Los reality shows dieron muy pocas figuras a la farándula argentina. Silvina Luna, Ximena Capristo, Martín Trezeguet (productor de esta edición), y algunos más pudieron permanecer en la superficie. Del resto casi nadie se acuerda.
Según un informe que publicó "Clarín", casi todos los que fueron expulsados hasta ahora se presentaron al casting con la intención de obtener exposición pública en el juego para poder acelerar su camino a la fama.
Algunos estudiaron actuación, otros hicieron publicidad o desfilaron, y algunos no tienen ninguna experiencia de ese tipo, pero está en sus planes aprender. Mientras tanto, el solo hecho de haber estado en la pantalla les está reportando muy buenos dividendos.
Claudia Ciardone y la mendocina Griselda Sánchez, por ejemplo, ya eran modelos y, tras ser expulsadas de la casa, posaron desnudas para sendas tapas de la revista "Playboy". Recibieron bastante dinero, aunque las cifras nunca se difundieron. Otros, como Damián Fortunato (el primer varón expulsado), se conforman con cobrar alrededor de $ 600 por ir a un boliche "a poner la cara".
En este rubro está más de la mitad de los 14 primeros participantes echados de la casa. "No vale la pena sufrir adentro cuando se la pasa tan bien afuera", dijo Jonathan Diéguez, que hasta su ingreso era chofer de una funeraria.
Qué hará Marianela Mirra al salir de la casa es todavía una incógnita, incluso para su familia.
"Creen que para ser felices deben ser populares"
"El verdadero sueño de los chicos que están encerrados en la casa de ?Gran Hermano?, y también de los soñadores de Tinelli, es ser populares. Y un antivalor tremendo que estos programas producen es mostrar que la popularidad es un atajo hacia la felicidad", le dijo a LA GACETA Gustavo Martínez Pandiani, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad de El Salvador.
Desde su punto de vista, "un chico de 25 años cree que para ser feliz tiene que ser popular. Entonces, entra en la casa, la gente lo saluda en la calle y eso le demuestra una aparente felicidad. Después, todo resulta ser falso porque los pobres que buscaban desesperadamente esa felicidad quedan tirados en el camino".
Sin embargo, le encontró el lado positivo a las cosas, y sostuvo: "si algo tiene de bueno ?Gran Hermano?, es que permite discutir sobre estos temas".
"En el reality show más exitoso del año pasado, ?Cantando por un sueño?, ganó Ileana Calabró, es decir, la que peor cantaba. Entonces, lo que a mí particularmente me molesta de ese tipo de shows es justamente ese mensaje: que a un concurso de canto lo gane el que peor canta. Ahora resulta que no vale cantar, vale el show. Si seguimos esa lógica, bien podría esperarse que las próximas elecciones sean ganadas no por el mejor candidato o el que exhiba el mejor plan de gobierno, sino el más histriónico. Hay una lectura sutil y subliminal, en la cual los antivalores ocupan el lugar de los valores", afirmó.
"Los reality shows van a estar yendo y viniendo constantemente. Esa es la lógica del prime time", dijo finalmente Martínez Pandiani.










