02 Febrero 2010 Seguir en 
La falta de trabajo no es noticia en Tucumán. Cada vez que se ofrece un empleo, largas colas de postulantes se agolpan frente a las puertas de ingreso donde se hacen las entrevistas. Los jóvenes no escapan a esta realidad.
"La situación es muy dura, seas profesional o no. Hace dos años que busco trabajo y ya no me interesa lo que tenga que hacer; sólo pienso en lo que me vayan a pagar", explicó Cristian Couvell, un radiólogo que se recibió hace dos años y que sólo accedió a puestos ad honorem en su profesión.
Pasado el mediodía, la peatonal Mendoza al 600, comenzó a poblarse por una fila que se agrupó frente a un local en construcción, donde a partir del 15 funcionará una nueva sucursal de una marroquinería líder del mercado provincial. El anuncio en el que convocaba a los interesados indicaba que no podían superar los 28 años de edad, por lo que la fila constituyó un crisol juvenil. "El año pasado ingresé en la facultad. Pero necesito trabajar porque mi familia no puede pagar mis estudios; por eso este año solamente rendiré materias libres", sostuvo Ivana Vergara, mientras avanzaba en la fila para dar su entrevista. El ofrecimiento precisaba que los postulantes debían estar dispuestos a brindar una dedicación full time, aunque eso no preocupaba demasiado. En definitiva, lo que único que concretamente interesaba a los futuros empleados era poder percibir un sueldo que oscile entre los $ 1.200 y los $ 1.700, monto que consideran necesario para sostener una autonomía económica o para ayudar a sus familias.
La precariedad del empleo de sus padres empuja a estos jóvenes hacia el mercado laboral. "Me gustaría estudiar en la universidad, pero los horarios del comercio sólo permiten hacer un curso o cursar un terciario", apuntó Yamile Chediac. Otro de los aspectos que resaltaron los jóvenes postulantes es la condición en la que se los contrata, y coincidieron al decir que esperan que una vez superada la etapa de prueba, pudieran ser efectivizados por la empresa que los emplea. En diálogo con LA GACETA, Fernando Garvich, propietario de la firma que inaugurará la nueva sucursal, indicó que la intención de su empresa es captar las ventas que perdieron en años anteriores al ser superados por la afluencia de clientes. En cuanto a las condiciones laborales, explicó que se rigen por los convenios laborales del comercio y que apuestan a la capacitación de recursos humanos para obtener una mejor atención.
"La situación es muy dura, seas profesional o no. Hace dos años que busco trabajo y ya no me interesa lo que tenga que hacer; sólo pienso en lo que me vayan a pagar", explicó Cristian Couvell, un radiólogo que se recibió hace dos años y que sólo accedió a puestos ad honorem en su profesión.
Pasado el mediodía, la peatonal Mendoza al 600, comenzó a poblarse por una fila que se agrupó frente a un local en construcción, donde a partir del 15 funcionará una nueva sucursal de una marroquinería líder del mercado provincial. El anuncio en el que convocaba a los interesados indicaba que no podían superar los 28 años de edad, por lo que la fila constituyó un crisol juvenil. "El año pasado ingresé en la facultad. Pero necesito trabajar porque mi familia no puede pagar mis estudios; por eso este año solamente rendiré materias libres", sostuvo Ivana Vergara, mientras avanzaba en la fila para dar su entrevista. El ofrecimiento precisaba que los postulantes debían estar dispuestos a brindar una dedicación full time, aunque eso no preocupaba demasiado. En definitiva, lo que único que concretamente interesaba a los futuros empleados era poder percibir un sueldo que oscile entre los $ 1.200 y los $ 1.700, monto que consideran necesario para sostener una autonomía económica o para ayudar a sus familias.
La precariedad del empleo de sus padres empuja a estos jóvenes hacia el mercado laboral. "Me gustaría estudiar en la universidad, pero los horarios del comercio sólo permiten hacer un curso o cursar un terciario", apuntó Yamile Chediac. Otro de los aspectos que resaltaron los jóvenes postulantes es la condición en la que se los contrata, y coincidieron al decir que esperan que una vez superada la etapa de prueba, pudieran ser efectivizados por la empresa que los emplea. En diálogo con LA GACETA, Fernando Garvich, propietario de la firma que inaugurará la nueva sucursal, indicó que la intención de su empresa es captar las ventas que perdieron en años anteriores al ser superados por la afluencia de clientes. En cuanto a las condiciones laborales, explicó que se rigen por los convenios laborales del comercio y que apuestan a la capacitación de recursos humanos para obtener una mejor atención.







