La crisis del mundo capitalista continúa desplegándose globalmente y todavía no aparecen con claridad las medidas nacionales de las grandes potencias económicas que la contengan y limiten sus efectos negativos para toda la población mundial.
En Estados Unidos, donde este penoso proceso se originó, la economía continúa contrayéndose: el PBI se redujo un 3,8% en el último trimestre de 2008. El FMI calcula que en 2009 unas 50 millones de personas podrían quedar sin trabajo. China tuvo la mayor caída de sus exportaciones en los últimos 10 años. En el Japón, la producción industrial cayó a su nivel más bajo de los últimos 50 años. La Comisión Europea prevé que este año habrá recesión en todos los países de Europa.
En América Latina y en el Mercosur en particular, el efecto contagio de la crisis y sus consecuencias negativas, presentes y futuras, ya son plenamente perceptibles: disminución del PBI, caída de las exportaciones, menores inversiones, aumento de la pobreza y la desocupación. Este momento crítico demuestra acabadamente la vulnerabilidad de la región y su dependencia de los grandes mercados internacionales: EEUU, Europa, China y Japón.
En la Argentina, a pesar del comportamiento voluntarista del Gobierno para acotar sus efectos con políticas de fuerte intervención estatal, la influencia negativa de la misma ya no puede ignorarse: caída de la producción industrial, en particular del sector automotriz, clave en la generación de empleo y en las exportaciones; salida de capitales; disminución del comercio exterior; postergación de inversiones productivas; etc.
En Brasil, los problemas golpean de manera similar a la Argentina. La diferencia con nuestro país es que Brasil se sostiene sobre una economía más vigorosa y un mejor acceso al mercado internacional. Además, las medidas económicas del Gobierno brasileño de apoyo a los sectores productivos, cuentan con un respaldo de U$S 200.000 millones de reservas monetarias, que le dan mayor tranquilidad.
Sin políticas comunes
¿Cuáles son las medidas dispuestas por el Mercosur para mitigar los efectos de la crisis en nuestra región? De relevancia, ninguna. Aún cuando parezca insólito, Mercosur no tiene establecida ninguna política común. Ni siquiera ha habido una Cumbre especial que defina un manojo esencial de políticas regionales. Solo han tenido lugar unas pocas reuniones bilaterales entre Argentina y Brasil para acotar entre ambos países los efectos perniciosos de las medidas proteccionistas que promovieran para sostener sus mercados nacionales.
De seguir esta política regional de "sálvese quién pueda", al final de este severo proceso encontraremos a un Mercosur mucho más limitado en su capacidad de gravitación internacional y más debilitado en su poder económico. Tal vez, la excepción pudiera ser el Brasil, pero no tendrá la fortaleza suficiente para transformarse en la locomotora de la recuperación del Mercosur y tampoco estamos seguros que entonces quiera serlo.
Mercosur demostró oportunamente ser una herramienta útil para maximizar la capacidad regional de actuación política, que en su carácter de acuerdo regional tiene mucho más poder y gravitación que sus Estados Partes en forma individual, pero de ello deben darse cuenta los propios gobiernos.
Lo señalado -vale reconocerlo- es la consecuencia directa de una crisis de liderazgo a nivel regional que ya no puede ignorarse y que es urgente revertir. Caso contrario, las consecuencias las pagaremos todos.








