pero a veces me doy una vuelta para ver lo que está pasando a la noche y veo a muchos fieles que vienen a tomar whisky con el santo. Los vecinos se quejan por que acá viene toda clase de gente y, es cierto, algunos vienen a tomar”, remarca.

Pero las quejas no quedan ahí, porque los vecinos dicen que en el santuario hay prácticas sexuales por la noche. “Se ven mujeres desnudas. Pero esa es una chica que se involucra demasiado y dice que es novia del santo. Ella está con los (sacerdotes) Umbanda y ellos vienen mucho porque dicen que ‘El San’ es Tata Caveira. No tengo miedo de que haya problemas porque todos respetan al santo”, afirmó.

La preocupación crece

A pesar de las explicaciones que dio Riva, la incomodidad es común entre los vecinos. “Esta gente que viene empieza a llegar cerca de la medianoche y se quedan tomando y escuchando música hasta el otro día. Por lo general, vienen los fines de semana. Pero ahora comenzaron a venir casi todos los días. Es feo lo que se ve. Vienen, arman unas fiestas grandes y varias veces vimos a mujeres desnudas en los festejos que hacen”, dice Vanesa Elías, una de las vecinas.

Ramona Rosa Jiménez se alarma aún más ante esta situación que en la que se ven involucrados sólo por vivir frente al santuario. “A fines de agosto hicieron una fiesta grande en la que sacaron a peregrinar una imagen bien alta. Pusieron puestos de comida y dicen que la plata que ganaron fue la mitad para el santo y la otra parte para los puesteros. Pero, a los que andan con ese santo, parece que se los lleva”, remarcó la mujer aludiendo a la supuesta muerte de algunos fieles.

La apreciación de Jiménez, según dijo, se sostiene en el hecho de que muchos creyentes van a pedir que les conceda grandes cantidades de dinero. “Hay varios del barrio que iban para ahí. Todos tenían sus negocios y les iba bien. Pero después de que ganan mucho dinero se van. Hay varios que se fueron después de empezar a rezarle a ese santo”, concluyó la mujer.

A pesar de que todavía no hubo situaciones que hayan ameritado la intervención de la Policía. Los vecinos remarcan que el santuario de “El San” se está convirtiendo -por las noches- en un lugar en el que se consumen drogas y alcohol. Incluso la cuidadora del santuario del Gauchito Gil, dijo estar preocupada por lo que, según sostienen, está ocurriendo. “Los jóvenes que vienen ya tomaron el santuario para hacer cualquier cosa. Acá, (por el templo del Gauchito) vienen muchas familias y esto no puede seguir pasando. Nunca pensé que podía pasar esto cuando les dije que trajeran al santo para aquí”, remarcó Alderetes.

Territorio de creencias

Algunas de las versiones de los vecinos tienen puntos coincidentes. La supuesta vinculación de rituales del culto Umbanda, que proviene de Brasil, concuerda con lo que dijo Gustavo Silva. “Hace unos días vino un hombre que estaba como poseído y comenzó a hablar en portugués”, aseguró.

Pero ni siquiera la fe logró alejar a la inseguridad. Pedro Miguel Herrera apoya su bicicleta en la pared roja y cuenta que el Gauchito le curó la rodilla de un cuadro artrítico que prometía dejarlo sin caminar. Por eso se dedica a realizar remodelaciones y reparaciones en los dos santuarios. “Hace 10 años que estoy con este tema. Hago todo lo que haga falta. Pero a San La Muerte no le pido nada, sólo le construyo lo que se puede con el dinero que le deja la gente que lo viene a visitar”, explicó.

Una de las prácticas de este culto popular es dejarle dinero a “El San” en retribución a los favores recibidos. Pero esta costumbre despertó la codicia. “Rompieron las rejas para robar el dinero que dejaban. Como sucedió varias veces, tuvimos que levantar una pared en la ventana donde estaba la alcancía”, concluyó Herrera. A su vez, el jefe de la Unidad Regional Este, el comisario Luis Pereyra, dijo que no recibieron denuncias por incidentes en el santuario y que un patrullero del 911 hace guardia en ese lugar.

La devoción a San La Muerte se circunscribe, según se afirma, a algunos países de Latinomérica y su principal influencia se registra en Paraguay, el noreste argentino y el sur de Brasil.

El origen de esta deidad popular se da en el litoral argentino, donde se dice que un monje jesuita comenzó a ayudar a comunidades indígenas sin autorización de la curia y que, por esto, fue apresado y encerrado en un calabozo en un convento. En señal de protesta ayunó de pie y en esa posición lo encontraron muerto. La mayor fiesta en honor a este santo se realiza todos los 20 de agosto en Corrientes.

Las ofrendas que se dan luego de recibir una gracia de San La Muerte tienen una particularidad vinculada con alimentos y bebidas.

Cuando un devoto recibe una importante cantidad de dinero luego de haber realizado una promesa, debe retribuir al santo ofrendándole un paquete de pochoclos con miel. En caso de recibir un favor en cuestiones del amor, se debe ofrendar una manzana o dulces. En tanto que los cigarrillos y el whisky se ofrecen cuando se gana un pleito legal por el que se recibe mucho dinero. El amuleto del santo sirve para tener una vida longeva, a costas de la vida de algún familiar.

La relación entre San La Muerte y El Gauchito Gil nutre aún más el folclore de este culto popular que tiene como mayor referente a las fiestas que se celebran en su honor en Corrientes.

Según algunos creyentes de San La Muerte consultados por este diario, el popular gaucho litoraleño invocaba la protección del monje jesuita cada vez que tenía que enfrentar a la policía que la había declarado proscrito luego de que Gil conquistara a una mujer que era adulada por un comisario. Sin embargo, las versiones varían y sólo coinciden en que El Gauchito siempre le rezaba a San La Muerte.
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