Dólar: ¿cuál es el precio adecuado?

Por Adrián Jose Luis Martini - Vicepresidente de Dinar S.A. Cambio, Bolsa y Turismo.

15 Febrero 2009

Lo primero a tener en cuenta a la hora de hablar sobre el dólar es que el valor de la moneda estadounidense está sujeto a un delicado equilibrio entre muchas variantes. Sin entrar en las meramente técnicas, referidas a cantidad de reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) versus el circulante (M1: dinero en poder ciudadanos + depósitos en cuenta corriente a la vista), cuya ecuación da el valor técnico de la moneda, lo analizaremos desde el punto de vista económico y las consecuencias que produce sobre algunos sectores importantes de la sociedad y de la economía, especialmente la competitividad de la industria y el precio de los productos agrícolas en general, que además influyen en los ingresos con que cuenta el Estado por la percepción de impuestos a las exportaciones.
Sería lógico intuir que el dólar se debería ajustar a unos valores en torno de los $ 3,90 a los $ 4 por cada unidad. Esta cifra no debería causar alarma en el ciudadano, puesto que representa un ajuste con respecto al promedio de los últimos cuatro años: osciló entre $ 3,10 y $ 3,15 por unidad- del orden del 30%. Asimismo, si comparamos este valor del 30% con el incremento que sufrieron los precios internos de productos y servicios, veremos que estos últimos han superado holgadamente ese porcentual en este mismo período.
Para producir este ajuste, un escenario posible es que el Banco Central continúe con su política de flotación controlada y lo deje subir ordenadamente hasta el valor apropiado; pero esto debería ser en un plazo de 90 o de 120 días como máximo. El otro camino es ajustar abruptamente la cotización y luego, en caso de que las variables lo obliguen, disciplinar el precio sobre la base de ventas de divisas, utilizando las reservas; inclusive a estos nuevos valores de paridad son necesarios menos dólares para absorber más pesos.
Los efectos no deseados que este tipo de medida conlleva, son el hecho de que podría traer aparejada inflación y corridas cambiarias, en algunos casos por razones muy propias de nuestra idiosincrasia y reales en otros, puesto que en el funcionamiento de la economía no se basa solamente en las exportaciones, sino que también son necesarias las importaciones, dado que el país necesita insumos importados en muchas actividades (el mismo campo con los agroquímicos; la tecnología de punta para la industria; etcétera). Otro efecto negativo a mencionar es que afecta los ingresos de nuestros trabajadores respecto a esta moneda.
Los efectos positivos en la actual coyuntura son el hecho de que puede ser una salida para el problema de las retenciones agrícolas -es muy difícil que el Gobierno nacional acceda a bajarlas porque perdería de recaudar aproximadamente $ 10.000 millones, que representan el 30% del superávit comercial esperado en el presupuesto 2009- y, de esta manera, mejorar ingresos vía cambiaria para paliar la pérdida, no solamente a causa de las retenciones, sino también por la baja en el precio internacional de muchas de las materias primas.
También beneficia a la industria nacional, que viene reclamando hace tiempo una medida de este tipo, puesto que muchos países de la región han devaluado sus monedas y son competidores directos de nuestros productos manufacturados, con lo que una medida en este sentido los posiciona con una mejor competitividad y consecuente penetración de mercados.
Todo esto redundará positivamente para el Estado nacional, al tratar de mantener ingresos por impuestos al comercio exterior, en un año durante el cual, además de la caída de los mercados internacionales, la recaudación por impuestos al consumo también se verá significativamente mermada a causa de los efectos de una segura recesión.
En la hipótesis de que se llegara a una medida de este tipo, la sociedad en su conjunto debería mirar, principalmente, las consecuencias positivas y, de alguna manera, no dejarse llevar por los efectos negativos, que en realidad y en términos porcentuales de desvalorización del peso no son tan importantes para nuestra vida cotidiana. De esta manera, evitaremos confusiones y pánicos innecesarios con los riesgos que ello conlleva y que conocemos muy bien por las experiencias del pasado.

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