Resumen para apurados
- Científicos de la Universidad de Arizona revelaron recientemente que los dueños distorsionan las emociones de sus perros por juzgarlas según prejuicios y contextos humanos.
- Mediante un experimento con videos idénticos, probaron que la gente atribuye alegría o miedo según el objeto presente en la escena y no por las señales corporales del animal.
- Los etólogos instan a abandonar la antropomorfización y aprender a leer conjuntos de microseñales corporales para evitar malentendidos y mejorar la convivencia con las mascotas.
No falta el dueño de una mascota que afirme que sabe lo que siente su animal por cómo se mueve. Lo cierto es que, suele basarse en suposiciones más que en lecturas corporales objetivas. Las emociones humanas proyectan un estándar con el que comparamos al perro, distorsionando la realidad. Para no cometer algún error que ponga en alguna situación complicada tanto al amo como a la mascota, el laboratorio de Ciencia Canina de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) sugirió un repertorio de actitudes que muchos humanos piensan que son indicios de algo, lo son pero no es un estándar. Como todo ser animado, un animal es dinámico y ninguno es igual.
La clave que destacan los científicos es que ninguna señal debe leerse de forma aislada, sino en conjunto ("en racimos" o clusters) analizando todo el cuerpo del perro.
Lo que enfatizan laboratorios como el de ASU es que, si bien estas microseñales son universales en la especie, cada individuo tiene su propio dialecto. Los etólogos agrupan el lenguaje canino en categorías objetivas para evitar que asumamos intenciones humanas:
- Lamerse el hocico / tragar saliva: Realizado de forma rápida cuando no hay comida presente.
- Bostezar fuera de contexto: Un bostezo en medio de una interacción social no es cansancio, sino una forma de bajar la tensión.
- Ojo de ballena: Giro de la cabeza o la mirada donde queda visible la parte blanca (esclerótica) del ojo. Indica incomodidad o amenaza percibida.
- Sacudida de cuerpo: Sacudirse como si estuviera mojado, pero justo después de una situación de presión (por ejemplo, tras un abrazo o un encuentro tenso con otro perro).
- Lenguaje de la cola y las orejas: Mover la cola no siempre significa alegría. Una cola rígida que se mueve rápidamente en posición alta indica alta activación o alerta, no necesariamente amabilidad.
- La dirección del movimiento también cuenta: estudios de asimetría cerebral muestran que movimientos hacia la derecha suelen indicar emociones positivas, mientras que hacia la izquierda reflejan incomodidad o cautela.
- Cuerpo bajo o peso hacia atrás: Intento de hacerse más pequeño para evitar un conflicto.
- Cuerpo rígido y peso hacia adelante: Estado de alerta máxima o intención de confrontación.
El experimento
Los científicos de la universidad estadounidense mostraron el mismo video de un perro expresando la misma conducta física exacta a dos grupos de personas. A un grupo le dijeron que el perro estaba reaccionando a un paquete de golosinas o su correa, mientras que al otro grupo le mostraron una aspiradora en la escena. Cuando aparecía la correa o golosina, la gente calificaba al perro como "feliz y emocionado". Cuando aparecía la aspiradora, aseguraban que el perro estaba "estresado o asustado", a pesar de que el lenguaje corporal del perro era idéntico en ambos casos. La conclusión fue que a menudo asumimos el estado de ánimo de un perro basándonos en el contexto visual externo y no en sus señales corporales reales.
Los científicos de ASU no niegan que los perros tengan emociones complejas (como alegría, miedo, afecto o frustración). Sin embargo, la lección principal de sus experimentos es que los humanos somos bastante malos interpretándolas de forma objetiva. Se puede descifrar el estado emocional de la mascota, pero requiere entrenamiento y observación objetiva. Afirmar que "nadie puede" invalida todo el trabajo de los etólogos y el uso de catálogos de conducta (etogramas).
No es un "don mágico", tampoco es azar puro, pero por la convivencia diaria se puede generar aprendizaje asociativo en el humano. Un tutor atento aprende por prueba, error y repetición la línea de base de su perro. La recomendación de los investigadores es que para entender mejor a la mascota, la clave es abandonar las suposiciones generales y la antropomorfización (atribuirle lógica humana). En su lugar, se debe aprender el "repertorio único" de señales de ese perro en particular y antes de sacar conclusiones apresuradas basadas solo en la situación.







