Las tarjetas de crédito libran una batalla contra el efectivo
El último tramo del año llegará con un cambio de tendencia en el consumo. Según los analistas, en este período la población se inclina más por usar el "plástico" para comprar ropa y para adquirir alimentos en los súper. La incidencia que tiene el factor seguridad para no llevar plata en el bolsillo.
17 Octubre 2010 Seguir en 
Se viene el último tramo del año y el panorama resulta alentador para el consumo. Y en este aspecto puede librarse una dura batalla: el efectivo versus las tarjetas de crédito. El "boom" del dinero plástico se observó durante la primera mitad de este año, con el efecto "Mundial". Este proceso fue fomentado tanto por el gasto postergado en 2008-2009, como por el incentivo a adelantar consumo que brinda una economía con alta inflación, estabilidad cambiaria y mucho crédito bancario de corto plazo (incluyendo agresivas promociones de las tarjetas de crédito, con fuertes descuentos y hasta 50 cuotas).
E los últimos años se produjo un redireccionamiento de la capacidad prestable de los bancos hacia el consumo (tarjetas y personales). Ello tuvo lugar en detrimento de líneas más largas como prendarios e hipotecarios, indica un informe del Banco Ciudad de Buenos Aires.
En lo que respecta a la "oferta" de crédito, se conjugan aquí al menos dos factores:1) el sistema bancario es más transaccional que antes (los depósitos a la vista representan casi el 50% del total, mientras que en los 90s eran el 25%); y 2) la inflación aumenta el "riesgo de tasa", de manera que el sistema fue volcando su esfuerzo comercial hacia líneas cortas para consumo, en detrimento de líneas largas para inversiones y/o hipotecarios para familias.
Ahora bien, a pesar del crecimiento del crédito al consumo, no puede afirmarse hoy que haya un "sobre-endeudamiento" de las familias, ya sea observando el endeudamiento total de los individuos como porcentaje del PBI, el crédito al consumo en relación al ingreso o la morosidad de la cartera del sistema. En síntesis, los datos son casi una metáfora del modelo K, al conformar una suerte de "populismo financiero": mucho pedal para el consumo y poco para la inversión y la acumulación de capital de las familias (es decir, crédito para la primera vivienda), señala el informe elaborado por el Banco Ciudad de Buenos Aires.
Andrés Méndez, de AMR-Economía, afirma a LA GACETA que hay toda una estrategia de emisoras de tarjetas y de los bancos por decantar y explotar sectores del consumo con demanda potencial con tarjetas de crédito. "En las entidades se está analizando la conducta del titular de un plástico respecto de las promociones y los beneficios de financiarse con ese instrumento financiero", acota el experto.
Méndez sostiene que, como en otros países, las tarjetas está avanzando sobre terrenos que hasta hace poco eran patrimonio del efectivo y de los cheques. Y, más allá de aprovechar los beneficios, Méndez advierte otro fenómeno al creciente uso del plástico: el factor seguridad. "La gente no quiere llevar tanto efectivo en el bolsillo y apela a esta herramienta", señala.
¿En qué usa ahora la gente la tarjeta? Desde la experiencia de la empresa a la que representa, Mariano Asrín, director regional de Tarjeta Naranja, contesta que el usuario generalmente financia el consumo de las compras en el supermercado. El segundo lugar es ocupado por el débito automático, es decir, por el pago de servicios con la tarjeta. Luego le siguen los electrodomésticos (financiación a mediano y largo plazo), productos textiles (indumentaria) y otras necesidades primarias.
Asrín explica que no existe un fuerte sobreendeudamiento de la población con el uso de las tarjetas. Aún más, las emisoras van analizando la historia crediticia de sus clientes para que no tengan problemas de sobrecompra. "El gasto promedio alcanza los $ 600 mensuales. Como sucedió este año, creo que e n 2011 se mantendrá la tendencia de crecimiento de la emisión de tarjetas de créditos", proyecta el director regional de Tarjeta Naranja, que vino a Tucumán para habilitar una nueva sucursal en Concepción.
Diciembre marcará la pauta de la magnitud del enfrentamiento o sociedad entre el efectivo y el uso de las tarjetas de crédito. Durante ese mes, se prevé que haya unos $ 2.000 millones circulando en el circuito comercial, tanto por el pago de salarios a estatales y a empleados privados, como por las jubilaciones, pensiones y subsidios estatales. Es ese el momento que quieren aprovechar las tarjetas de crédito, con el fin de captar usuarios para extender el consumo durante el resto de los meses.
E los últimos años se produjo un redireccionamiento de la capacidad prestable de los bancos hacia el consumo (tarjetas y personales). Ello tuvo lugar en detrimento de líneas más largas como prendarios e hipotecarios, indica un informe del Banco Ciudad de Buenos Aires.
En lo que respecta a la "oferta" de crédito, se conjugan aquí al menos dos factores:1) el sistema bancario es más transaccional que antes (los depósitos a la vista representan casi el 50% del total, mientras que en los 90s eran el 25%); y 2) la inflación aumenta el "riesgo de tasa", de manera que el sistema fue volcando su esfuerzo comercial hacia líneas cortas para consumo, en detrimento de líneas largas para inversiones y/o hipotecarios para familias.
Ahora bien, a pesar del crecimiento del crédito al consumo, no puede afirmarse hoy que haya un "sobre-endeudamiento" de las familias, ya sea observando el endeudamiento total de los individuos como porcentaje del PBI, el crédito al consumo en relación al ingreso o la morosidad de la cartera del sistema. En síntesis, los datos son casi una metáfora del modelo K, al conformar una suerte de "populismo financiero": mucho pedal para el consumo y poco para la inversión y la acumulación de capital de las familias (es decir, crédito para la primera vivienda), señala el informe elaborado por el Banco Ciudad de Buenos Aires.
Andrés Méndez, de AMR-Economía, afirma a LA GACETA que hay toda una estrategia de emisoras de tarjetas y de los bancos por decantar y explotar sectores del consumo con demanda potencial con tarjetas de crédito. "En las entidades se está analizando la conducta del titular de un plástico respecto de las promociones y los beneficios de financiarse con ese instrumento financiero", acota el experto.
Méndez sostiene que, como en otros países, las tarjetas está avanzando sobre terrenos que hasta hace poco eran patrimonio del efectivo y de los cheques. Y, más allá de aprovechar los beneficios, Méndez advierte otro fenómeno al creciente uso del plástico: el factor seguridad. "La gente no quiere llevar tanto efectivo en el bolsillo y apela a esta herramienta", señala.
¿En qué usa ahora la gente la tarjeta? Desde la experiencia de la empresa a la que representa, Mariano Asrín, director regional de Tarjeta Naranja, contesta que el usuario generalmente financia el consumo de las compras en el supermercado. El segundo lugar es ocupado por el débito automático, es decir, por el pago de servicios con la tarjeta. Luego le siguen los electrodomésticos (financiación a mediano y largo plazo), productos textiles (indumentaria) y otras necesidades primarias.
Asrín explica que no existe un fuerte sobreendeudamiento de la población con el uso de las tarjetas. Aún más, las emisoras van analizando la historia crediticia de sus clientes para que no tengan problemas de sobrecompra. "El gasto promedio alcanza los $ 600 mensuales. Como sucedió este año, creo que e n 2011 se mantendrá la tendencia de crecimiento de la emisión de tarjetas de créditos", proyecta el director regional de Tarjeta Naranja, que vino a Tucumán para habilitar una nueva sucursal en Concepción.
Diciembre marcará la pauta de la magnitud del enfrentamiento o sociedad entre el efectivo y el uso de las tarjetas de crédito. Durante ese mes, se prevé que haya unos $ 2.000 millones circulando en el circuito comercial, tanto por el pago de salarios a estatales y a empleados privados, como por las jubilaciones, pensiones y subsidios estatales. Es ese el momento que quieren aprovechar las tarjetas de crédito, con el fin de captar usuarios para extender el consumo durante el resto de los meses.







