¡Una vez más!

Ante un brutal ajuste de tarifas de luz, de gas y de transporte que impactó en los precios de todos los bienes y servicios, el Gobierno se despacha con un índice de inflación del 0,5%. Por Miguel Angel Rouco - Columnista de DYN.

15 Febrero 2009
BUENOS AIRES.- La clase dirigente argentina va definiendo sus contornos y perfiles a medida que se profundiza la crisis, y una mueca de cinismo se va apoderando de sus temibles rostros. Las últimas horas han dejado en claro el desprecio de esa clase por el resto de la población, una altísima dosis de desidia y de autoritarismo.
La gira por España se ha convertido en una nueva edición de marketing. Los anuncios de inversiones por parte de Telefónica y de Repsol ya se habían hecho. La Presidenta trajo de Madrid un bolso vacío. Porque no es nuevo obtener apoyo de un gobierno tan debilitado como el español.
La gira ni siquiera sirvió para tener una posición de fuerza frente al conflicto-litigio de Aerolíneas Argentinas. Quedó en claro, desde un comienzo, que la intención del Gobierno argentino era llevar el caso hacia una posición terminal, de manera de debilitar el frente empresario y dejar a Marsans en una situación de urgencia, ante el espinoso tema de los contratos de provisión de aeronaves.
La idea de la Casa Rosada era congelar las negociaciones y que Marsans urgido por Airbus tuviera que hacerse cargo de la operación con sus costos financieros por la caída del contrato de compra de aeronaves, en principio, destinadas a las compañías argentinas. Esto generaría un costo financiero enorme para el grupo español y debilitaría su posición de fuerza, lo que los llevaría a tratar de solucionar el diferendo cediendo gran parte de sus pretensiones. En el peor de los casos, someterse a un arbitraje en el Ciadi y prolongar el conflicto unos cuantos años más.
Pero esa endeble estrategia se desmoronó a poco de arribados a Madrid. El CEO de Marsans, y presidente de la CEOE, la central empresaria española, Gerardo Díaz Ferrán, se les adelantó e hizo un trabajo fecundo a sus intereses y presionó hábilmente a la débil administración de Zapatero.
Pero el conflicto está lejos de solucionarse por más que Marsans le meta fuego a la negociación, lanzando bocanadas como la próxima semana se firmaría el acuerdo o Airbus está de acuerdo con el cambio de proveedor. Es más, Ferrán tuvo un desliz fuera de protocolo y derramó el tema, sobre la mesa de la cena de gala, ofrecida por los monarcas españoles.
Por lo pronto, para la solución del conflicto, se deben dar algunos pasos. A saber, que Airbus acepte el cambio de deudor, el Estado argentino por Marsans, y que el Estado se haga cargo no sólo de la seña sino del resto de la deuda financiera. Dos aspectos entran en juego aquí. El primero, cambiar un deudor empresario con experiencia en el negocio y garantías sólidas, por un Estado fallido que no paga sus deudas, que no posee garantías suficientes y donde sus aerolíneas presentan un déficit operativo de 1,5 millón de dólares por día. El segundo tópico, Airbus es una compañía cuyos dueños son los Estados europeos y para realizar una operación con terceros Estados requiere la venia y la garantía de sus Estados controlantes. Los Estados de la Unión Europea forman parte del Club de París y la Argentina está en default con ese nucleamiento, y lejos, de llegar a un arreglo.
De resultas, el Gobierno no encuentra salida para el conflicto. Lo más probable es que Marsans deba asumir la operación con Airbus -¿o perder la seña de U$S 400 millones?-, demandar luego en el Ciadi, y los argentinos deban asumir, no sólo el costo de ese juicio, sino el pasivo anterior y un déficit operativo anual de U$S 500 millones que será pagado con el recorte de fondos a la educación, la salud, los jubilados, etcétera.
Pero de regreso a estas playas, la administración Kirchner no detiene su marcha y ante un brutal ajuste de tarifas de luz, de gas y de transporte que impactó en los precios de todos los bienes y servicios-, el Gobierno se despacha con un índice de inflación de apenas un 0,5% -economistas estimaron el triple-. Una vez más, la Casa Rosada apela a la burla y a la mofa en medio de una crisis económica que amenaza con destruir miles de empleos.

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