31 Enero 2009 Seguir en 
Los mercados cerraron enero con malos datos de la economía y de las empresas por el lado de la depresión, el desempleo y la inflación a nivel global y local. En este contexto, se instaló la duda entre seguir inyectando liquidez a los bancos con los rescates -que aun no llegan a la gente- o defender las monedas para proteger los ahorros. El peor dato para las Bolsas surge al distinguir el beneficio real de los números hinchados por la inflación. Las empresas que cotizan en las pizarras pueden impresionar con ganancias, cuando de hecho es la inflación la responsable del éxito. Esta ganancia inflada obliga a las empresas a pagar más impuestos -aunque el beneficio sea aparente- y de ahí salen los recursos del Estado para distribuir con los canjes de autos, electrodomésticos y otros. La inflación con mayor presión fiscal le privan al sector privado del fondeo necesario para reponer sus activos y no le dejan margen para reinvertir y crecer, por esto se llegó a la desfinanciación y viene el estancamiento.
En la semana se canjeó deuda para aliviar los vencimientos del año. Bien. Pero a un interés que no pagan ni los países más ricos -hoy con tasas cero o negativas- y donde se preguntan cómo hará la Argentina para honrarlo: la exportación de trigo sigue cerrada, la hacienda vale lo mismo que en 2005 y la carne no se exporta. La Bolsa no se entusiasmó con los canjes -que son varios- ni con los anuncios y, con el reducido volumen de negocios, tampoco puede financiar a los sectores productivos, que es su rol.







