14 Febrero 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Más de 100 días de conflicto en 2008 dejaron al campo una enseñanza formidable: devenir en estrategas toda vez que las circunstancias lo impongan, aunque ello otorgue una impronta distinta a la metodología gremial del ruralismo.
En 2008, los popes del agro recibieron asesoramiento especializado para encarar sin quiebres la pelea que les esperaba para evitar las retenciones móviles, cambiar el eje de los reclamos frente al Gobierno al ir por más y aguantarse otra difícil tarea: mantener el frente de unidad que la dirigencia conformó por entonces. El resultado reapareció esta semana, cuando decidieron postergar la promocionada protesta que hace siete días primerearon los agraristas que, sin vueltas, las tres cúpulas restantes se resistían a tratar a libro cerrado.
El caso es que, tras seis horas de reunión, la Mesa de Enlace dio un estratégico paso al costado y desvió la pelota hacia la cancha K.Ahora, el puntapié para retomar el juego deberá darlo el Gobierno, convocando al diálogo. A todos los sectores, dijo la Presidenta. Y ojalá se incluya al campo para no deteriorar más la actividad más dinámica de la economía nacional.
El convite del Gobierno, aún no confirmado pero sugerido, llevó un soplo de aire fresco al porcentaje más elevado de la dirigencia que, sin demoras, aceptó la elíptica convocatoria para la cual, claro está, había que desactivar cualquier indicio de protesta. El país hoy no es el que acompañó los reclamos de 2008; la dirigencia lo sabe.
En el anochecer del jueves, los gremialistas del campo se movieron con la precisión de un cirujano, mandaron la pelota al campo K y avistaron la mejor señal política de los últimos tiempos. Ahora es tiempo de dar cabida a la cautela, de esperar la decisión del poder político sin exigencias y de prepararse para llevar a ese ámbito, sin amenazas previas, el voluminoso paquete de reclamos del país rural.
En 2008, los popes del agro recibieron asesoramiento especializado para encarar sin quiebres la pelea que les esperaba para evitar las retenciones móviles, cambiar el eje de los reclamos frente al Gobierno al ir por más y aguantarse otra difícil tarea: mantener el frente de unidad que la dirigencia conformó por entonces. El resultado reapareció esta semana, cuando decidieron postergar la promocionada protesta que hace siete días primerearon los agraristas que, sin vueltas, las tres cúpulas restantes se resistían a tratar a libro cerrado.
El caso es que, tras seis horas de reunión, la Mesa de Enlace dio un estratégico paso al costado y desvió la pelota hacia la cancha K.Ahora, el puntapié para retomar el juego deberá darlo el Gobierno, convocando al diálogo. A todos los sectores, dijo la Presidenta. Y ojalá se incluya al campo para no deteriorar más la actividad más dinámica de la economía nacional.
El convite del Gobierno, aún no confirmado pero sugerido, llevó un soplo de aire fresco al porcentaje más elevado de la dirigencia que, sin demoras, aceptó la elíptica convocatoria para la cual, claro está, había que desactivar cualquier indicio de protesta. El país hoy no es el que acompañó los reclamos de 2008; la dirigencia lo sabe.
En el anochecer del jueves, los gremialistas del campo se movieron con la precisión de un cirujano, mandaron la pelota al campo K y avistaron la mejor señal política de los últimos tiempos. Ahora es tiempo de dar cabida a la cautela, de esperar la decisión del poder político sin exigencias y de prepararse para llevar a ese ámbito, sin amenazas previas, el voluminoso paquete de reclamos del país rural.
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