“El Lago de los Cisnes” es uno de los máximos títulos de la danza clásica universal, con su historia fantástica de jóvenes encantadas y convertidas en aves y un príncipe que es engañado en su amor, lo que deviene en tragedia. Su puesta en el teatro San Martín (avenida Sarmiento 601) a cargo de los cuerpos oficiales de la Provincia y dentro del Septiembre Musical, cierra casi tres décadas de ausencia del repertorio del Ballet Estable.
Esta noche, a las 20, será la última función, con los bailarines dirigidos por Ángel Gómez, y con la intervención de la Orquesta Estable de Tucumán bajo la batuta de Diego Guzmán Villalobos. Miguel Ángel Klug -del Teatro Argentino de La Plata- tendrá el rol protagónico masculino.
El elenco abordará los actos dos y tres, y Gómez lo justifica para LA GACETA: “en ellos está concentrada una parte esencial de la historia y también algunas de sus escenas más representativas. Aparece todo el universo de Odette y los cisnes, y luego se produce el gran contraste con Odile y el engaño a Sigfrido. Son actos muy distintos entre sí y juntos permiten mostrar gran parte de su riqueza coreográfica, musical y dramática”.
- ¿Qué implica montar esta obra?
- Implica enfrentarse a uno de los grandes títulos del repertorio clásico. Es muy exigente para los bailarines, pero también para todo el equipo que la hace posible. Hay una enorme cantidad de detalles que deben funcionar al mismo tiempo: la danza, la música, el vestuario, la escenografía, las luces, la caracterización. Es un desafío grande, pero justamente por eso también es una experiencia muy enriquecedora para una compañía.
- ¿Cuál es la relevancia de esta obra?
- Es uno de los grandes símbolos del ballet clásico. Incluso mucha gente que nunca vio un ballet completo, reconoce su música, la imagen de los cisnes o algunos de sus movimientos. Pero además de esa enorme popularidad, tiene belleza, técnica, dramatismo y una música de Piotr Ilich Tchaikovsky extraordinaria. Por eso es una propuesta que sigue vigente después de tantas generaciones.
- ¿Qué coreografía eligieron hacer y por qué?
- Trabajamos sobre la tradición de Marius Petipa y Lev Ivanov, que es la base histórica con la que se identifica mundialmente a “El Lago de los Cisnes”. Nos parecía importante conservar ese lenguaje y esa esencia, pero al mismo tiempo llevarlos a nuestro Ballet y a nuestros intérpretes. Respetar una tradición no significa reproducirla mecánicamente: también hay que lograr que cada nueva compañía pueda apropiarse de ella y darle vida.
- ¿Cómo fue el trabajo con el Ballet y con el bailarín invitado, quien ya estuvo otras veces en los escenarios tucumanos?
- Fue un proceso de muchísimo trabajo. El Ballet asumió esta producción con un gran compromiso porque todos sabíamos lo que significaba volver a poner esta obra en escena. Y en el caso de Klug, hay además una relación artística que ya tiene antecedentes en Tucumán. Él conoce nuestra compañía, nuestro escenario y nuestra manera de trabajar. Su experiencia como bailarín del Teatro Argentino de La Plata aporta muchísimo y genera un intercambio muy enriquecedor con nuestros artistas.
- ¿Qué rol juega el Ballet Folclórico de Banda del Río Salí en la puesta?
- Tiene una participación muy valiosa en las danzas de carácter del tercer acto. Es un momento donde aparecen otros ritmos, otras energías y otro lenguaje corporal, y nos pareció muy interesante convocarlos para ese trabajo. Hay algo muy lindo en reunir sobre un mismo escenario artistas tucumanos provenientes de distintas tradiciones de la danza. Esa integración también le da una personalidad especial a esta producción.
- ¿Por qué pasaron 30 años hasta que el Estable volviese a ponerla y qué significa este regreso?
- No es una obra que pueda montarse en cualquier circunstancia. Requiere bailarines, preparación, tiempo de ensayo y una estructura de producción importante. Que haya pasado tanto tiempo hace que este regreso tenga un significado muy especial. Hay bailarines que nunca habían tenido la posibilidad de interpretarla con el Ballet Estable y también mucho público que podrá verla por primera vez realizada por nuestros propios cuerpos artísticos. Es recuperar una obra fundamental del repertorio y volver a ponerla en circulación.
- Si bien es algo habitual trabajar con dos elencos en simultáneo para distintas funciones, ¿qué desafíos especiales tiene?
- Lo más interesante y también lo más desafiante es conseguir una verdadera unidad artística cuando participan intérpretes con recorridos, experiencias o lenguajes diferentes. Cada grupo tiene su identidad y su manera de trabajar particular, y el desafío está en integrarlos dentro de una misma obra sin que pierdan aquello que pueden aportar. Eso requiere coordinación, diálogo y muchos ensayos. Pero cuando se logra, esa diversidad termina enriqueciendo muchísimo el resultado sobre el escenario.
- ¿Cuál es la importancia de que la Provincia mantenga cuerpos estables de Ballet, tanto clásico como contemporáneo, y sus escuelas formativas?
- Es fundamental. Una compañía estable permite que exista continuidad y que los artistas puedan desarrollarse profesionalmente dentro de su provincia. Y las escuelas son indispensables porque allí comienza todo: forman a los bailarines que después pueden integrar nuestros cuerpos artísticos y mantienen viva esa transmisión entre generaciones. Sostener el ballet clásico, la danza contemporánea y sus espacios de formación significa entender a la danza como parte del patrimonio cultural de Tucumán y no solamente como un espectáculo ocasional.







