08 Agosto 2011 Seguir en 
JUJUY (Enviado especial).- Nélida Beatriz González ya no camina por el predio El Triángulo. Para llegar a ella hay que internarse por las calles de polvo del barrio 14 de Diciembre, en Libertador General San Martín. En una pequeña casa de madera que le presta una amiga lava ropa ajena. Ese es su oficio y el único sustento de su familia: desde que murió su hijo mayor, Arial Farfán, le quedan otros dos chicos y muy pocas esperanzas.
En realidad, la casilla que habita esta mujer divorciada no está lejos del terreno que ocupan más de 700 familias. De hecho, está a sólo cuatro cuadras. Pero ella no quiere mirar en esa dirección. Lógico: dentro de esas 15 hectáreas, su hijo de 17 años perdió la vida durante el intento de desalojo que llevó adelante la Policía el 28 de julio.
"Él se había quedado cuidando el lote. Nunca me imaginé que la represión iba a ser tan dura", relata la mujer, que accede a hablar con LA GACETA unos minutos. "En un momento, viene una amiga y me dice que a Ariel lo habían herido. Nos fuimos hasta el predio, pero ya se lo habían llevado al hospital", recuerda con las manos aún mojadas por la tarea que acaba de abandonar.
Nélida denuncia que aquel día, en el hospital, nadie le prestó atención. "Yo preguntaba por Ariel y me decían que no había llegado ningún chico herido. Era mentira. Una amiga, que conoce a una enfermera, pudo entrar a la morgue. Ahí estaba su cuerpo. Cuando me enteré, se me vino el mundo abajo", alcanza a decir antes de empezar a llorar.
A pesar del trabajo que realiza, la mujer asegura que su hijo colaboraba para el sustento de sus dos hermanos, Yanina, de 16 años, y Maximiliano, de 12. "Al terreno me lo están cuidando otros familiares. Pero aunque haya pasado lo que pasó, necesito el lote; no tengo donde vivir y los dos hijos que me quedan merecen un techo", suplica antes de regresar a lavar ropa.
En realidad, la casilla que habita esta mujer divorciada no está lejos del terreno que ocupan más de 700 familias. De hecho, está a sólo cuatro cuadras. Pero ella no quiere mirar en esa dirección. Lógico: dentro de esas 15 hectáreas, su hijo de 17 años perdió la vida durante el intento de desalojo que llevó adelante la Policía el 28 de julio.
"Él se había quedado cuidando el lote. Nunca me imaginé que la represión iba a ser tan dura", relata la mujer, que accede a hablar con LA GACETA unos minutos. "En un momento, viene una amiga y me dice que a Ariel lo habían herido. Nos fuimos hasta el predio, pero ya se lo habían llevado al hospital", recuerda con las manos aún mojadas por la tarea que acaba de abandonar.
Nélida denuncia que aquel día, en el hospital, nadie le prestó atención. "Yo preguntaba por Ariel y me decían que no había llegado ningún chico herido. Era mentira. Una amiga, que conoce a una enfermera, pudo entrar a la morgue. Ahí estaba su cuerpo. Cuando me enteré, se me vino el mundo abajo", alcanza a decir antes de empezar a llorar.
A pesar del trabajo que realiza, la mujer asegura que su hijo colaboraba para el sustento de sus dos hermanos, Yanina, de 16 años, y Maximiliano, de 12. "Al terreno me lo están cuidando otros familiares. Pero aunque haya pasado lo que pasó, necesito el lote; no tengo donde vivir y los dos hijos que me quedan merecen un techo", suplica antes de regresar a lavar ropa.
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