¿Un golpe de efecto para demostrar que la gestión que termina en poco más de un año no está dormida? ¿Un manotazo para mitigar la escandalosa inseguridad? ¿Un intento por disminuir los accidentes de tránsito protagonizados por conductores ebrios? ¿Una política para paliar el desborde del narcotráfico? ¿Más “parches” para viejos problemas? Las interpretaciones acerca del sorpresivo “paquete de medidas” anunciado ayer por el gobernador, José Alperovich, pueden ser muchas y variarán respecto de quién las haga. Pero para comprender lo que se dice es necesario repasar el ámbito, el tiempo y los hechos en el que ocurren. La clave para entender pasa por preguntarse ¿por qué ahora?
El ámbito
La inseguridad fue y es el punto más flaco de la gestión de Alperovich (es gobernador desde 2003). El mismo lo ha reconocido en varias oportunidades. Inclusive, esta semana admitió que se les “escapan cosas” en relación con el delito.
El ministerio de Seguridad y la Policía han sido “descabezados” en varias oportunidades desde que comenzó su gobierno, siempre en el contexto de crisis institucionales o crímenes irresueltos. No es casual que el responsable de esa área sea la mano derecha del mandatario, Jorge Gassenbauer. El ministro “comodín” del alperovichismo-estuvo a cargo de la Caja Popular de Ahorros y de las carteras de Desarrollo Productivo y de Coordinación- apareció como un último recurso para repuntar el trabajo en ese ámbito. Aunque mucho más difícil será limpiar la imagen de la Policía. Los últimos meses del año mostraron a los tucumanos hechos de corrupción relacionados con agentes que deberían combatirlos. El quiebre total de la confianza en la fuerza, sin embargo, sucedió en diciembre. Por un reclamo salarial, parte de los uniformados abandonaron a los tucumanos a merced de los delincuentes. La desprotección y el miedo reinaron. Esas sensaciones no son fáciles de olvidar. Otorgar más facultades -las de efectuar allanamientos en causas relacionadas con drogas- es un mensaje de doble filo para la sociedad. Más allá de que pueda ser efectiva para atrapar a quienes se dedican a la venta “al menudeo” de sustancias.
El tiempo
Enero no ha sido como otros eneros en la Casa de Gobierno. La cercanía de 2015 promete no dar paz a sus ocupantes. De hecho, aún se estaban sacudiendo las críticas por el manejo de la protesta policial de diciembre, los saqueos y los casos de corrupción policial cuando Alperovich anunció que en 2015 se va. En el oficialismo se lo veían venir, pero Alperovich aún tiene la capacidad para sorprender a su entorno. Los tiempos se han acelerado y nada parece ser previsible.
Los hechos
Dos sucesos políticos han pasado casi inadvertidos. El primero: a menos de un mes del octavo aniversario del asesinato-aún impune- de Paulina Lebbos, Alperovich le aceptó la renuncia al segundo fiscal del caso, Carlos Albaca. Cuestionado por su complacencia con el poder y por su inactividad en la causa, no podrá ahora ser sometido a ninguna sanción disciplinaria. El segundo: el Gobierno se desdijo y determinó que la huelga policial no había sido una “extorsión” y que el aumento salarial no se otorgó prácticamente obligado. El Ejecutivo lo hizo al responder en la Justicia por una medida cautelar que pidió una ONG que reclamó la nulidad del aumento salarial.
¿Por qué ahora? El ámbito, el tiempo y los hechos responden.
El ámbito
La inseguridad fue y es el punto más flaco de la gestión de Alperovich (es gobernador desde 2003). El mismo lo ha reconocido en varias oportunidades. Inclusive, esta semana admitió que se les “escapan cosas” en relación con el delito.
El ministerio de Seguridad y la Policía han sido “descabezados” en varias oportunidades desde que comenzó su gobierno, siempre en el contexto de crisis institucionales o crímenes irresueltos. No es casual que el responsable de esa área sea la mano derecha del mandatario, Jorge Gassenbauer. El ministro “comodín” del alperovichismo-estuvo a cargo de la Caja Popular de Ahorros y de las carteras de Desarrollo Productivo y de Coordinación- apareció como un último recurso para repuntar el trabajo en ese ámbito. Aunque mucho más difícil será limpiar la imagen de la Policía. Los últimos meses del año mostraron a los tucumanos hechos de corrupción relacionados con agentes que deberían combatirlos. El quiebre total de la confianza en la fuerza, sin embargo, sucedió en diciembre. Por un reclamo salarial, parte de los uniformados abandonaron a los tucumanos a merced de los delincuentes. La desprotección y el miedo reinaron. Esas sensaciones no son fáciles de olvidar. Otorgar más facultades -las de efectuar allanamientos en causas relacionadas con drogas- es un mensaje de doble filo para la sociedad. Más allá de que pueda ser efectiva para atrapar a quienes se dedican a la venta “al menudeo” de sustancias.
El tiempo
Enero no ha sido como otros eneros en la Casa de Gobierno. La cercanía de 2015 promete no dar paz a sus ocupantes. De hecho, aún se estaban sacudiendo las críticas por el manejo de la protesta policial de diciembre, los saqueos y los casos de corrupción policial cuando Alperovich anunció que en 2015 se va. En el oficialismo se lo veían venir, pero Alperovich aún tiene la capacidad para sorprender a su entorno. Los tiempos se han acelerado y nada parece ser previsible.
Los hechos
Dos sucesos políticos han pasado casi inadvertidos. El primero: a menos de un mes del octavo aniversario del asesinato-aún impune- de Paulina Lebbos, Alperovich le aceptó la renuncia al segundo fiscal del caso, Carlos Albaca. Cuestionado por su complacencia con el poder y por su inactividad en la causa, no podrá ahora ser sometido a ninguna sanción disciplinaria. El segundo: el Gobierno se desdijo y determinó que la huelga policial no había sido una “extorsión” y que el aumento salarial no se otorgó prácticamente obligado. El Ejecutivo lo hizo al responder en la Justicia por una medida cautelar que pidió una ONG que reclamó la nulidad del aumento salarial.
¿Por qué ahora? El ámbito, el tiempo y los hechos responden.
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