06 Junio 2010 Seguir en 
Nuestra civilización, desde hace ya muchos años, se sostiene gracias a un fuerte consumo energético basado en los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), que proveen en la actualidad el 85% de toda la energía que utiliza la humanidad.
Existen diversas versiones acerca de cuándo se agotarán. La mayoría coincide en que durarán sólo 50 años más. Este dato, tal vez, no sea tan importante como saber cuándo comenzarán a escasear y, por lo tanto, a tener un precio cada vez más alto. Esto, probablemente, comience a ocurrir en forma más notoria hacia fines de esta década. La Argentina no escapa a esta situación y, desde hace dos años, la demanda comenzó a superar la oferta interna de energía, razón por la cual empezamos a importar gas y combustibles líquidos.
A su vez, el 61% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático, provienen del sector energético (combustibles fósiles). En nuestro país, este valor se acerca al 50%. El resto de las emisiones se reparte entre los procesos industriales, la agricultura, los cambios en el uso de la tierra y la basura.
Para contrarrestar esta dependencia de un recurso no renovable y minimizar los impactos ambientales existen, en el terreno energético, dos posibilidades: a) mejorar la eficiencia energética de los artefactos que consumen energía y b) sustituir los combustibles fósiles con fuentes energéticas renovables que, en su mayoría, son aplicaciones directas o indirectas de la energía solar. El primero de los caminos es el más rentable y el que puede producir los mayores beneficios en el corto plazo.
La eficiencia energética es el conjunto de acciones que tienen como objetivo el empleo de menores cantidades de energía para la obtención de un servicio energético como, por ejemplo, climatización, transporte, conservación de alimentos, iluminación, etcétera. Podemos clasificarlas en:
- Empleo de tecnologías eficientes, sistemas de control y/o modos de uso que reduzcan la cantidad de energía utilizada.
- Diseño óptimo y buenas prácticas en la operación y mantenimiento de las instalaciones energéticas.
- Cambios de actitudes a partir de la concientización y la educación, que conduzcan a que los usuarios empleen la energía más apropiadamente y no la derrochen.
Los beneficios
Al hacer uso eficiente de la energía, ayudamos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -principal causa del calentamiento global-, protegemos nuestros recursos no renovables, favorecemos que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, cuidamos nuestro bolsillo.
En la Argentina se están impulsando algunas medidas para promover la eficiencia energética. Se comenzó a implementar, desde 2006, el sistema de etiquetado de eficiencia (etiquetas colocadas sobre determinados productos -heladeras, lámparas y equipos de aire acondicionado- que indican el consumo energético de cada aparato) y se promueve el recambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo. Ambas medidas son buenas y necesarias pero, aún resultan parciales. Es necesario involucrar a todos los sectores de consumo con políticas de eficiencia abarcativas y que sean sustentadas por recursos humanos y económicos suficientes. En síntesis, estamos en el camino correcto; las medidas lentamente están siendo tomadas, pero se necesita mayor velocidad y definición en estos temas. (Especial para la Red de Diarios)
Existen diversas versiones acerca de cuándo se agotarán. La mayoría coincide en que durarán sólo 50 años más. Este dato, tal vez, no sea tan importante como saber cuándo comenzarán a escasear y, por lo tanto, a tener un precio cada vez más alto. Esto, probablemente, comience a ocurrir en forma más notoria hacia fines de esta década. La Argentina no escapa a esta situación y, desde hace dos años, la demanda comenzó a superar la oferta interna de energía, razón por la cual empezamos a importar gas y combustibles líquidos.
A su vez, el 61% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático, provienen del sector energético (combustibles fósiles). En nuestro país, este valor se acerca al 50%. El resto de las emisiones se reparte entre los procesos industriales, la agricultura, los cambios en el uso de la tierra y la basura.
Para contrarrestar esta dependencia de un recurso no renovable y minimizar los impactos ambientales existen, en el terreno energético, dos posibilidades: a) mejorar la eficiencia energética de los artefactos que consumen energía y b) sustituir los combustibles fósiles con fuentes energéticas renovables que, en su mayoría, son aplicaciones directas o indirectas de la energía solar. El primero de los caminos es el más rentable y el que puede producir los mayores beneficios en el corto plazo.
La eficiencia energética es el conjunto de acciones que tienen como objetivo el empleo de menores cantidades de energía para la obtención de un servicio energético como, por ejemplo, climatización, transporte, conservación de alimentos, iluminación, etcétera. Podemos clasificarlas en:
- Empleo de tecnologías eficientes, sistemas de control y/o modos de uso que reduzcan la cantidad de energía utilizada.
- Diseño óptimo y buenas prácticas en la operación y mantenimiento de las instalaciones energéticas.
- Cambios de actitudes a partir de la concientización y la educación, que conduzcan a que los usuarios empleen la energía más apropiadamente y no la derrochen.
Los beneficios
Al hacer uso eficiente de la energía, ayudamos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -principal causa del calentamiento global-, protegemos nuestros recursos no renovables, favorecemos que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, cuidamos nuestro bolsillo.
En la Argentina se están impulsando algunas medidas para promover la eficiencia energética. Se comenzó a implementar, desde 2006, el sistema de etiquetado de eficiencia (etiquetas colocadas sobre determinados productos -heladeras, lámparas y equipos de aire acondicionado- que indican el consumo energético de cada aparato) y se promueve el recambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo. Ambas medidas son buenas y necesarias pero, aún resultan parciales. Es necesario involucrar a todos los sectores de consumo con políticas de eficiencia abarcativas y que sean sustentadas por recursos humanos y económicos suficientes. En síntesis, estamos en el camino correcto; las medidas lentamente están siendo tomadas, pero se necesita mayor velocidad y definición en estos temas. (Especial para la Red de Diarios)









