Lo apuñaló, pero le causó lesiones, no la muerte

Sorprendió la decisión del tribunal, que rechazó la acusación de homicidio simple del fiscal y el argumento de la defensa de la acusada. La mujer atacó, en 2006, al hombre que había violado y secuestrado a su hija. Este falleció en el hospital, un mes después, como consecuencia de una septicemia

DESPUES DEL FALLO. M.L.T. se desmayó luego de que su abogado le dijo que en tres meses quedaría libre. LA GACETA / FOTO DE LUIS MARIA RUIZ DESPUES DEL FALLO. M.L.T. se desmayó luego de que su abogado le dijo que en tres meses quedaría libre. LA GACETA / FOTO DE LUIS MARIA RUIZ
19 Febrero 2010
M.L.T. había confesado que mató a Raúl Guillermo Juárez porque había violado, embarazado y secuestrado a su hija adolescente. Por eso, cuando escuchó el fallo del tribunal, la mujer frunció el ceño y miró desconcertada a su defensor, Tomás Robert. "Ya está -le explicó el abogado, apoyándole la mano en el hombro-; no mataste a nadie. En tres meses vas a salir de la cárcel".

T. se levantó del banquillo. Dio dos pasos y balbuceó una frase inaudible. De pronto, se desplomó, desvanecida, sobre el piso de parqué del auditorio. Lo que había sucedido fue demasiado fuerte para la mujer, de 49 años.

El juicio por la muerte de Juárez, ocurrida a mediados de 2006, finalizó con una sentencia inesperada. Los vocales de la sala II de la Cámara Penal desecharon la opinión del fiscal, Daniel Marranzino, que acusó a la mujer de homicidio simple. Tampoco le dieron la razón al defensor, quien argumentó que el crimen había sido perpetrado en legítima defensa. En cambio, condenaron a la mujer a tres años y medio de prisión, porque la consideraron culpable del delito de lesiones graves.

Aunque todavía no se dieron a conocer los fundamentos del fallo, todo parece indicar que los magistrados se basaron en un dato clave: Juárez murió casi un mes después del ataque, en el Padilla, como consecuencia de una septicemia. Aunque las dos puñaladas que le dio T. le habían causado las lesiones, la autopsia no precisó qué virus originó la infección.

El caso dio un giro de 180 grados cuando comenzó el juicio. Según la investigación, el 7 de junio de 2006, cerca de las 15, T. entró a la casa de Juárez, ubicada en calle Florida 1.197, Villa Alem. El fiscal de Instrucción, Carlos Sale, afirmó que la mujer había ido a buscar a su hija, que tenía 15 años y había dado a luz.

Esta versión indica que la muchacha no aceptó marcharse; ante esto, Juárez (apodado "El Negro Kila") intercedió en la discusión e intentó agredir a T. con un ladrillo. Ella -reza la causa- tomó un cuchillo que encontró en el comedor y le dio dos puñaladas a Juárez. La mujer se marchó con el bebé; "El Negro Kila" fue llevado al Padilla, y murió allí, el 9 de julio de ese año.

T. fue arrestada en 2008. Durante la instrucción, negó haber matado a Juárez. Sin embargo, cambió su versión el lunes, cuando testificó ante los jueces Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Emilio Páez de la Torre. "El trató de ahorcarme y de pegarme con un bloque de cemento; por eso lo hinqué con el cuchillo", dijo. Además, afirmó que "El Negro Kila" había violado a su hija cuando esta tenía 12 años, la había embarazado y la había secuestrado junto a su nieto. "Le pido disculpas al Señor, pero tenía que cumplir con mi deber de madre y rescatarlos de ese violador", dijo ayer antes de la sentencia. Su hija, cuando declaró como testigo, corroboró esta versión. Por ello, las identidades de ambas se mantienen en reserva.

El hijo de la víctima, Gabriel Juárez, contradijo a T. "Mi papá y la chica estaban enamorados", aseveró. Su pareja, Laura Castro, brindó un relato similar. Eso creó un clima de incertidumbre.

Ayer fue el momento de los alegatos. Marranzino no dudó en afirmar que se trató de un homicidio simple. "La imputada fue quien generó todo este episodio. Así como perpetró el crimen, bien podría haber eludido la acción del hombre, si es que la estaba agrediendo", remarcó. Además, dijo que la mujer había llegado armada a la casa de la víctima. "La declaración de la imputada es endeble", remarcó, y pidió nueve años de prisión para ella.

Robert argumentó que el crimen fue consecuencia de un acto de legítima defensa. "T. no sólo se protegió a sí misma, sino también a su hija y a su nieto. Ese hombre era un reconocido barrabrava y las tenía amenazadas. Mi clienta cumplió con el deber moral y legal de defender a su hija. Debe ser absuelta", alegó.

El veredicto de los jueces sorprendió a todos. Cuando se recuperó del desmayo, T. saludó a su hija y a otros familiares. "Si tengo que defenderla otra vez, lo haré", le dijo a LA GACETA. Y se marchó, esposada, a la cárcel.

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