"Una de cada cuatro personas que estudia cine en el mundo es argentina"

Experto en artes audiovisuales y docente en distintas universidades, Russo reflexiona acerca de este "boom" del "detrás de la cámara" que ha estallado en el país

19 Sep 2010
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PASION Y OFICIO. Eduardo Russo se estrenó esta semana como docente en la Escuela de Cine de la UNT.

Todos sus años con la cabeza, los ojos y el corazón puestos en la teoría y la crítica de las artes visuales no le alcanzan ahora a Eduardo Adrián Russo para sentir que navega por aguas seguras. Ensayista, y docente en numerosas universidades extranjeras y argentinas (ahora, en la Escuela de Cine de la UNT), Russo afirma que el futuro que ofrece el mundo de lo digital es impredecible. Sin embargo, lejos de achicarse, se entusiasma de sólo pensar en lo que puede crear un chico con una computadora, "operando sobre lo que baja de internet, o trabajando con YouTube".

- ¿Por qué estudiar cine hoy?

Es una pregunta interesante, especialmente en Argentina. Porque es un país muy atípico, tanto por cómo está estructurado por sus instituciones, como por la cantidad de población metida en esta aventura. La cantidad de estudiantes de cine que hay en la Argentina es una cifra considerada inverosímil hasta en el extranjero. En la Argentina hay 16.000 personas estudiando cine; y en el mundo son 60.000. Una de cada cuatro personas que estudia cine en el mundo es argentina. Hay que ver en términos ecológicos qué significará esto. Es un boom que incluso está siendo estudiado hasta por gente que viene de afuera.

- ¿ Cómo explica este boom?

- Este boom tuvo que ver con la expansión del nuevo cine argentino en los 90, y se subieron, por razones de mercado, muchas instituciones privadas que vieron un nicho de negocios. Y a partir de 2001 se reforzó una matrícula de estudiantes extranjeros que en algunos casos llega al 25 %, o más. Todo esto colocó a la Argentina en un escenario internacional de una manera inédita, como lugar deseable. De todas maneras, esa cifra no es compatible con el estado de la presunta industria audiovisual argentina. Ahora, tenemos algunas hipótesis. Creemos que lo que está pasando con nuestros 16.000 estudiantes tiene que ver con que están, tal vez sin pensarlo, empezando a vivir una forma de contacto con lo audiovisual que está generando casi una explosión de nuevos medios; y se abre la posibilidad de que las artes audiovisuales empiecen a ocupar ciertas zonas que ya no obedecen tanto al panorama de los grandes medios masivos del siglo XX; que van a subsistir seguramente, pero fusionados con los nuevos medios.

- El chico que dice que quiere hacer cine, ¿qué circula en su imaginario?

- Hay dos o tres vocaciones diferentes. Alguna es muy vaga; por ejemplo: "quiero hacer una película", que es el equivalente al "quiero escribir mi novela" de otras épocas, y voy a estudiar Letras. Es un deseo muy difuso: por momentos parecería que fuera ver el nombre de ellos ligado a la realización de una película, en el sentido de satisfacción de autoría. En otro sentido, parece haber algo de cierta adrenalina en la circunstancia del rodaje, como una vida intensa, y que a veces desestima lo que tiene de planificación, de angustia. Y en otros casos, aparece conectado con un "quiero trabajar en un medio audiovisual". Y en otros casos está la demanda de capacitación técnica.

- El canon tradicional de la Universidad, ¿es el adecuado para estas instancias?

- Y...estamos en crisis. Qué podemos impartir hoy en una escala de la carrera que pueda ser compatible con un panorama que no sabemos cuál va a ser de acá a cinco años. Por lo pronto, no podemos reducir la carrera a una suerte de capacitación técnica permanente, tratando de seguir el tren de los cambios de cada temporada. Las especialidades se están moviendo todo el tiempo y una prospectiva interesante que empezó a moverse hace cinco años es que más de la mitad de las especialidades o posibles instalaciones de un profesional de la industria audiovisual de los próximos diez años, todavía no existen. Porque mutan los medios.

- ¿Y el trabajo? ¿ En qué van a trabajar los 16.000 argentinos que estudian cine?

- Hay un fenómeno muy interesante, que tiene que ver con la modalidad de trabajar en pequeños grupos, unidos por la cultura del diseño. Yo tengo muchos ex estudiantes de cine que, después de un par de años, te los encontrás y están trabajando desde lo audiovisual en páginas web multimediáticas. Hay una fusión de campos muy interesante, que se da en el momento de la sobrevivencia laboral. Pero esta es una generación mucho más capacitada que la nuestra para elaborar estrategias de instalación en un mercado. No es raro encontrar gente que comenzó con capital cero, y que con un buen diseño se ha lanzado on line para hacer, por ejemplo, story boards en 24 horas, y eso le funciona.

- ¿Cómo lo ve al cine argentino?

- Estamos en un momento de reacomodamiento de fichas. Hace diez años, como todo el mundo en la Argentina desde la crítica, yo tenía una mirada muy entusiasta. Ahora nos encontramos con que lo que fue el nuevo cine argentino de hace 15 años se ha desplazado, por un lado, hacia ciertos tipos de coproducción que le permitan ingresar a mercados comerciales; y, por el otro, otro sector que era más audaz e innovador en cuanto a los formatos que ponía en práctica, ahora está buscando cómo seguir financiando sus carreras.

- ¿Cómo impacta en este escenario futuro la televisión digital?

- Estamos en un momento de mucha incertidumbre; este viraje tecnológico nos relanza a una nueva articulación de lo audiovisual, al impacto de la bajada de las computadoras en el uso escolar, a la capacidad de los chicos de empezar a introducir elementos propios en cuanto a la capacidad de programar y en cuanto a la capacidad de operar sobre la imagen. No sólo a ser espectadores. Usuarios es algo distinto que ser espectadores. Yo creo que la misma categoría de espectadores está en crisis. Un chico con una computadora, operando sobre lo que baja de internet, o trabajando con YouTube, no es un espectador. Lo que hacen es sorprendentemente rebelde a cualquier planificación, y de eso, seguramente, van a salir cosas notables en un tiempo más. Y creo que por esa vía se va a justificar la existencia de los 16.000 estudiantes de lo audiovisual en la Argentina, para tener que ver con esta transformación que seguramente va a involucrar a la educación.

- Y eso convivirá con bastiones como "El secreto de sus ojos"....

- Eso va a seguir existiendo, porque funciona bien. Pero el problema es que no son muchas las películas que se pueden hacer así. Ese no puede ser un modelo que absorba la inquietud de miles de personas que hoy tienen las posibilidades de hacer algo en el mundo audiovisual en la Argentina.

- ¿Es posible convertir a una provincia en proveedora de "locaciones?

- San Luis lo está haciendo, pero lo que hay que ver son las películas que salen. Es muy loable, en términos de polo industrial audiovisual; pero yo he visto películas rodadas en San Luis que han sido íntegramente rodadas en interiores, de modo que ni siquiera le sirve a San Luis para hacer instalarse como imagen. Y yo siempre fui bastante reacio a esa visión del cine para promover una imagen de tarjeta postal y de color local; porque te obligan a servidumbres que, de pronto, cercenan cierto tipo de miradas posibles. Y después pasa como le pasó a Buñuel en México, cuando filmó "Los olvidados". El pase de facturas... eso de "esto no es el México que queremos ver".

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