20 Agosto 2008 Seguir en 
Gritos, ataques de llanto, insultos y hasta una persona desalojada de la sala de audiencias por orden del Tribunal Oral en lo Criminal Federal constituyeron el telón de fondo del testimonio brindado ayer por el coronel retirado Ernesto Chávez, en el juicio por el secuestro de Guillermo Vargas Aignasse.
El escándalo se desencadenó cuando, por pedido de la defensa de Antonio Bussi, fue leído un anónimo (supuestamente elaborado por un conscripto que en 1976 estaba a las órdenes de Chávez) incorporado al expediente en 2003. El texto vincula al militar retirado con la desaparición del ex senador. También sugiere una supuesta relación sentimental entre aquel y la esposa de Vargas Aignasse, Marta Cárdenas, tras el hecho. Chávez y Cárdenas luego se casaron.
“Lo mataron a mi papá, no pueden seguir haciendo esto”, bramó entre lágrimas, incontenible y en una crisis de nervios, Mariana Vargas Aignasse, hija del desaparecido ex senador peronista. Cárdenas también estaba casi fuera de sí, enfurecida con la defensa de Antonio Bussi. Muchos de los presentes se alborotaron, al entender que la cuestión invadía un aspecto de la privacidad de las personas afectadas por la situación.
En ese momento, la reacción surgió desde el sector ocupado por allegados a los Bussi. El militar retirado y abogado Juan Avila (asesor del legislador Luis José Bussi) acusó a Chávez: “no sos un soldado de la patria, no te comportás como tal; sos un traidor, una vergüenza para las Fuerzas Armadas”. Inmediatamente, el vocal que preside las audiencias, Gabriel Casas, ordenó que fuera retirado de la sala.
El clima se había caldeado sensiblemente antes por un cruce entre la defensora oficial de Bussi, Amalina Assaf, y el fiscal federal general ante el tribunal, Alfredo Terraf, a raíz del anónimo. El defensor adjunto del ex gobernador, Adolfo Bertini, había planteado el tema, mientras que Assaf sugerido que el texto sólo fuera leído por Chávez, y no para todos los presentes, para no afectar el honor de Cárdenas.
“No hay nada más bajo para una persona que tener que explicar un panfleto. Es espantoso. Ellos quieren que se lea, y se agravia la memoria del desaparecido y de su familia”, protestó Terraf. Este ya había chocado con la defensora por algunas preguntas sobre las charlas que mantenía la nueva pareja formada por Chávez y Cárdenas.
Casas aclaró que el tribunal no tenía facultades para omitir la lectura de un instrumento incorporado a la causa cuya exhibición se pedía para que un testigo (Chávez) lo reconociera y opinara sobre su contenido. También recordó que el público efectúa un control en este tipo de juicios. “No hay alternativa en el proceso penal oral”, aclaró.
Chávez se mostró visiblemente indignado. “Es una falsedad en todos sus aspectos. No tenía ninguna persona allegada a quien confiarle cuestiones. ¡Quieren imputarme algo! No puedo concebir que alguien invente estas cosas, no sé con qué objetivos”, se quejó.
Calma previa
Hasta ese momento, la audiencia se había desarrollado con normalidad. El coronel (r) precisó que había llegado a Tucumán en enero de 1976, luego de haberse graduado en la Escuela Mayor Superior de Guerra. Acotó que se desempeñó como auxiliar de la División Inteligencia del Comando de la V Brigada (lo encabezaba Bussi), dependencia distinta del Destacamento de Inteligencia del Ejército.
“Tenía funciones específicamente burocráticas en relación con el comando superior y con los subalternos. Mayormente, recababa información de lo que ocurría en la zona rural, con el ERP. Desconozco la capacidad operativa que tenían los grupos guerrilleros, porque no es una guerra clásica, con oponentes determinados en una zona; en la guerra antisubversiva, el campo de batalla es la población”, dijo.
Chávez dejó entrever lagunas en su memoria. Afirmó que no sabía quién había confeccionado las listas de las personas que había que detener el día del golpe de Estado. “Las debe haber hecho el Comando, deben provenir de algún sector de Inteligencia de acá”, planteó. Agregó que no recordaba haber llamado a Cárdenas en la mañana del 6 de abril de 1976 para informarle del secuestro de su esposo (“puede haberse producido por orden de un superior”, admitió), como había declarado su propia esposa; que no conocía los pormenores del crimen del comisario Juan Sirnio, y que no sabía de ningún volante sobre la desaparición de Vargas Aignasse.
Chávez destacó que él no conocía a la familia Vargas Aignasse antes del secuestro, y que carece de información para aventurar a qué grupo pertenecían quienes participaron del operativo. Sostuvo que nadie le ordenó investigar el hecho, del que se anotició por los comentarios que había en el Comando, acerca de que había sido capturado (sic) cuando era llevado a su domicilio.
“Luego me enteré de que el senador integraba la Federación de Agrupaciones Nacionales de Estudiantes de Tucumán (Fanet), que buscaba el trasvasamiento generacional y la adecuación de la doctrina justicialista con lo que ocurría en el país, lo que no lo vinculaba a agrupaciones de tipo guerrillero”, destacó.
El escándalo se desencadenó cuando, por pedido de la defensa de Antonio Bussi, fue leído un anónimo (supuestamente elaborado por un conscripto que en 1976 estaba a las órdenes de Chávez) incorporado al expediente en 2003. El texto vincula al militar retirado con la desaparición del ex senador. También sugiere una supuesta relación sentimental entre aquel y la esposa de Vargas Aignasse, Marta Cárdenas, tras el hecho. Chávez y Cárdenas luego se casaron.
“Lo mataron a mi papá, no pueden seguir haciendo esto”, bramó entre lágrimas, incontenible y en una crisis de nervios, Mariana Vargas Aignasse, hija del desaparecido ex senador peronista. Cárdenas también estaba casi fuera de sí, enfurecida con la defensa de Antonio Bussi. Muchos de los presentes se alborotaron, al entender que la cuestión invadía un aspecto de la privacidad de las personas afectadas por la situación.
En ese momento, la reacción surgió desde el sector ocupado por allegados a los Bussi. El militar retirado y abogado Juan Avila (asesor del legislador Luis José Bussi) acusó a Chávez: “no sos un soldado de la patria, no te comportás como tal; sos un traidor, una vergüenza para las Fuerzas Armadas”. Inmediatamente, el vocal que preside las audiencias, Gabriel Casas, ordenó que fuera retirado de la sala.
El clima se había caldeado sensiblemente antes por un cruce entre la defensora oficial de Bussi, Amalina Assaf, y el fiscal federal general ante el tribunal, Alfredo Terraf, a raíz del anónimo. El defensor adjunto del ex gobernador, Adolfo Bertini, había planteado el tema, mientras que Assaf sugerido que el texto sólo fuera leído por Chávez, y no para todos los presentes, para no afectar el honor de Cárdenas.
“No hay nada más bajo para una persona que tener que explicar un panfleto. Es espantoso. Ellos quieren que se lea, y se agravia la memoria del desaparecido y de su familia”, protestó Terraf. Este ya había chocado con la defensora por algunas preguntas sobre las charlas que mantenía la nueva pareja formada por Chávez y Cárdenas.
Casas aclaró que el tribunal no tenía facultades para omitir la lectura de un instrumento incorporado a la causa cuya exhibición se pedía para que un testigo (Chávez) lo reconociera y opinara sobre su contenido. También recordó que el público efectúa un control en este tipo de juicios. “No hay alternativa en el proceso penal oral”, aclaró.
Chávez se mostró visiblemente indignado. “Es una falsedad en todos sus aspectos. No tenía ninguna persona allegada a quien confiarle cuestiones. ¡Quieren imputarme algo! No puedo concebir que alguien invente estas cosas, no sé con qué objetivos”, se quejó.
Calma previa
Hasta ese momento, la audiencia se había desarrollado con normalidad. El coronel (r) precisó que había llegado a Tucumán en enero de 1976, luego de haberse graduado en la Escuela Mayor Superior de Guerra. Acotó que se desempeñó como auxiliar de la División Inteligencia del Comando de la V Brigada (lo encabezaba Bussi), dependencia distinta del Destacamento de Inteligencia del Ejército.
“Tenía funciones específicamente burocráticas en relación con el comando superior y con los subalternos. Mayormente, recababa información de lo que ocurría en la zona rural, con el ERP. Desconozco la capacidad operativa que tenían los grupos guerrilleros, porque no es una guerra clásica, con oponentes determinados en una zona; en la guerra antisubversiva, el campo de batalla es la población”, dijo.
Chávez dejó entrever lagunas en su memoria. Afirmó que no sabía quién había confeccionado las listas de las personas que había que detener el día del golpe de Estado. “Las debe haber hecho el Comando, deben provenir de algún sector de Inteligencia de acá”, planteó. Agregó que no recordaba haber llamado a Cárdenas en la mañana del 6 de abril de 1976 para informarle del secuestro de su esposo (“puede haberse producido por orden de un superior”, admitió), como había declarado su propia esposa; que no conocía los pormenores del crimen del comisario Juan Sirnio, y que no sabía de ningún volante sobre la desaparición de Vargas Aignasse.
Chávez destacó que él no conocía a la familia Vargas Aignasse antes del secuestro, y que carece de información para aventurar a qué grupo pertenecían quienes participaron del operativo. Sostuvo que nadie le ordenó investigar el hecho, del que se anotició por los comentarios que había en el Comando, acerca de que había sido capturado (sic) cuando era llevado a su domicilio.
“Luego me enteré de que el senador integraba la Federación de Agrupaciones Nacionales de Estudiantes de Tucumán (Fanet), que buscaba el trasvasamiento generacional y la adecuación de la doctrina justicialista con lo que ocurría en el país, lo que no lo vinculaba a agrupaciones de tipo guerrillero”, destacó.
Lo más popular
Ranking notas premium









