"Nuestros maridos no pueden aparecer, los pueden sumariar"

Esposas de policías defienden las casas que les fueron adjudicadas.

08 Agosto 2011
JUJUY (Enviado especial).- Claudia se suma a la ronda de mate cocido y bollo que se despereza alrededor de un brasero. Con una risita nerviosa, dispara: "Chicas, me acabo de quedar sin trabajo". Sus compañeras la miran, algunas le palmean la espalda y siguen con el desayuno, como si una noticia de ese tipo ya no las impresionara. En realidad, la mayor parte de ellas dejó de ir a trabajar desde hace más de una semana: deben proteger las casas que les fueron preadjudicadas, porque los usurpadores andan al acecho.

Las viviendas a medio construir del barrio Policial se encuentran unos 700 metros al oeste de El Triángulo, el predio de Libertador General San Martín en el que el 28 de julio se produjo el enfrentamiento entre policías y usurpadores y que causó cuatro muertos. Un día después de aquella batalla, 60 esposas de policías de esa ciudad se metieron en las casas. Desde entonces, las cuidan día y noche.

"Nuestros maridos no pueden aparecer por acá, porque los pueden sumariar. Entonces, no nos queda otra que venir nosotras. Hemos dejado nuestros trabajos, pasamos frío y estamos en peligro. Pero esta es la única manera de cuidar lo que es nuestro", explica Luciana, una de las integrantes de la comisión que formaron para organizar la vida en el barrio (todas se niegan a decir sus apellidos por temor a que sus esposos sufran represalias en el trabajo).

En los cañaverales que hay detrás de las casas y en los terrenos que se encuentran a los costados hay asentamientos, tal como ocurre en casi todos los espacios libres de Libertador. Esta situación es la que más las preocupa. "De noche nos cuidamos entre todas. También vienen a ayudarnos algunos familiares, porque varias veces intentaron meterse para sacarnos y quedarse con nuestras casas", relata Natalia.

Durante la mañana, la vida en el barrio intenta parecerse a la de cualquier otro vecindario familiar. Los hijos de estas mujeres llegan al predio, entre ellas se turnan para llevarlos a las escuelas y se encargan de preparar el almuerzo al calor de las brasas que tratan de mantener encendidas durante todo el día. "Pero esta situación no puede seguir así mucho tiempo más. Esto se está haciendo inaguantable. Necesitamos una solución, y no sólo nosotras, sino todas las personas que están en la misma situación", afirma Analía.

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