Una nueva mesa examinadora

La Argentina demostró que continúa dependiendo de otros países para llevar adelante su economía. Por Marcelo Batiz - Agenda DyN.

07 Octubre 2007
BUENOS AIRES.- Los tiempos en que los gobiernos argentinos se ufanaban de ser "parte del Imperio Británico" habrán quedado en el recuerdo, pero que se haya cambiado de potencia dominante no significa haber abandonado la condición de dependiente.
En ese sentido, ya se ha convertido en un clásico que los candidatos con mayores posibilidades de vencer en las elecciones presidenciales realicen un peregrinaje previo por los EEUU y por algunos países europeos, a los efectos de mostrar una imagen confiable ante los gobiernos y los inversores.
Pero en el mundo los cambios no se detienen y tampoco se mantienen inmutables las relaciones entre los países. Hasta hace dos o tres décadas, a ningún presidenciables se le hubiera ocurrido incluir al Brasil en su itinerario de presentación, más allá de que el país vecino ya comenzaba a dejar en evidencia que la balanza se inclinaba a su favor.
"Cuando llegué a Buenos Aires, en la década del 70, teníamos nada más que cuatro empresas en la Argentina", recordaba un veterano de la diplomacia brasileña, hoy en otros destinos. Tres décadas después, la senadora Cristina Fernández de Kirchner debió exponer ante dieciséis empresarios brasileños con intereses en la Argentina, apenas una muestra -de primerísima línea, pero muestra al fin- del alcance del poderío económico del gigante del Mercosur en nuestro país.
En un lapso relativamente corto, menos de una década, diferentes sectores de la economía argentina pasaron a ser controlados por empresas brasileñas o con alguna participación de capitales de ese país. Siderurgia, cemento, hidrocarburos, bebidas, frigoríficos, transporte, energía, construcciones, sirven como exponentes más que convincentes. El asesor en Relaciones Exteriores del presidente Lula da Silva, Marco Aurelio García, escogió con inteligencia a los empresarios que se reunieron con Cristina Fernández. Todos contaban con el peso suficiente como para convertirse en una virtual mesa examinadora para decidir el futuro de sus inversiones.
Por más que los esfuerzos mediáticos del Gobierno intenten exhibir el examen de la candidata oficialista como un encuentro sin presiones, la realidad que expuso la prensa brasileña fue bien distinta.
Al respecto, a pesar de las desmentidas oficiales, el diario paulista "O Estado" sostuvo que Fernández "tuvo que responder las preguntas sobre la real inflación argentina y sobre la recomposición de las tarifas públicas, congeladas por el gobierno y una de las preocupaciones de los inversores".
Que en el exterior se refieran a la "real inflación argentina", revela que la situación del Indec es mucho más que una rencilla doméstica. Y que la candidata intente tranquilizar a su auditorio argumentando que la inflación no es del 17 sino de menos del 10 por ciento, es una muestra de los escasos argumentos de los que se dispone: la inflación en Brasil en los primeros ocho meses de 2007 fue del 2,8 por ciento. Y hasta donde se sabe, los datos no son cuestionados por los técnicos y trabajadores del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.
Pero además de la preocupación general por saber la verdadera inflación del país cuyo exponente oficialista viene a reclamarle inversiones, los empresarios realizaron algunos planteos específicos. El representante de una conocida fábrica de carrocerías de ómnibus quiso saber qué iba a pasar con las tarifas del autotransporte, que en Buenos Aires cuesta cuatro veces menos que en las principales ciudades brasileñas.
Petrobrás, el principal inversor brasileño en la Argentina, presentó su queja por otros congelamientos. La misma fuente informativa destacó que "en el segundo trimestre de este año tuvo una caída del 66 por ciento en la facturación en relación al mismo período del año pasado". Más allá de la validez de los reclamos, el tenor de las preguntas evidencia una postura que alguien que aspira gobernar a la Argentina por cuatro años no puede obviar. En Brasil también son conscientes de que hace tres décadas su petrolera no podía ni compararse con YPF y hoy tiene presencia en más de veinte países.
Como en su última visita a Alemania, Cristina Fernández insistió en presentar al tipo de cambio como garantía de competitividad. Lo hizo ante empresarios de un país con una moneda, el real, que cotiza un 75 por ciento por encima del peso. Una sobrevaluación que, por lo visto, no impide que la balanza comercial bilateral los venga favoreciendo por 52 meses consecutivos.
Tampoco constituyó un obstáculo para que la candidata regresara a la Argentina informándose que, según una reciente encuesta, Brasil se ubica entre los cinco países preferidos por las multinacionales, junto a China, Estados Unidos, Rusia e India. Como para saber la ubicación real de sus interlocutores. (DyN)

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