Nuevas coordenadas

El Gobierno insiste en negar la realidad. Se mueve y emite señales como si ella no existiera o en todo caso dibujando un escenario imaginario, extraído de alguna utopía juvenil. Por Miguel Angel Rouco - Agencia DyN.

01 Marzo 2009

BUENOS AIRES.- Poco a poco todos los sistemas salen de control. Los instrumentos de navegación no responden y el buque va ingresando en una peligrosa zona de turbulencia. Sin radares, con pilotos improvisados, el riesgo de naufragio va aumentando y los pasajeros comienzan a sentir el temor de que lo peor está muy cerca. El pánico se apodera de la tripulación que busca un mejor refugio en algún bote salvavidas. A los escasos conocimientos de los pilotos, se suman su temeridad y su obstinación en no cambiar el rumbo. Todos se preparan ante una eventual tragedia. La nave ya no está firme frente a la marejada...
Ni una novela, ni un juego virtual. Apenas una paráfrasis de nuestra realidad económica por más que algunos se empeñen en turbarla. Lo cierto es que una y otra vez, el Gobierno insiste en negar la realidad. Se mueve y emite señales como si ella no existiera.
La Casa Rosada está dando muestras concretas de impericia frente a la crisis. En el marco de un duro ajuste de tarifas, precios, tipo cambio y presión fiscal, el poder de los salarios se va pulverizando. La falta de confianza es un síntoma de la patología. Se derrumba la tasa de inversión y la liquidación de tenencias en moneda local se acelera. La caída de las exportaciones y el reflujo de capitales hacen que ingresen menos divisas, sumado a ello una baja en la productividad de la economía en su conjunto. Este complicado escenario tiene como telón de fondo las paritarias que se iniciarán el mes próximo. Mientras tanto, afuera aguarda agazapada, la inflación...
Los primeras proyecciones dan cuenta que la crisis se proyecta hacia todo el año y una parte del próximo, al menos en la opinión de los expertos. El diagnóstico es, en la hipótesis de máxima, crecimiento nulo, para las principales economías del planeta y una caída de casi el 4% para los países subdesarrollados, lo que equivale en términos más llanos, a una destrucción de riqueza para países ricos y más miseria para los pobres.
Un segundo tópico que manejará las variables de los meses por venir, será la reversión de los flujos de capitales hacia economías más seguras y estables y una fuerte aversión al riesgo.
Un tercer renglón está ocupado por la próxima cumbre del G-20 en Londres, prevista para abril. Allí las principales potencias buscarán establecer nuevos parámetros para cimentar una nueva arquitectura financiera internacional. No hay que esperar grandes cambios para los organismos surgidos en Bretton Woods. Se trata sólo de dotarlos de mayor poder de vigilancia, mayores recursos financieros y el cumplimiento a rajatabla de las condicionalidades aprobadas en 2006. Sin embargo, el ambiente de esa cumbre está rodeado por un complicado ajedrez geopolítico que muestra la lucha de dos grandes pesos pesados: Los Estados Unidos y China están librando, en sordinas, una batalla diplomática que definirá también los planos de esa arquitectura financiera. En otros términos, lo que discuten Washington y Beijing es cuál es el compromiso que asumen frente a la crisis.
Desde Londres, los principales dirigentes del mundo a pesar de la oposición de algunos díscolos, lanzarán otra señal indeleble para las próximas décadas: el fin del proteccionismo comercial. Las nuevas coordenadas trazadas hace unos días en Roma y en Berlín por los líderes del G-7 muestran que los países saldrán de la crisis con un fuerte compromiso global y una estrecha colaboración entre todos los países, facilitando el comercio mundial y los flujos de inversiones. Cuanto menor sea el tiempo en la salida de la crisis, menores serán los costos. Otro aspecto que emerge de la crisis será cualitativo. Los países que pretendan salir del atolladero financiero deberán mostrar estándares de calidad y de respeto a las normas globales.
De resultas, el nuevo paradigma internacional obligará a todos los países a asumir compromisos más serios. De lo contrario, el mundo le soltará la mano a aquellos que adopten el camino inverso. Esta vez, no habrá excepciones para nadie, ni habrá lugar para aventuras demagógicas. El incumplimiento acarreará severas consecuencias. El daño fue muy grande y no hay lugar para improvisados, ni para mesiánicos y mucho menos para revoltosos con sueños adolescentes.

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